Sin dudarlo, los agujeros negros y su existencia son una idea que nos atrae tanto como nos intriga. Como muestra de ello, solo sería necesario ver la cantidad de producciones de ciencia ficción que abordan y exploran este tema.

Sin embargo, no es en las historias ficticias en donde se encuentran las mayores interrogantes sobre los hoyos negros. De hecho, es acá, en el mundo real, donde podríamos encontrarnos los mayores debates con respecto a estos fenómenos espaciales.

En esta oportunidad, lo que podría estar en tela de juicio es la mera existencia de los agujeros negros tal y como los conocemos. Ya en ocasiones anteriores la humanidad ha logrado definir lo que considera que es un agujero negro y de qué forma se crea. No obstante, una nueva propuesta teoría podría tirar todo esto por la borda.

La teoría detrás de los agujeros negros: ¿imposibles desde la cuna?

Básicamente, se define a un agujero negro como un fenómeno en el que un objeto de gran masa ejerce una presión gravitacional tan fuerte sobre sí mismo es este comienza a contraerse. Al final, la fuerza gravitacional es tal que se rompen las leyes que impiden a un átomo ocupar el mismo espacio del otro.

En consecuencia, las partículas que componen al objeto comienzan a superponerse hasta llegar a un punto “infinitamente pequeño”. En este, se encuentra guardada una cantidad de masa infinitamente más grande que el volumen del agujero negro. Mientras que, a su vez, el recién nacido hoyo comienza a ejercer una fuerza gravitacional tan fuerte en los objetos de su alrededor que ni siquiera la luz puede escapar a su alcance.

En general, se puede entender de qué forma está constituido entonces un hoyo negro. Sin embargo, cuando se habla de la teoría pensar en la existencia de un agujero negro –un elemento infinitamente pequeño, de gran masa y de lo que nada escapa– resulta un poco complicado.

Por lo que, a pesar de que el propio Albert Einstein propuso la teoría de su existencia, han pasado años hasta que ha sido posible comprobar realmente si son agujeros negros los están en el espacio.

Probando la existencia de los agujeros negros

Sin embargo, a pesar de las dudas teóricas, la práctica ya nos ha probado la existencia de agujeros negros en el espacio –o por lo menos de elementos que parecen serlo–. De hecho, los avistamientos y descubrimientos de hoyos negros se han mantenido desde el siglo XX.

Además de esto, este mismo 2020 el premio Nobel de física fue a un grupo de científicos cuyas observaciones sobre agujeros negros ayudaron a comprobar la teoría de la relatividad de Einstein.

Aun así, de forma paralela se ha desarrollado otra tendencia que coloca a los agujeros negros y a su existencia de nuevo sobre hielo delgado. Según las observaciones realizadas por Stephen Hawking en 1976, la “radiación” que ahora sabemos que emiten los agujeros negros no contiene información de los elementos que “consumen”.

En pocas palabras, los agujeros negros –que son como grandes globos que se desinflan al liberar radiación– no devuelven absolutamente nada de la masa que absorben. Pero, aún así, liberan estas emisiones que poco a poco los van haciendo “disolverse”. Ahora, ¿qué pasa entonces con la información de lo absorbido, con aquella que nunca salió? Por ahora no se ha encontrado respuesta a esto.

Por este motivo, no se considera que los agujeros negros, al menos como nos los planteamos, sean realmente posibles. Debido a lo cual se siguen buscando posibles explicaciones a los fenómenos que se han captado a lo largo de nuestra galaxia.

Los agujeros negros no existen, pero sí las… ¿bolas de estambre?

En una revisión de estudios realizada por Daniel R. Mayerson y publicada recientemente en rXiv, se recopilan diferentes investigaciones realizadas sobre la teoría de cuerdas y su relación con los agujeros negros. Según los científicos que se enfocan en esta teoría, el universo no está compuesto de partícula, sino de cuerdas mínimas que se entrelazan entre sí para formar todo lo que conocemos.

En este punto se han incluido hasta los agujeros negros. Sin embargo, la explicación de su naturaleza es distinta y, junto con ella, también su nombre.

Según la teoría de las cuerdas, los agujeros negros son puntos en el espacio en los que las cuerdas perdieron su “armonía” por lo que se doblan, anudan y enredan sobre sí mismas de forma caótica. En consecuencia, se obtiene lo más parecido a una bola de estambre mal enrollada o a una “bola de pelo” (fuzzballs) como las ha presentado Mayerson.

Con esto, las leyes que rigen la actividad de las cuerdas se descuadran y terminan por general las singularidades que vemos en los agujeros negros.

A pesar de que la idea puede tener sentido, esta aún no se ha probado en la práctica y tampoco se ha completado del todo en la teoría. Por lo que, al menos hasta los momentos, las dudas sobre la existencia de estas “bolas de pelo” pueden ser tantas o mayores que las que hay sobre los agujeros negros.

En cualquier caso, será necesario que la ciencia siga su paso para poder finalmente desenmarañar los secretos detrás de estos particulares fenómenos espaciales.

Referencia:

Fuzzballs and Observations: https://arxiv.org/abs/2010.09736v2

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