Ruinas antiguas al borde del mar con vibrantes tonos azules en el cielo y en el mar.
Vía Needpix.

Desde muy pequeños se nos enseña a distinguir los colores y a darle un nombre a cada uno. Por ende, nos es natural decir que el césped es verde, que una flor es roja o que el cielo tiene tonalidades azules. Sin embargo, esto último podría no haber sido tan fácil para las civilizaciones antiguas, ya que parece que estas no llegaron a distinguir el azul.

Claramente, en estos momentos esto parece una imposibilidad. Después de todo, ¿quién no puede ver el cielo? ¿No es acaso claramente azul? ¿Cómo pudieron nuestros ancestros simplemente ignorar este detalle?

Releyendo “La Ilíada”… ¿dónde está el azul?

Según una recopilación de pensadores realizada por BBC mundo, la preocupación por la ausencia del color azul en las civilizaciones antiguas comenzó con William Ewart Gladstone. Este intelectual británico vivió entre 1809 y 1898, tiempo durante el cual ocupó el cargo de primer ministro cuatro veces.

Según se sabe, Gladstone también era un entusiasta de la literatura griega y, como tal, leyendo los clásicos homéricos como La Ilíada y La Odisea notó una gran particularidad. En toda la lectura, no podía recordar que el color azul se mencionara ni una sola vez –un detalle muy particular considerando la cantidad de referencias al mar y a los cielos que hay dentro de ambas poesías épicas–.

Con la intención de aclarar su duda, Gladstone releyó una vez más las obras, pero se enfocó con detalle en las descripciones de colores. En total, notó más de 200 menciones del negro, 100 del blanco y poco menos de 15 del rojo, mientras las de amarillo y el verde no llegaron a 10. El azul no estuvo por ningún lado.

No solo los griegos mostraron esta particularidad

Poco después de que Gladstone sembrara esta incógnita, el filósofo y lingüista alemán Lazarus Geiger (1829-1870) decidió llevar la investigación a otras culturas. Fue así como también comenzó a investigar las si el azul se encontraba en los escritos de antiguas civilizaciones chinas, hebreas, islandesas, indias y musulmanas.

Narrando sus resultados relató que pudo encontrar en todos los escritos múltiples representaciones y descripciones del cielo. Que hablaban de los rojos y anaranjados del atardecer, de la oscuridad de la noche y demás facetas del firmamento; “(…) pero hay una cosa que nadie podría aprender de estas canciones antiguas… y es que el cielo es azul”, comentó Geiger en su momento.

Asimismo, también notó de nuevo que el negro y el blanco eran los claros protagonistas de las narraciones descriptivas. Por su parte, el rojo era el siguiente más nombrado, siguiéndolo de cerca el amarillo y el verde. Por su parte, el azul, que no apareció en todas las narraciones de las civilizaciones antiguas, no solo era el último mencionado, sino el más escasamente nombrado.

El azul del cielo no es tan “obvio” como creíamos

Viéndolo de forma objetiva, es cierto que, sin contar el cielo o el mar, el azul es un color que vemos muy medido en la naturaleza. Por ejemplo, algunas aves como los arrendajos e insectos como las mariposas ostentan estos tonos. Igualmente, algunas pocas plantas también presentan estos tonos al florecer. Pero, de resto, el azules es particularmente escaso.

Para poner una explicación más clara de esto, el lingüista israelí Guy Deutscher hizo una prueba en la que participó su propia hija, Alma. La niña estaba aprendiendo los colores, y se le enseñaron todos (incluso el azul, pero sin asociarlo con el cielo). Cuando Deutscher le preguntaba sobre el color de una mariposa azul, Alma lo decía sin problema, pero con el cielo se quedaba callada.

Después de varios intentos en el tiempo, la primera respuesta de Alma a esto fue “blanco”. Poco después, luego de mostrarle muchas fotografías con un cielo intensamente azul, fue que la niña pudo empezar a identificarlo.

Con esto, Deutscher se probó a sí mismo que, en la práctica, ver el cielo azul en realidad no es tan obvio como lo creemos. Un fenómeno que también se puede transmitir al mar. Sobre todo al notar que ninguno de estos realmente son azules de forma fija, sino que esta tonalidad es solo una de las muchas que se reflejan en sus superficies.

¿Por qué algunas civilizaciones antiguas no conocían el azul?

Es muy posible que si no existía una necesidad particular para prestar atención al cielo o al mar, el color “azul” no pasara por las mentes de las antiguas civilizaciones. Sin embargo, Deutscher lleva esto un poco más allá.

La ciencia ya nos ha revelado que, en realidad, no todos percibimos los colores del mismo modo. Asimismo, también conocemos los procesos cerebrales que nos llevan a identificar el color en primer lugar.

Sin embargo, la biología es solo una parte de la historia, ya que, según Deutscher, el contexto también puede jugar un papel valioso. Por ejemplo, los egipcios sí conocían y utilizaban el azul, mientras que otras civilizaciones antiguas contemporáneas ni siquiera lo mencionaban.

¿La diferencia? Lo avanzado de sus sociedades. Para Deutscher, una sociedad con tecnologías más complejas como la egipcia podría haber desarrollado las tecnologías como para crear y utilizar el pigmento azul –y de allí vendría la necesidad de nombrarlo–.

Por su parte, otras civilizaciones como la griega antigua, sin este pigmento por ningún lado, con poca exposición natural y muchos otros colores para definir el cielo y el mar, ¿para qué realmente necesitaban el concepto de “azul”? La respuesta es simple, para nada, y por esto nunca lo utilizaron, ni notaron.

En la actualidad pensar en un mundo en el que no se conozca el azul puede parecer poco creíble, pero ya nuestros antepasados nos han demostrado no solo que es posible, sino que un elemento tan común para nosotros ahora, simplemente no fue necesario para el desarrollo de ciudades enteras.