Fotografía con un formulario que indica
Vía Picpedia.

El virus de inmunodeficiencia humano ha traído consigo una enfermedad que ha causado estragos en la salud de las sociedades desde hace décadas. En la actualidad, ya mejor conocido como VIH, se ha convertido en un virus que sabemos tratar mayormente y cuya mortalidad no es tan alta.

Aun así no hemos llegado a desarrollar una cura definitiva contra la enfermedad, pero estamos cada vez más cerca. Como una muestra clara de ello están los dos sobrevivientes al VIH: Timothy Ray Brown y Adam Castillejo –quienes lograron superar el virus gracias a tratamientos experimentales–.

Lastimosamente, Brown falleció este año por complicaciones con un cáncer. Sin embargo, al momento de su muerte el VIH no estaba presente aún en su organismo, lo que al menos implica que al menos esta enfermedad realmente no volvió a aquejarlo ni en el último de sus días.

Con esto podemos ver cómo la medicina ha logrado avanzar grandes trechos desde las crisis de contagio que se dieron con esta enfermedad durante los ochenta. Ahora ya sabemos más sobre el VIH, lo que es, cómo se propaga en el organismo, y las mejores formas de tratar sus consecuencias. Pero, ¿cómo llegamos hasta acá? No fue un camino fácil ni corto.

¿El VIH y el SIDA son iguales?

No. El VIH podría verse como la etapa más temprana –y tratable– de la enfermedad. Por su parte, en SIDA (Síndrome de inmunodeficiencia adquirida) ya es una condición mucho más grave, difícil de controlar e imposible de curar.

Para poder identificar el SIDA es necesario medir la presencia de las células defensoras de nuestro organismo: las CD4 o células T. Mientras sus recuentos sean normales o medianamente bajos se habla de las primeras tres etapas del VIH (0,1 y 2). Por su parte, si se registran menos de 200 células T en el organismo, entonces se habla de una etapa 3 del VIH: el SIDA.

Específicamente hablando, al mencionar el VIH aún se trata primordialmente al virus que ha invadido el organismo de una persona. Ahora, si este no se trata, entonces el SIDA hace su aparición, como una enfermedad mucho más grave y con su propia sintomatología.

¿Cómo se puede tratar efectivamente el VIH en la actualidad?

Para la fecha, la cantidad de medicamentos y tratamientos experimentales que se desarrollan contra el VIH es casi imposible de nombrar. Sin embargo, sí existen algunas alternativas que ya han probado su utilidad y que actualmente brillan en el mundo de la medicina.

En primer lugar es necesario hacer mención de las terapias antirretrovirales (TAR). Gracias al “cóctel” de tres medicamentos que se les suelen dar a los pacientes con VIH, existen más posibilidades de tratar y controlar efectivamente el virus.

Hasta estos momentos, un detalle que le ha permitido al VIH sobrevivir es su alta mutabilidad y adaptabilidad. Por esto, cuando se trataba a los pacientes con un solo medicamento, la enfermedad rápidamente desarrollaba resistencia y el tratamiento dejaba de ser útil. Ahora, con los “cócteles” el virus no tiene tiempo de adaptarse pues lo atacan por varios flancos a la vez.

Por ahora, los tratamientos suelen ser diarios, por lo que las personas deben tener mucha disciplina si desean tener una vida larga y sana. Pero ya la ciencia está haciendo investigaciones que podrían alargar los efectos de cada dosis, de forma que la ingesta no tenga que ser diaria.

Igualmente, los organismos oficiales actualizan periódicamente sus lineamientos sobre el tratamiento del VIH, con la intención de mantenerlos al día con las más recientes innovaciones.

Asimismo, alternativas como inyecciones en lugar de píldoras y ediciones genéticas con herramientas como el CRISPR actúan como candidatos a mejores controles y posibles curas, respectivamente.

¿Hemos detenido las infecciones de VIH?

No. Pero sí hemos bajado su magnitud y mejorado su diagnóstico. Aun así, a la ciencia le queda mucho camino por recorrer –al igual que a la sociedad en general–. Para el 2018, estudios resaltaban que al menos 9 millones de personas estaban contagiadas con VIH y no lo sabían.

Igualmente, otro estudio del 2019 reflejó cómo en Europa el 50% de las mujeres recibe un diagnóstico tardío. Por lo que, podemos ver que aún quedan elementos que se deban mejorar.

Sin embargo, esto no implica que no se hayan hecho avances. Por ejemplo, ya se han determinado con claridad sus medios de contagio a través de fluidos corporales como la sangre, el semen, el flujo vaginal y la leche materna.

Sumado a esto, también se han identificado grupos de riesgo aún entre los hombres homosexuales que tienen relaciones sin protección. Pero ellos están lejos de ser las únicas víctimas, ya que se ha comprobado que el VIH es una enfermedad capaz de afectar a cualquiera, incluidas las parejas heterosexuales –que de hecho siguen muy de cerca al otro grupo en cuando a niveles de riesgo–. Otras personas en riesgo también son aquellas que consumen drogas inyectadas.

Por si lo anterior fuera poco, también existe mucha más consciencia sobre el virus del VIH, lo que no solo ayuda a tratar los casos de contagio, sino que también favorece que la gente se cuide más. Adicionalmente a esto, incluso se han desarrollado también implantes genéticos que podrían ayudar a prevenir el contagio del VIH.

¿El virus del VIH tiene algo que enseñarlos a la hora de tratar con el COVID-19?

Efectivamente, en un principio, incluso se llegó a pensar que los medicamentos para tratar el virus del VIH serían útiles contra el COVID-19. Ahora se sabe que esto no es cierto, así como que la convergencia de las condiciones no implica resultados peores para la persona.

Pero, a pesar de que los medicamentos como tal no sirven contra el SARS-CoV-2 la experiencia que hemos adquirido con el VIH sí podría sernos de utilidad. Por ejemplo, en problema de la falta de un proceso se detección y diagnóstico más efecto se repite con ambas enfermedades.

En la actualidad, se estima que al menos el 14% de Estados Unidos tiene VIH y no lo sabe. Por su parte, se ha llegado a hablar incluso de que la mayoría de los casos de COVID-19 en el mundo son asintomáticos. Como resultado, esto los hace casi indetectables y entonces el contagio continúa.

Como solución para ambos casos, se plantea la posibilidad de que las pruebas se ofrezcan de forma generalizada y que deban ser periódicas. De este modo, incluso si la persona no tiene ni un síntoma, tendrá la oportunidad de averiguar que está contagiada.

Igualmente, la segunda fase luego de la detección para ambas enfermedades es la prevención. Si la persona se sabe infectada, deberá hacer lo posible por evitar contagiar a otros. Por lo que, con un adecuado control de comportamiento social, cada individuo puede poner su grano de arena para disminuir la dispersión del virus.

Finalmente, ambas enfermedades requieren de una vacuna –que no se ha desarrollado por completo en la actualidad–. Con suerte, una vez ambas estén, las personas reciban sin problemas tanto aquellas contra el COVID-19 como las diseñadas para protegernos del VIH.