Demonio de Tasmania abriendo la mandíbula al máximo y dejando expuestas sus hileras de dientes superiores e inferiores.
Vía Pixabay.

En el transcurso de solo unas décadas, las particulares criaturas únicas de la isla de Tasmania dejaron de ser una curiosidad de la zona para convertirse en una especie en gran peligro de extinción. Desde los noventa específicamente, una especie de tumor infeccioso ha estado atacando a los demonios de Tasmania y diezmando su población. Ahora la ciencia intenta averiguar el por qué.

Gracias a la investigación publicada en la revista científica PLOS Biology, tenemos la oportunidad de tener una idea más clara de los motivos detrás de la resistencia de este tumor. Todo debido al esfuerzo realizado por los investigadores Young Mi Kwon, Kevin Gori y Elizabeth Murchison de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y de su equipo de colegas.

Para esto, desarrollaron un análisis genómico que termino por revelar cómo el tumor infeccioso ha estado en constante evolución desde hace años. Según parece, ha sido justamente esta continua mutación la que le ha permitido sobrevivir y seguir infectando a los particulares marsupiales australianos.

Sobre los demonios de Tasmania y el tumor infeccioso que los aqueja

Como sabemos, estas pequeñas criaturas –del tamaño aproximado de un perro pequeño– son carnívoros oriundos de Tasmania. El estado insular se ubica en la costa sur de Australia oriental y sirve como el único hábitat en el mundo en el que los demonios de Tasmania viven naturalmente.

Desde 1990, cuando se dio el primer caso registrado, un tumor infeccioso conocido como tumor facial del diablo 1, o DFT1, ha estado aquejando a la población de demonios de Tasmania. A través de la saliva dejada en las mordidas, la enfermedad se ha transmitido una y otra vez entre los miembros de las comunidades animales de la isla.

Como se ha mencionado en otras ocasiones, en los humanos los tumores no son contagiosos, pero en otras especies animales sí – y los demonios de Tasmania entran dentro de esta lista–. Sin embargo, parece que estos pequeños carnívoros están en incluso más riesgo que otros, debido a que su sistema inmunológico no ha sido capaz de plantarle la cara al DFT1 en décadas. Como consecuencia, la infección llega a ser mortal.

La progresión del tumor a lo largo de las décadas

Para poder desentrañar el por qué detrás de esta relación entre los demonios de Tasmania y el tumor infeccioso, los investigadores analizaron el genoma al menos 648 muestras de DFT1. Todas estas se recolectaron desde el 2003 hasta el 2018 y revelaron una progresión evolutiva clara en el tumor.

En las muestras iniciales, los investigadores pudieron identificar al menos cinco clados, que también se denominan sublinajes. Sin embargo, rápidamente dos de estos desaparecieron, extinguiéndose por completo –y dejando el camino libre para los otros tres–.

Luego de esto, el primer clado, identificado simplemente como ‘A’ se dividió una vez más. En consecuencia, se contabilizaron 4 sublinajes distintos del DFT1 rondando en la población de demonios de Tasmania: uno totalmente nuevo y tres antiguos.

En pocas palabras, el tumor infeccioso que aqueja a los demonios de Tasmania sigue siendo el mismo, pero el tiempo le ha permitido mejorar. Como consecuencia, ahora solo sobreviven en el ambiente sus variantes más resistentes y agresivas.

¿Qué se puede hacer?

El ser humano ha intentado interferir en otras oportunidades para ayudar a los demonios de Tasmania en su lucha contra este insistente tumor infeccioso. No obstante, no han tenido tanto éxito como se esperaría.

En general, los investigadores lograron identificar algunos saltos en la evolución de los cromosomas de los distintos clados que hacen referencia a los anteriores intentos humanos de exterminar a las criaturas que portaban la enfermedad. Pero es más que claro que esto al final no cambió el curso de extinción por el que va la especie.

Ahora, también se ha identificado la presencia de un segundo tipo de cáncer transmisible, al que se ha llamado DFT2. Con este, el número de ejemplares de demonios de Tasmania ha disminuido incluso más. Por lo que, justo en estos momentos, estos pequeños carnívoros de verdad se enfrentan a una situación muy peligrosa.

Afortunadamente, no todas las noticias son malas. Otros estudios ya han identificado cómo ciertas mutaciones genéticas podrían poner un alto al cáncer que tanto ha aquejado a los demonios de Tasmania. Por lo que, si se pone ese conocimiento en marcha, mezclado con estos nuevos datos genómicos, aún podría ser posible salvar a esta especie de su extinción.

Referencia:

Evolution and lineage dynamics of a transmissible cancer in Tasmanian devils: DOI:10.1371/journal.pbio.3000926