Personas caminando frente a la catedrál gótica de Milán.
Crédito: Luca Bruno/AP Photo.

La pandemia del COVID-19 ha puesto al mundo de cabeza y, mientras una parte de este intenta averiguar cómo pararla, otra sigue enfocada en descubrir realmente de dónde vino. En este último campo, una reciente investigación se ha sumado a un grupo de estudios que han generado polémica. Todo porque estos señalan que el coronavirus pudo estar en Italia y otros países del mundo durante el 2019.

Por los momentos, la línea de tiempo oficial del avance del COVID-19, creada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no refleja esta situación. De hecho, establece solo el primer reporte oficial de China el 31 de diciembre del 2019. En el resto de los casos, todos los reportes y detecciones del virus SARS-CoV-2 se han registrado en el 2020.

Con esta nueva investigación, la OMS podría verse luego en la necesidad de reevaluar este registro y de cambiar muchas fechas. Claramente, aún es muy pronto para pensar en ello. Pero, gracias al reciente estudio, la posibilidad yace ahora sobre la mesa.

El COVID-19 pudo estar entre nosotros por mucho más tiempo del esperado

La investigación que recientemente ha despertado el interés del mundo se publicó en Tumori Journal y se enfocó en la detección de anticuerpos (antiSARS-CoV-2) en la población italiana durante los últimos meses del 2019.

Su investigación siguió a posibles casos de coronavirus en Italia entre septiembre y octubre de 2019. Estos se pudieron detectar gracias al rastreo de un tipo de anticuerpo específico que ataca el receptor de la proteína espiga del SARS-CoV-2 –aquel puente que permite al virus adherirse a las células humanas–.

Con este, se inició de nuevo la polémica sobre el origen del COVID-19. Después de todo, estudios de la Universidad de Harvard, por ejemplo, rastrean los contagios en China hasta noviembre del año pasado. Por otra parte, otras investigaciones incluso llegan a situar en los casos de coronavirus en agosto del 2019. Cruzando fronteras, también se habla de que Francia tuvo casos mucho antes de lo oficialmente reportado.

Por su parte, otros estudios realizados en Europa, específicamente en España, también encontraron rastros de coronavirus en las aguas residuales de Milán y Turín. El detalle es que las muestras databan de diciembre del 2019. Por lo que, la idea de que el primer reporte de COVID-19 fue en China a finales del año pasado es cada vez más difícil de sustentar.

De hecho, lo más probable es que el virus saliera de las fronteras de China mucho antes. Sobre todo a regiones como el norte de Italia, que han tenido un alto intercambio de turistas entre ambos países.

¿Cómo rastrearon el coronavirus hasta el 2019?

Por su parte, la investigación publicada en Tumori obtuvo sus datos de un ensayo prospectivo de detección de cáncer de pulmón. Gracias a la información allí recopilada de casi 960 personas, los investigadores pudieron identificar 111 individuos con anticuerpos contra el dominio de unión al receptor (RBD), el antes mencionado componente de la proteína espiga del SARS-CoV-2.

Sin embargo, ninguna de estas personas, cuyos datos se recolectaron entre septiembre de 2019 y marzo de 2020, mostró tener síntomas del COVID-19. Como consecuencia, se puede observar que el coronavirus pudo haber estado rondando a Italia por meses durante el 2019.

Pero, a diferencia de ahora, al parecer los primeros estadios de la enfermedad podrían haber sido mucho menos mortales. Asimismo, sus síntomas fueron lo suficientemente leves como para pasar desapercibidos.

Como un punto extra que vale la pena destacar, es necesario mencionar que más de la mitad de los pacientes detectados entre septiembre y octubre (23 y 27 respectivamente) fueron habitantes de Lombardía –la región en la que se detectaron los “primeros casos” en este 2020–.

¿Qué implican estos descubrimientos?

Como lo hemos mencionado, los nuevos descubrimientos podrían implicar que el coronavirus que estuvo en Italia (y posiblemente en otras partes del mundo) durante el 2019 era menos agresivo que el actual. Sin embargo, esta no es la única conclusión que se puede obtener.

“[Estos descubrimientos] significan que el nuevo coronavirus puede circular entre la población durante mucho tiempo y con una baja tasa de letalidad, no porque esté desapareciendo, [sino] solo para volver a surgir”, dijo el coautor Giovanni Apolone, a Reuters.

En pocas palabras, la nueva información no solo nos lleva a estar más cerca del posible origen del COVID-19, sino que también nos da detalles sobre su posible comportamiento futuro. Sobre todo ahora que el mundo está viendo un rebrote después de un relativo periodo de “calma”.

¿Qué hacer ahora?

En estos momentos, estos estudios marcan una pauta al reportar la inmunidad al coronavirus en personas que vivieron en Italia durante finales del 2019. Sin embargo, la respuesta inmune del organismo no está compuesta por uno, sino por varios tipos de anticuerpos. Cada uno de estos, a su vez, tiene su propio nivel de efectividad.

Con la información actual, queda claro entonces que es necesario continuar con las investigaciones para poder ubicar otros posibles anticuerpos en las poblaciones de Asia y Europa a finales del 2019. Ya este lunes la OMS declaró que haría una revisión de los resultados del estudio –algo que derivará en posibles investigaciones posteriores–.

Mientras tanto, la OMS también se encuentra ya coordinando estudios para identificar fielmente el origen animal del COVID-19. Esta otra investigación también se encuentra apenas iniciando, pero por lo menos ya está en movimiento.

Referencia:

Unexpected detection of SARS-CoV-2 antibodies in the prepandemic period in Italy: https://doi.org/10.1177/0300891620974755

SARS-CoV-2 has been circulating in northern Italy since December 2019: Evidence from environmental monitoring: doi: 10.1016/j.scitotenv.2020.141711

Analysis of hospital traffic and search engine data in Wuhan China indicates early disease activity in the Fall of 2019: http://nrs.harvard.edu/urn-3:HUL.InstRepos:42669767

Prevalence of SARS-CoV-2 in Spain (ENE-COVID): a nationwide, population-based seroepidemiological study: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)31483-5