Ahora que el proceso de vacunación contra el COVID-19 ha iniciado oficialmente en algunas partes del mundo, entre nosotros pueden comenzar a surgir diferentes dudas sobre este. Entre ellas, una que es bastante común pero no solemos abordar es la curiosidad por qué el brazo es justamente el lugar en el que se deben inyectar las vacunas.

Después de todo, dando una mirada inicial, se podría pensar que una vacuna podría administrarse en cualquier parte e igualmente debería ayudar al organismo a inmunizarse. Sin embargo, así como existen tipos de vacunas más efectivos inmunizando al cuerpo que otras, también el lugar de la inyección puede hacer la diferencia en el resultado final.

¿Qué formas existen para administrar medicamentos inmunizantes?

La verdad es que existen diversos tipos de formas de suministrar medicamentos inmunizantes al organismo. En primer lugar, como la forma menos invasiva, nos topamos con los mecanismos orales que solo requieren de una pastilla que luego nuestro estómago procesará.

Seguidamente están los subcutáneos, con ellos se maneja una inyección leve que apenas pasa la capa principal de la piel, para quedar justo bajo esta. Yendo un poco más profundo, literalmente, nos encontramos con las vacunas intramusculares, que superan las capas superiores de la dermis, incluidos los depósitos de grasa, para llevar el compuesto inmunizante al músculo.

Finalmente, tenemos los intravenosos, en los que los compuestos se llevan directamente al tracto sanguíneo, el punto que también será el destino final de todos los métodos antes mencionados.

¿Por qué se prefieren ahora las vacunas intramusculares?

Vistos tal cual, podríamos llegar rápidamente a la conclusión de que las vacunas intravenosas son las más afectivas. Sin embargo, algunas vacunas son demasiado potentes para colocarse directamente y pueden causar irritación en las venas. Asimismo, en otras ocasiones, el vaso sanguíneo correcto no es fácil de alcanzar, lo que complica la colocación de la inyección.

Por su parte, la administración oral siempre será menos efectiva, ya que los jugos gástricos alterarán la composición de los medicamentos ingeridos. En una línea similar, las vacunas subcutáneas quedan aún muy cercanas a la “superficie”. Por ende, pueden demorar demasiado en llegar a las vías sanguíneas.

Ahora, las vacunas intramusculares ofrecen un punto medio entre los extremos. Por un lado, por un lado el mayor suministro de sangre al músculo permite que los compuestos lleguen más rápido a las vías sanguíneas. Por el otro, como no van directamente a las venas, la irritación de estas es menor y pocas veces hay reacciones adversas o de rechazo a las vacunas intramusculares.

¿Cuál es el mejor lugar para colocar vacunas?

Entendiendo ya por qué las vacunas intramusculares suelen ser la mejor alternativa en procesos de inmunización, es importante comprender que esto no implica que podemos simplemente inyectarnos en cualquier músculo.

De hecho, existen áreas específicas que se han señalado como las áreas más afectivas para poder administrar las inyecciones. Actualmente, para esto, podemos contar con cuatro áreas específicas: los glúteos, la cadera, los muslos y los brazos

Durante un tiempo, los glúteos fueron un área predilecta para la postura de la vacuna debido a la facilidad para ubicar primero el músculo dorsoglúteo y ahora el ventroglúteo. Sin embargo, la cantidad de grasa que suele acumularse en esta área puede retardar demasiado la llegada del compuesto inmunizante a la sangre.

Como una alternativa de también fácil acceso, se ha planteado que los niños mayores de 7 meses y los adultos mayores reciban vacunas en la cadera. Esto ya que es un punto fácilmente ubicable que no está cerca de ningún vaso sanguíneo o nervio principal. Por lo que la colocación de la inyección se hace más segura.

Por su parte, al muslo viene a ser la opción más indicada si la inyección es autoadministrada. Esto ya que la persona tendrá más control sobre la aguja a la hora de colocarla en el área designada. Ahora, aunque cada alternativa tiene sus ventajas, el punto más común para inyectar las vacunas sigue siendo nuestro brazo, ¿por qué?

Por este motivo los médicos suelen inyectar las vacunas en nuestro brazo

En primer lugar, de todas las alternativas anteriores a la hora de inyectar las vacunas, el brazo se convierte en la mejor opción. Esto ya que es el punto intramuscular menos invasivo para el paciente y más accesible para quien aplica la vacuna.

Asimismo, aunque el volumen muscular no suele admitir dosis muy grandes, sí permite una absorción mayor de la vacuna en menor tiempo. Es por esto que el área inmediatamente inferior al músculo deltoide suele ser el punto ideal para vacunas como aquellas contra la Hepatitis B, las de la influenza –que viven en constante renovación– o las del dengue o el sarampión.

Referencia:

The importance of injecting vaccines into muscle – Different patients need different needle sizes: doi: 10.1136/bmj.321.7271.1237

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