Varios papeles higiénicos desarrollándose sobre un fondo totalmente rosado.
Vía Pikist.

Las ganas de ir al baño son una sensación común en nuestro organismo, pero todos en ocasiones nos hemos visto en la necesidad de ignorarlas y aguantar el impulso. Ya sea por una reunión de negocios muy importante, por una charla que no te puedes perder, por un lugar en una fila o por un viaje muy largo… la verdad es que siempre existe algún motivo para intentar contenerlas.

Por lo general, además de la incomodidad inicial que claramente esto nos genera, llegamos a considerar que no pasa gran cosa. Incluso, en ocasiones, sentimos cómo estas ganas se “desaparecen” casi mágicamente, debido a un fenómeno conocido como ‘the vanishing poop’.

Sin embargo, tal como lo tratamos en la nota anterior, el aguantar las ganas de ir al baño hasta que estas desaparezcan es más perjudicial que beneficioso a la larga. Sobre todo porque puede terminar causando problemas gastrointestinales y de evacuación que definitivamente mermarán nuestra calidad de vida.

¿Qué tanto podemos aguantar las ganas sin consecuencias negativas?

Para poder responder a esta pregunta, el equipo del medio The Dollar Shave Club consultó con variados expertos de la salud. En general, la respuesta fue sencilla: no mucho.

La verdad es que cuando las ganas de ir al baño realmente tocan a nuestra puerta, el tiempo de aguantar se acaba. Controlar el impulso por un par de minutos mientras se llega al necesario baño es una cosa; pero hacer de esto un hábito sostenido y por largos periodos de tiempo puede no ser nuestra mejor alternativa.

Después de todo, si nuestro cuerpo nos avisa que “hay que ir”, es por un motivo.

¿Por qué aguantar las ganas de ir al baño puede ser tan difícil?

Para poder explicar esto con más claridad, el gastroenterólogo, Anish Sheth, del Penn Medicine Princeton Health explica que nuestra necesidad de ir al baño y hacer del número dos nace de la contracción de los músculos del colon.

Al igual que con la vejiga, cuando estas paredes se contraen, se hace más urgente –pero también más fácil– vaciar todos los desechos de nuestro organismo. En consecuencia, básicamente, cuando nuestro cuerpo manifiesta las ganas, no está diciendo que es el momento perfecto para evacuar.

Si tratamos de ignorar este impulso, primero será muy incómodo y podrá terminar de dos maneras: que dominemos las ganas… o ellas a nosotros. Claramente este último escenario es el que todos queremos evitar a toda costa. Sin embargo, también deberíamos tener cuidado con el primero.

¿Qué consecuencias me esperan si aguanto por demasiado tiempo?

La verdad es que si decidimos aguantar las ganas de ir al baño por lapsos demasiado prolongados, nuestro intestino comenzará a sufrir las consecuencias. Una vez el impulso inicial se va, porque lo hemos ignorado lo suficiente, no implica que las heces hayan “desaparecido”.

En realidad, la falta de esta sensación solo habla de un paulatino “estiramiento” del intestino. Esto debido a que nuestro cuerpo busca entonces la forma de hacer espacio para “guardar” nuestras deposiciones ya que no podemos dejarlas salir en el momento.

Si esto no solo se hace durante largos periodos de tiempo, sino que también se mantiene como una costumbre sostenida, el estiramiento puede terminar siendo permanente. Como consecuencia, tal como lo señala el médico de atención primaria, Marc Leavey, esta acción repetida puede generar “estreñimiento crónico”. Esto debido a que el intestino ya no puede hacer la suficiente presión para empujar las heces fuera de nuestro organismo.

En conclusión, si queremos evitar a largo plazo el tener que encomendarnos antes de visitar el baño para ver si se nos hace el milagro, lo mejor que podemos hacer es escuchar a nuestros organismo y buscar el baño más cercano.

Como una recomendación, para esto, siempre será bueno estar preparados con una buena ración de papel higiénico y desinfectante de manos, en caso de que no estemos en nuestra casa o un sitio conocido. De este modo, no tendremos excusa para no responder cuando sintamos el llamado.