Bebé acostado en una cama con expresión sonriente

Los investigadores de la Universidad de Copenhague han encontrado un vínculo entre las bacterias que viven en el polvo de la cama de los bebés y su microbioma. Y aunque suena tenebroso para los padres adictos a la pulcritud, esta correlación parece ofrecer grandes beneficios a su salud.

El estudio, publicado en la revista Microbiome, revela que las bacterias presentes en el polvo que se asienta sobre sus camas hace a los bebés más resistentes. Específicamente, estas parecen reducir el riesgo de padecer enfermedades autoinmunes, asma y alergia en el futuro.

El papel del polvo de nuestra cama en nuestra salud

Hace algunas semanas, hablamos de la posibilidad de que las cosas estén completamente libre de gérmenes, la cual es muy remota. Aunque cambiemos nuestras sábanas con regularidad y mantengamos nuestros hábitos de higiene, siempre tocaremos o nos expondremos a algo que los contenga.

Nuestras camas están lejos de ser la excepción; de hecho, están llenas de vida microbiana. Lo curioso es que la exposición a esta, lejos de causarnos daño, parece determinar cómo trabajará nuestro sistema inmune en la primera infancia frente al riesgo de diferentes enfermedades.

Algunos estudios ya lo habían sugerido en el pasado. La gran diversidad de microorganismos que residen con nosotros en nuestro hogar contribuyen al desarrollo de resistencia a una serie de enfermedades y alergias. Lo curioso es que, las camas, en particular, pueden ser el punto de inicio para ello.

Bacterias en el polvo de la cama de los bebés varían en función del entorno

Bebé con expresión de duda sobre una cama con colcha blanca.
Las bacterias en las camas de los bebés varían en función del entorno de la vivienda, ya sea rural o urbano.

Para comprobarlo, los investigadores examinaron y compararon viviendas tanto rurales como urbanas. Tomaron y analizaron muestras del polvo de la cama de 577 bebés con una edad de seis meses en busca de bacterias. Luego, las compararon con muestras respiratorias tomadas de otros 542 niños.

El estudio reveló un total de 930 tipos diferentes de bacterias y hongos en el polvo recolectado de las camas de los niños. También que la composición bacteriana dependía en gran medida del tipo de vivienda en que se ubicaba la cama. Los hogares rurales tenían niveles significativamente más altos de dichas bacterias en comparación con los apartamentos urbanos.

“Vemos una correlación entre las bacterias que encontramos en el polvo de la cama y las que encontramos en los niños”, dice Søren J. Sørensen, profesor del departamento de biología de la Universidad de Copenhague.

“Si bien no son las mismas bacterias, es un descubrimiento interesante que sugiere que estas bacterias se afectan entre sí. Puede resultar que tenga un impacto en la reducción de los riesgos de asma y alergia en años posteriores”.

Los resultados van de la mano con nociones que ya han sido comprobadas por la ciencia. Los habitantes de las ciudades tienen una flora intestinal menos diversa que las personas que viven en entornos rurales. La explicación podría ser el escaso contacto con la naturaleza en los entornos urbanos, así como los hábitos y métodos de limpieza más minuciosos.

Sin embargo, este estudio demuestra “que los cambios en la flora bacteriana en el polvo del lecho también pueden ser una razón importante de esta diferencia”. Ahora el estudio se centrará en averiguar si esta diferencia en la flora bacteriana del polvo de la cama se correlaciona directamente con el desarrollo de alergias y asma.

Referencia:

Environmental shaping of the bacterial and fungal community in infant bed dust and correlations with the airway microbiota. https://microbiomejournal.biomedcentral.com/articles/10.1186/s40168-020-00895-w