Nuestra historia está llena de figuras memorables que han servido como guías para la sociedad durante su evolución. Sin embargo, lastimosamente no todas estas son tan reconocidas como deberían. Para poner nuestro grano de arena y ayudar a cambiar esto, recordemos la historia de Christine Jorgensen, la mujer que se convirtió en una pionera de las cirugías de cambio de género.

Los inicios de Christine Jorgensen

El 30 de mayo de 1926 nacería en el Bronx, Nueva York, George William Jorgensen Jr., hijo de George W. Jorgensen y Florence Hansen. Desde muy pequeño, George se mostraría diferente al resto de los niños a su alrededor.

Para el momento en el que llegaría a su adolescencia, George ya estaría convencido de que había nacido en el género incorrecto, ella era una mujer atrapaba en el cuerpo de un hombre. Por muchos años se la consideró homosexual, ya que términos como la fluidez de género simplemente no se entendían o se conocían adecuadamente en aquellas épocas.

Afortunadamente, George creció en un hogar amoroso que siempre le dio espacio para ser quien era. No obstante, siempre había algo que no se sentía completo, George aún no podía ser plenamente feliz.

Sin embargo, no tendría que esperar tanto para serlo, luego de cumplir un breve servicio de poco más de un año en el ejército, George volvió a California. Pero su estadía allí no duraría mucho.

A través de sus propias investigaciones, llegaría a conocer el nombre del doctor Christian Hamburger, quien se encontraba experimentando con la posibilidad de cambiar el género en animales al utilizar terapia de hormonas. En 1950, con la excusa de visitar a su familia en Dinamarca, George viajó a este país y entabló contacto con el doctor. Sería este el inicio del camino para que George pudiera ser finalmente ella misma.

La transformación, Jorgensen se convertía en la mujer que siempre supo que era

Los tres estadios de su vida: cuando era hombre, luego de la cirugía, y años después de la terapia hormonal.
Vía Wired.

Christian Hamburger y George Jorgensen congeniaron de inmediato, y el doctor también se convirtió el primero en reconocer que George, en efecto, no era gay. Ella era una mujer heterosexual atrapada en el cuerpo de un hombre, por lo que Christian la diagnosticó como “transexual”, lo que ahora llamamos transgénero.

Durante un año entero George tomó hormonas femeninas y poco a poco vio cómo su cuerpo cambiaba. Igualmente, apoyada por Christian, comenzó a utilizar ropa de mujer y a sentirse cada vez más cómoda con su cuerpo.

Para 1951 hablaría con el doctor en psicología, Georg Sturup, y este se convencería de su determinación en su género como mujer. Por ende, daría el visto bueno para su primera cirugía de cambio de género.

A esta autorización le seguiría la del Ministro de Justicia danés, a quien el propio Sturup le solicitaría que cambiara la legislación para permitir la castración durante la cirugía. La primera cirugía, en 1951 fue un éxito; esto al igual que la segunda, que se dio en 1952.

Para 1953, George dejaría atrás su nombre de nacimiento y adoptaría el de Christine Jorgensen, en honor al Dr. Christian Hamburger a quien siempre respetó y valoró mucho. Después de todo, él le había dado finalmente la oportunidad de ser por completo ella misma, tanto por dentro como por fuera.

Christine Jorgensen hace su “debut” en Estados Unidos

Christine habría dejado los Estados Unidos a los 24 años como un soldado delgado, tímido y un poco afeminado. Para sus 26, casi rosando los 27, regresaría como una mujer curvilínea, segura de sí misma y mucho más feliz.

La historia y la fama de Christine Jorgensen iniciarían desde antes de que ella pusiera un pie en los Estados Unidos. El New York Daily News incluso publicó un artículo de primera plana en el que se podía leer el siguiente título: “Ex-GI se convierte en una belleza rubia: las operaciones transforman a la juventud del Bronx”.

Portada del New York Daily.
Crédito: BBC y New York Daily.

Esto fue el 1 de diciembre de 1952. Poco más de dos meses más tarde, cuando Christine llegara al aeropuerto de Estados Unidos el 12 de febrero de 1953, sería recibida como toda una celebridad. Entonces, paparazis, reporteros y camarógrafos esperaron para poder hablar con la mujer más notoria del momento.

Fama, fortuna y activismo social

Christine Jorgensen en rueda de prensa saludando a la multitud.
Vía Getty Images.

Rápidamente nuevas puertas se empezaron a abrir para la mujer del momento. En Hollywood para buscaron para hacer papeles en sus producciones y el mundo del teatro también estuvo detrás de ella durante por lo menos una década.

Por si fuera poco, Christine Jorgensen también se hizo famosa por su icónica canción “I Enjoy Being a Girl” que interpretaba en todos los clubes nocturnos en los que la contrataran. Por estas fechas fue galardonada como la Mujer del Año por la Sociedad Escandinava en Nueva York.

Christine Jorgensen sentada sobre la baranda de una escalera, sonriéndo para la cámara.

Durante este tiempo, su notoriedad la mantuvo activa y la estabilidad económica nunca fue un problema. Pero, para los años sesenta, el revuelo alrededor de Christine había mermado un poco. Motivo por el cual la actriz y ahora activista social tuvo que pensó en otros métodos para mantenerse como un referente.

Para 1967, saldría el libro autobiográfico ‘Christine Jorgensen: A Personal Autobiography’ que narraría toda su historia de vida. Pocos años más tarde, en 1970, también se revelaría la película inspirada en su obra ‘The Christine Jorgensen Story’.

Gracias a las regalías de estas dos creaciones Christine no tendría que preocuparse por dinero durante el resto de su vida. Debido a esto, pudo comenzar a dedicar su tiempo para hacer campañas de concienciación sobre la comunidad LGBTQ, visitando incluso universidades para hablar del tema y ser no solo una fuente de inspiración, sino una persona capaz de brindar consejo a quien lo necesitara.

No todo fue fácil para Christine

Dos fotografías: a la izquierda, George Jorgensen y, a la derecha, Christine Jorgensen.

Afortunadamente para Christine Jorgensen, tanto los medios como su familia la acogieron con los brazos abiertos, aceptándola tal cual era y –en el caso de los medios– queriéndola aún más por eso.

Sin embargo, su vida amorosa no tuvo tanta suerte. Pasó gran parte de su vida sola, hasta que consiguió al hombre con el que deseaba casarse, un mecanógrafo llamado Howard Knox.

Ambos estaban listos para dar el gran paso y decir “acepto”; pero la sociedad no estaba lista para aceptar esto. Cuando la pareja fue a registro a legalizar su matrimonio se encontraron con una gran traba: el certificado de nacimiento de Christine la etiquetaba como hombre y eso no podía cambiarse en aquellos tiempos.

Por los prejuicios de la época Knox perdió su trabajo cuando la noticia del compromiso se hizo público y, poco a poco, la relación se fue enfriando. Al final, la pareja se separaría y cada uno se iría por su lado.

¡Adiós, Christine! Tu historia vivirá por siempre

Christine Jorgensen colocándose labial frente a un espejo.

A pesar de no tener tanta suerte en el amor, la historia de Christine Jorgensen es la de una mujer alegre, fuerte y segura que logró vencer los estereotipos de género de la época para convertirse en lo que ella realmente deseaba ser.

Su vida terminó muy pronto, en 1989, a sus 62 años, al perder la batalla contra un cáncer de hígado y de pulmón. Ambos frutos de su fuerte hábito de fumar hasta dos cajas de cigarros al día.

A pesar de que su luz apagó pronto, su estela quedó para siempre en nuestra memoria. Hasta estos tiempos Christine es reconocida como una pionera y se ha convertido en otra de las mujeres trans como Marsha P. Johnson y Sylvia Riviera que han marcado hitos en nuestra historia común como sociedad.

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