A estas alturas, todos entendemos que cuando envejecemos la capacidad de nuestro cuerpo de curar sus heridas se hace más lenta. Sin embargo, ¿alguna vez nos hemos preguntado exactamente por qué pasa esto?

Para responder a esta duda, el médico y profesor asociado de medicina en la Universidad de Pittsburgh, Matthew Steinhauser, explicó los procesos que están detrás del curso normal de curación y cómo estos cambian a medida que pasa el tiempo.

Con su escrito en el medio The Conversation, abordó este tema aprovechando su experiencia en las investigaciones sobre cómo el envejecimiento puede predisponer a los pacientes a ciertas enfermedades asociadas con la edad (como la diabetes). Acá nosotros te contaremos los postulados más resaltantes que desarrolló el médico.

Las etapas ideales de curación de las heridas

Para poder comenzar a comprender la forma en la que el envejecimiento afecta nuestra capacidad de curación, Steinhauser comenta que primero es importante conocer los pasos de sanación de heridas en individuos sanos y jóvenes. Básicamente, esta se destaca por tres etapas: inflamación, regeneración y reparación final.

La fase de inflamación está diseñada para combatir posibles inflamaciones con el apoyo de las células inmunes llamadas fagocitos. Luego de esto, la etapa regenerativa implica el desarrollo de nuevos tejidos que cubran la herida y renueven las estructuras que se vieron afectadas.

Finalmente, la reparación final es un proceso que puede durar incluso años, según la profundidad de la herida. En general, la fase dos es rápida, pero suele dejar como resultado una piel frágil y muy delgada. Por este motivo, la tercera etapa es la que se encarga de fortalecer poco a poco el nuevo tejido y remover las células residuales de fases anteriores que ya no sean necesarias.

Cuando envejecemos nuestras heridas se curan más lento

Una vez aclarado esto, es necesario explicar que, a medida que pasa el tiempo, nuestro organismo va perdiendo la capacidad de llevar a cabo todo este proceso. Como resultado, las fases uno y dos se demoran más tiempo en completarse, y no son tan efectivas. Como consecuencia, la fase tres también se activa más tarde y sobre un tejido que no se ha reparado todo lo que podría.

En general, esta se trata de la razón por la cual nuestras heridas se curan más lento cuando envejecemos. Sin embargo, esta es solo la explicación a grandes rasgos de la situación. Ya que, en sumatoria, este gran resultado nace de la aparición de distintas condiciones y procesos asociados con la edad.

El rol de las enfermedades

Uno de los primeros puntos que menciona Steinhauser es que las enfermedades comunes en la vejez, como la diabetes, también pueden colaborar con la disminución de la capacidad curativa de nuestro organismo.

Por ejemplo, en los pacientes diabéticos, sus vasos sanguíneos se estrechan, evitando que la sangre circule con normalidad. Algo que, a su vez, impide el correcto desplazamiento de las células inmunes a la herida. Igualmente, esto también entorpece la fase dos de la curación al evitar que lleguen los necesarios nutrientes y oxigeno a los tejidos.

No solo la piel envejece, sino también nuestras células

Un detalle que es necesario tener muy presente es que no se trata solo de nuestra piel la que es afectada por los años. De hecho, es la edad de las células la verdadera responsable cuando nuestras heridas se curan lento después de que envejecemos.

Una vez las células han alcanzado cierta etapa, las ataca un proceso conocido como senescencia celular. Cuando esta se manifiesta, ya ellas no pueden dividirse más, por lo que no pueden participar en la renovación de tejidos.

Por si fuera poco, las células senescentes comienzan a acumularse sobre la piel y otros tejidos, complicando así su regeneración y coartando poco a poco sus capacidades. Sumado a esto, debido a ciertas toxinas que segregan, la mera presencia de las células senescentes puede acelerar la senescencia en sus vecinas, aumentando así la velocidad de envejecimiento del organismo.

Todos los tejidos de nuestro organismo son susceptibles a esta situación

Finalmente, Steinhauser aclara que cuando envejecemos, no son solo nuestras heridas superficiales o visibles las que se curan más lento. De hecho, el proceso de senescencia celular se da en todas las células y tejidos del cuerpo.

Como consecuencia, nuestros órganos internos también van perdiendo poco a poco la posibilidad de curarse y de regenerarse. Debido a esto, se pueden presentar problemas acumulativos, similares a los problemas pulmonares por fumar, o casos contundentes, como un infarto fulminante. En ambos casos, a pesar de que el desarrollo es muy distinto, el origen es el mismo: el cuerpo ya no es capaz de mantenerse sano como antes.

Ya la ciencia ha investigado formas de detener estos procesos. Sin embargo, según se ha probado, detener el envejecimiento es matemáticamente imposible. Por lo que, en su lugar, la medicina deberá intentar actualizar sus tratamientos –que por ahora Steinhauser califica de “anticuados”– para poder ofrecer mejores respuestas a los pacientes mayores que requieran ayuda para sanar sus heridas.

Referencias:

Wound repair and regeneration (2008) Nature: https://doi.org/10.1038/nature07039

Imaging mass spectrometry demonstrates age-related decline in human adipose plasticity (2017) JCI Insight: https://doi.org/10.1172/jci.insight.90349

The serial cultivation of human diploid cell strains (1961) Experimental Cell Research:  https://doi.org/10.1016/0014-4827(61)90192-6

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