Fotografía de una mano acercando una jeringa a un brazo, preparada para inyectar.

La pandemia del coronavirus ya ha infectado a más de 56 millones de personas en todo el mundo. Asimismo, ha sido la causante de casi más de 1,44 millones de muertes. Afortunadamente, justo ahora, posibles vacunas contra el COVID-19 ya están en sus últimas fases, pero nuevas investigaciones han determinado que una solución incluso más rápida podría encontrarse en la conocida vacuna contra la tuberculosis.

Según el nuevo estudio publicado en The Journal of Clinical Investigation, la vacuna contra la tuberculosis, aprobada hace décadas por la FDA (Food and Drugs Administration) podría ser una de nuestras mejores aliadas a la hora de hacer frente al SARS-CoV-2.

Una de nuestras vacunas más antiguas podría ser la solución a nuestro problema más reciente

El nombre específico con el que se identifica la vacuna contra la tuberculosis es Bacillus Calmette-Guérin o BCG. Su desarrollo inició a inicios del siglo XX, en 1908 y finalizó en 1921. Desde entonces ha sido parte del programa de vacunación anual de los Estados Unidos.

Según los investigadores al menos 100 millones de niños reciben esta vacuna cada año. Gracias a esto, su sistema inmunológico no solo aprende a luchar contra la tuberculosis, sino que gana “flexibilidad” para hacerle frente a otras condiciones afines. Con la finalidad de averiguar si el COVID-19 se encontraba dentro de ellas, los científicos del Sistema de Salud Cedars-Sinai llevaron a cabo una investigación observacional y retrospectiva.

Estudiando la vacuna contra la tuberculosis como herramienta contra el COVID-19

El estudio que se llevó a cabo tomó a más de 6.200 participantes. Todos estaban en alto riesgo de contagio con COVID-19 debido a su labor en el sector de la salud. En este, se encargaron de evaluar la “seroprevalencia del SARS-CoV-2” o, en otras palabras, el nivel de anticuerpos contra el COVID-19 presentes en su organismo.

Igualmente, se indagó en la historia médica de los individuos para conocer qué vacunas habían recibido, poniendo especial énfasis en la BCG. Sumado a esto, también evaluaron los síntomas reportados por los trabajadores de la salud en los seis meses previos al estudio para identificar síntomas relacionados con el coronavirus.

Al finalizar esta recopilación de datos, se identificó que el 29,6% de la muestra había recibido la vacuna BCG en la infancia, el resto no la tenía. De toda la muestra, fue justamente este 29,6% el que mostró no solo menos anticuerpos contra el SARS-CoV-2 en el organismo, sino que también reportaron la menor cantidad de síntomas.

En general, se pudo observar entonces que aquellos con la vacuna de la tuberculosis parecían menos afectados contra el COVID-19. Esto a pesar de estar en ambientes de alto riesgo. Sorprendentemente, la tendencia se mantuvo incluso en los participantes vacunados que tenían factores de riesgo adicionales como una edad avanzada, diabetes o hipertensión, entre otros.

¿Por qué la vacuna contra la tuberculosis podría funcionar contra el COVID-19?

Según explica Moshe Arditi, el autor principal del estudio, el interés inicial de los investigadores en la vacuna BCG nació de su conocida capacidad de ayudar a inmunizar a las personas contra “(…) una variedad de enfermedades bacterianas y virales distintas de la tuberculosis, incluidas la sepsis neonatal y las infecciones respiratorias”.

Con un antecedente como este, más los datos ahora recopilados, las posibilidades de que la vacuna contra la tuberculosis colabore de algún modo a evitar el contagio del COVID-19 es bastante alta. Según el también profesor de Pediatría y Ciencias Biomédicas:

“Parece que las personas vacunadas con BCG pueden haber estado menos enfermas y, por lo tanto, producir menos anticuerpos anti-SARS-CoV-2, o pueden haber montado una respuesta inmune celular más eficiente contra el virus”.

Por los momentos, no hay una explicación más allá de estas hipótesis tras la posible utilidad de la vacuna contra la tuberculosis ante el COVID-19. Sin embargo, estas nuevas evidencias al menos refuerzan la creencia de que hay procesos allí que podrían despertar nuestro interés.

“(…) se necesitan con urgencia grandes ensayos clínicos prospectivos aleatorizados de la vacunación con BCG para confirmar si la vacuna con BCG puede inducir un efecto protector contra la infección por SARS-CoV2”, concluyen los investigadores en su estudio.

Asimismo, Arditi reconoce que la vacuna BCG nunca podrá ser más efectiva que una diseñada específicamente contra el SARS-CoV-2. Sin embargo, mientras estas se encuentran en desarrollo y después en producción, esta alternativa podría llegar al mundo mucho más rápido. De forma que se pueda dar a la sociedad una protección más contra el coronavirus.

Referencia:

BCG vaccination history associates with decreased SARS-CoV-2 seroprevalence across a diverse cohort of healthcare workers: https://doi.org/10.1172/JCI145157