El 2020 está por terminar y aún así no para de llenarnos con nuevas sorpresas. En esta oportunidad, al menos la noticia ha inclinado la balanza al lado positivo al traernos uno de los eventos más curiosos de este año. Oficialmente ha nacido el bebé más viejo del mundo, después de haber cumplido más de 27 años como un embrión.

La pequeña Molly Gibson finalmente abrió sus ojos para encontrarse con el mundo luego de una larga espera. Su madre adoptiva, Tina Gibson, había nacido tan solo 18 meses antes de que Molly fuera criopreservada como un embrión.

Un nacimiento digno del récord Guinness

Foto a cuerpo completo de la recién nacida Molly Gibson.
La pequeña Molly Gibson. / Cortesía: Haleigh Crabtree.

Efectivamente, con exactamente 27 años y medio como un embrión, Molly se ha convertido en el bebé criopreservado más viejo del mundo. Su madre adoptiva Tina, a sus 29 años, sería su contemporánea si el nacimiento de Molly se hubiera dado de forma natural. Ahora, toda una generación las separa.

El New York Post reseño esta historia e incluso logró entrar en contacto con la familia Gibson. Entre sus comentarios, Tina afirmó con respecto a la situación de la bebé que:

“Es difícil entenderlo. (…) Pero, en lo que a nosotros respecta, Molly es nuestro pequeño milagro”.

Visto objetivamente, Molly y Tina tienen casi el mismo tiempo en este mundo. Sin embargo, es más que claro que una apenas empieza a tener la oportunidad de vivir en él a partir de este accidentado 2020.

Una familia poco común

A la izquierda la recién nacida Molly Gibson. A la derecha Tina, Gibson sosteniendo a Molly, junto a ella está su hermana Emma y atrás Ben Gibson.
A la izquierda la recién nacida Molly Gibson. A la derecha Tina, Gibson sosteniendo a Molly, junto a ella está su hermana Emma y atrás Ben Gibson. / Cortesía: Haleigh Crabtree.

Antes de que Molly llegara y tomara el puesto del bebé más viejo del mundo, este título pertenecía a otra pequeña que esperó 24 años congelada como embrión antes de nacer en el 2017. El nombre de esta otra pequeña es Emma Wren Gibson, y sí, es la hermana mayor de Molly.

Efectivamente, Tina y Ben, los padres adoptivos de las pequeñas, realizaron todos los trámites para poder concebir a Emma y, años más tarde fueron por su hermana, Molly. Quien, cabe destacar, es realmente su hermana biológica.

Las dos niñas fueron congeladas en 1992, de parte de sus padres biológicos, que se han mantenido anónimos hasta la fecha. Luego de esto, debieron pasar dos décadas para que las pequeñas vieran la luz del sol.

Ahora, ambas hermanas biológicas forman la pareja de bebé más “viejos” que han nacido en el mundo. Asimismo, ambas son hijas adoptivas de los Gibson, quienes finalmente les darán la familia que las pequeñas tuvieron que esperar por tantos años.

Sobre la criopreservacion de embriones

Para poder llevar a cabo esta hazaña, los Gibson contaron con el apoyo del National Embryo Donation Center (NEDC), en Knoxville, que ha ayudado traer al mundo 1.013 bebés criopreservados. Esto según el contador oficial de su página web.

Por lo general, los embriones llegan a este centro cuando los padres biológicos, luego de optar por la inseminación artificial, deciden no concebir. En estos casos, en lugar de desechar al embrión este se puede criopreservar utilizando nitrógeno líquido a -396°.

De este modo, se puede mantener a la pequeña vida a salvo mientras llega una familia que pueda “adoptarla”. Sin embargo, el proceso no es particularmente sencillo y requiere de una renta anual que puede oscilar entre los 500 y los 1.000 dólares.

Se abren nuevas posibilidades

A pesar de los múltiples casos exitosos, los de Molly y Emma son especiales. No solo cada una llegó a ostentar el título del “bebé más viejo del mundo” sino que han ayudado a la ciencia a entender más a profundidad la resistencia de los embriones.

Hasta Emma, se supo que podían sobrevivir hasta 24 años en perfectas condiciones –siempre y cuando se los almacenara adecuadamente–. Ahora, con Molly este conteo ha subido hasta 27 años y medio.

Con esto, el conocimiento en esta bullente área aumenta, lo que podría permitir a la larga mejorar la eficacia de los procesos. Por ahora, del 75% de embriones que sobreviven a la criopreservación solo el 49% se convierte en un parto exitoso.

Por esto, la ciencia aún tiene mucho que trabajar en esta área. Aunque, al menos a estas alturas, ya han logrado alcanzar tasas de éxito similares a las de los embriones “jóvenes” o “frescos” que no han pasado por la criopreservación. Por lo que el futuro de este método se pinta como una posibilidad prometedora.

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