Los estudios sobre el cáncer han evolucionado y se han perfeccionado con el paso de los años. Sin embargo, áreas como la relación entre las células cancerígenas inactivas y otras posibles fuentes de activación, como el estrés, no se han estudiado aún en profundidad.

Por este motivo, el estudio recientemente publicado en Science Translational Medicine ha llegado para cambiar lo que se sabía hasta ahora. En investigaciones anteriores ya se habían relacionado elementos como el estrés celular con la incidencia de condiciones como el cáncer de colon.

Sin embargo, este estudio comandado por la bióloga molecular Michela Perego, del Instituto Wistar en Filadelfia, nos lleva a ver la relación directa entre las hormonas del estrés y la reincidencia del cáncer. Para este caso, específicamente su investigación se enfocó en una sola hormona, la norepinefrina. No obstante, con este ha abierto las puertas para muchas más nuevas inquisiciones en esta área.

Sobre la relación entre las hormonas del estrés y las células cancerígenas inactivas

La norepinefrina por sí misma no es un elemento dañino para nuestro organismo. Sin embargo, cuando nuestros niveles de estrés son muy altos, comenzamos a producirla en cantidades que sí la vuelven peligrosa. Pero eso no se debe a lo que ella causa por sí sola, sino a los eventos que desencadena.

Con el aumento de presencia de la norepinefrina en el organismo, se activan de forma excesiva los neutrófilos. Estos, en general, ayudan a nuestro organismo a luchar contra patógenos externos –ya que forman parte de los mecanismos de nuestro sistema inmunológico–.

Pero, cuando los neutrófilos, aumentados en cantidad por el estrés, entran en contacto con células cancerígenas, estos pueden “volverse malos” y comenzar a atacar a otras células protectoras mientras el cáncer continúa creciendo. Por lo menos esto es lo que ocurre cuando las células cancerosas están activas. Sin embargo, ¿cómo pueden hacer esto si se supone que están inactivas, es decir, dormidas?

El detalle está en lo que segregan los neutrófilos, impulsados por la norepinefrina, esto liberan un tipo particular de lípido que parece ser capaz de reactivar a las células cancerígenas durmientes. En consecuencia, estas pueden volver a atacar el organismo debido a este particular proceso de retroalimentación que se desenvuelve entre ellas y los neutrófilos.

Los altos niveles de estrés aumentaron la reincidencia del cáncer

En la investigación que llevaron a cabo Perego y sus colegas se realizaron dos análisis. El primero se trató de un experimento realizado en ratones con células de cáncer pulmonar inactivas. Al someterlos a situaciones estresantes, estas parecían “volver a la vida”. Sin embargo, al tratarlas con un betabloqueante experimental, usado para la hipertensión, el status quo del organismo parecía mantenerse.

Igualmente, el segundo análisis involucró un estudio posterior de casos de cáncer en remisión que luego volvieron a estar activos. De 80 pacientes analizados, 17 volvieron a presentar la enfermedad a los 3 años –lo que se considera un periodo de reincidencia corto–.

Investigando más a fondo, los científicos lograron determinar que estos 17 individuos tenían niveles más altos de norepinefrina, una hormona del estrés, que aquellos cuyas células cancerígenas latentes se mantuvieron inactivas. Con estos dos elementos, los investigadores pudieron delimitar con más facilidad cómo el estrés y la liberación de determinadas hormonas pueden afectar la reincidencia del cáncer.

Nuevos conocimientos, nuevos tratamientos

Hasta ahora, se han realizado algunos estudios que nos permiten comprender un poco más cómo las células cancerígenas inactivas vuelven a la vida. Sin embargo, en la realidad lo que sabemos sobre todo este proceso sigue siendo muy poco, tal como lo resalta Perego:

“(…) sabemos muy poco sobre cómo regresa el cáncer, por qué regresa y cómo podemos controlar el cáncer por más tiempo antes de que regrese. Tampoco podemos predecir cuándo volverá”.

Debido a esta incertidumbre, investigaciones como la reciente pueden convertirse en faros de luz en un terreno aún muy oscuro. Por ejemplo, gracias a esta nueva información los médicos podrían comenzar a medir los niveles de esta hormona del estrés en pacientes en remisión. De esta forma, podrían saber qué tan propensos serían estos a tener cáncer reincidente.

Asimismo, a la larga se podrían desarrollar exámenes especializados que se enfoquen específicamente en esta área (medir las hormonas del estrés y la liberación de lípidos). Con esto, si llegan a estar muy altos, se puede evaluar de nuevo al paciente para asegurarse de tener un diagnostico temprano en caso de una regresión del cáncer.

Igualmente, Perego resalta que su estudio responde algunas preguntas, pero que abre la puerta para muchas otras más. Por ejemplo, aún sería necesario estudiar el efecto del resto de las hormonas del estrés sobre las células cancerígenas inactivas. Sumado a esto, se podría evaluar el estado del resto del organismo y cómo este podría influir en las interacciones entre ambos elementos.

Referencia:

Reactivation of dormant tumor cells by modified lipids derived from stress-activated neutrophils: DOI: 10.1126/scitranslmed.abb5817

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