Nuestro sentido y reconocimiento del “yo” es una capacidad que nos diferencia como especie y una cualidad que nos separa como individuos. Sin embargo, este “yo” no es una característica inmutable, por el contrario, cambia constantemente. Entonces… ¿qué o quién es realmente el “yo”? La ciencia podría ayudarnos a entender más sobre esto y sobre cómo los humanos procesamos nuestra identidad a lo largo de la vida.

Exactamente con esta finalidad, los investigadores Miguel Rubianes, Francisco Muñoz, Pilar Casado, David Hernández-Gutiérrez, Laura Jiménez-Ortega, Sabela Fondevila, José Sánchez, Oscar Martínez-de-Quel y Manuel Martín-Loeches se pusieron manos a la obra. Durante el estudio, todos compartieron una meta común: descubrir si nuestro “yo” era el mismo o no a lo largo del tiempo.

La respuesta, al igual que muchas de estas cuestiones que implican un poco de filosofía, no fue única, ni absoluta. Sin embargo, sus descubrimientos sí nos ayudaron a comprender que nuestra percepción de la propia identidad, más allá de ser un rasgo psicológico, también se relaciona con nuestra biología.

Sobre la “autocontinuidad” de nuestra identidad

Para entender un poco más lo que se intentaba determinar en el estudio, de necesario recordar el concepto de “autocontinuidad”. A lo largo de nuestra vida, como humanos desarrollamos una identidad propia con la que nos diferenciamos del resto. No obstante, esta no se mantiene estática, sino que evoluciona con nosotros.

A medida que envejecemos, nuestro cuerpo cambia externa e internamente, mientras que nuestro cerebro, nuestras percepciones y emociones también mutan. Entonces, ¿qué queda realmente de “nosotros” cuando todo lo que hacemos durante la vida es cambiar?

Acá entramos ya en el terreno de la famosa paradoja del barco de Teseo, en la que nos preguntamos si el navío puede seguir considerándose “el de Teseo” una vez se han reemplazado sus partes viejas por otras nuevas. Las respuestas e interpretaciones acá, dejadas solo a la filosofía, son muchas.

Sin embargo, la ciencia ha encontrado la forma de investigar el “barco” de nuestra identidad para descubrir si este es el mismo o no durante el transcurso de nuestra vida.

La respuesta está en el cerebro

El estudio recientemente publicado en Psychophysiology siguió los postulados de variadas investigaciones anteriores que relacionaron diversos procesos cerebrales con los procesos de autoreconocimiento y de identificación de rostros conocidos.

Gracias a estas investigaciones se tiene claro que el cerebro juega un papel fundamental en la percepción de autocontinuidad durante nuestra vida, lo que por ende indica que nos ayuda como humanos a mantener nuestro sentido de “identidad”. Sin embargo, entre ellas también han existido contradicciones que señalan diferentes mecanismos y partes del cerebro involucradas en este proceso.

Por su parte, el nuevo estudio dirigido por Rubianes se enfocó más en descubrir si había realmente una continuidad en nuestra mente a lo largo del tiempo o si esta era solo una “percepción”.

Para esto, estudiaron el efecto de “autorreferencia” en un grupo de 20 voluntarios que se sometieron a escáneres cerebrales durante un par de experimentos. Gracias a esto, se pudo determinar si había o no algo en nuestra mente que nos permitiera identificar nuestro “yo” en el tiempo, a pesar de los cambios.

Entonces… ¿Los humanos sí conservamos nuestra “identidad durante nuestra vida?

Con esta finalidad, el grupo de voluntarios participó en dos experimentos, en ambos se les presentaron 27 imágenes de persona. Entre ellas estaban el propio rostro, las cara de personas cercanas (amigos, familia…) y las de desconocidos, en diferentes etapas de su vida.

El primer experimento les dio a todos un espacio de un segundo para determinar en cada una de las fotos si quien se les presentaba era un amigo, un desconocido o ellos mismos. Luego, para el segundo experimento, se pidió que se determinara si la persona en las imágenes era un infante, un adulto o un anciano.

Con esto, no solo se analizó la capacidad del cerebro de reconocernos a nosotros mismos en el momento, sino de hilar nuestra identidad en el tiempo como una sola. Al final, se vio que reacciones similares se activaron durante el reconocimiento del “yo”, al igual que en la asociación de amigos cercanos con su identidad durante diferentes etapas de su vida.

Ahora, los mecanismos detrás de estas reacciones siguen sin conocerse por completo. Pero al menos tenemos claro que sí existe un hilo conductor en nuestra mente. Uno que nos permite mantener un sentido de identidad propia como humanos e individuos a lo largo de nuestra vida. Uno que, además, no solo se ata a la psicología, sino a nuestra propia biología.

“Esto demuestra la importancia de la investigación básica y clínica por igual en el estudio del papel de la identidad personal, ya que este promete ser un concepto mucho más importante de lo que se pensaba anteriormente y puede jugar un papel fundamental en los procesos de evaluación e intervención psicológica”, concluyó Rubianes.

Referencias:

Am I the same person across my life span? An event-related brain potentials study of the temporal perspective in self-identity: https://doi.org/10.1111/psyp.13692

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