En el quinto capítulo de la cuarta temporada de The Crown, un hombre entra al Palacio de Buckingham, va hasta la habitación de la Reina Isabel y se sienta en su cama para charlar con ella hasta que esta logra conseguir ayuda. Esta historia parece sacada de la mente de los guionistas, pero la verdad es que es un hecho real —y muy bizarro— que sucedió en 1982, en donde el protagonista fue Michael Fagan.

Fagan nació el 8 de agosto de 1948 y se convirtió en un pintor y decorador de Clerkenwell, Londres. Sin embargo, y gracias a la alta tasa de desempleo en la época de Margaret Thatcher —la cual, por cierto, superaba la de la depresión de los años treinta—, el pintor se había quedado sin trabajo. Sin embargo, este solo era uno de sus grandes problemas, pues poco tiempo antes, se había divorciado de su esposa Christine, con quien tuvo cuatro hijos, y, además, luchaba con una enfermedad mental.

En vista de esto, Fagan decidió que haría un reclamo formal hacia la gestión conservadurista de Thatcher. Así que, ¿por qué no hacerlo directamente con la reina?

Tomando vino del Príncipe Carlos

Fotografía de Michael Fagan frente al Palacio de Buckingham
Michael Fagan en 1985

Fagan logró irrumpir el palacio en dos ocasiones, superando todas las barreras de seguridad en la época. Como él mismo aseguró para The New York Times en 1982, le hizo “un favor a la Reina” al poner a prueba la mala seguridad de las instalaciones.

La primera vez lo hizo pasando a través de un desagüe y luego por una ventana abierta el 7 de junio de 1982. En esta ocasión, el pintor desempleado paseó tranquilamente por los pasillos del Palacio. Se podría decir que hizo un tour con bocadillos incluidos.

En una entrevista con The Independent, Fagan aseguró que había pasado frente a las habitaciones de la princesa Diana y el príncipe Carlos, pues sus nombres estaban en las puertas. De hecho, ingresó a la habitación del príncipe, sacó un vino de californiano del estante, y se lo bebió mientras esperaba que lo descubrieran. Durante su juicio, aseguró que tomó porque “estaba esperando que viniera alguien”.

También se paseó por los tronos reales. En la entrevista declaró: “Me encantaba… Era como Ricitos de Oro y los Tres Osos; Probé un trono y dije ‘este es demasiado blando’ “.

Sarah Carter, una de las mucamas del palacio, fue quien lo vio y dio la alerta. Sin embargo, Fagan evadió al personal de seguridad y logró salir del palacio.

“Fue más difícil salir que entrar. Finalmente encontré una puerta y salí a los jardines traseros, trepé por la pared y bajé la explanada, mirando hacia atrás y pensando ‘ooh’. No había pensado en entrar allí hasta el último segundo cuando se me ocurrió hacerlo, así que me sorprendió”.

Pidiéndole un cigarrillo a la Reina Isabel

Michael Fagan le habla a la Reina en The Crown
Extracto del episodio de The Crown. En realidad, Fagan nunca se sentó en la cama de Su Majestad.

A raíz de la primera intrusión, se tomaron nuevas medidas de seguridad en el palacio. Se incluyeron a 20 guardias de seguridad que se encargarían de vigilar las instalaciones durante las 24 horas del día, se instalaron varios dispositivos de seguridad y cámaras, y también se hicieron muros con alambres de púas alrededor el recinto.

Sin embargo, nada de esto evitó que Fagan se escabullera por segunda vez el 9 de julio, tan solo un mes después del allanamiento inicial. En esta ocasión, el pintor logró entrar a través de una ventana abierta ubicada en las oficinas del vicealmirante Sir Peter Ashmore.

No fue detectado por ningún dispositivo de seguridad y, al parecer, ninguna cámara lo capturó. El artículo de The New York Times reveló que, a pesar de las nuevas medidas, varios oficiales de seguridad estaban fuera de sus puestos de trabajo. Se reportó que algunos “remaban en el estanque de peces dorados” y, por si no era suficiente, uno de los oficiales que debía estar fuera de la alcoba de la reina realmente se encontraba “en la cama con una mucama”.

El sargento que debía estar en el pasillo del palacio durante la noche se retiró de su puesto a las 6:00 am, al mismo tiempo que los miembros del personal doméstico entraban a trabajar. Una de las mucamas que se encontraba limpiando la habitación contigua a la de la Reina había cerrado la puerta “para que el ruido no molestara a Su Majestad”. Otro miembro del personal se había retirado a entrenar a los corgis en los jardines del palacio.

Así que Michael Fagan, a las 7:15 am, logró ingresar a la alcoba de la Reina Isabel simplemente atravesando la puerta principal. Y, para colmo, también le abrió las cortinas de su habitación.

La Reina, por supuesto, estaba consternada. Le preguntó quién era al tiempo que tocaba el botón de pánico, el cual funcionaba perfectamente, el problema es que no había nadie presente que pudiera escuchar la alarma.

Según el reporte del Times, Fagan había tomado un cenicero roto y dijo que tenía la intención de cortarse las muñecas frente a la Reina, aunque aseguró que no fue algo premeditado, sino que esta idea se le había ocurrido en el momento en el que vio ese utensilio. Con el trozo de cenicero se cortó el pulgar y unas gotas de sangre mancharon la alfombra de Su Majestad.

Sin embargo, a pesar de lo que parece, el desenlace de esta historia no es para nada trágico. Fagan, en lugar de cortarse las muñecas, le pidió un cigarrillo a la Reina. Esta aprovechó la oportunidad de comentarle que no había ninguno en la habitación, así que llamó a uno de sus mayordomos en un intento por pedir ayuda.

Fagan se quedó en la habitación hasta que llegó la Reina con el mayordomo, quien le ofreció al pintor un whiskey mientras llegaba la policía.

Según los reportes, no intercambiaron más palabras además de eso. De hecho, cuando se le preguntó a Fagan si había hablado con la Reina sobre algo más, este respondió:

“¡No! (La Reina) Pasó junto a mí y salió corriendo de la habitación; sus pequeños pies descalzos corrieron por el suelo”.

Un juicio, pero sin prisión

Fotografía reciente de Michael Fagan
Fotografía actual de Fagan. Cortesía de The Times.

A pesar de lo absurdo de esta historia, y luego del juicio al que Fagan fue sometido, el hombre no fue condenado a prisión. De hecho, sus acciones fueron consideradas “un delito civil” en lugar de uno ilegal y le tomó solo 10 minutos al jurado dar este veredicto.

El único cargo del que fue acusado fue de robar vino durante su primer allanamiento. Sin embargo, fue absuelto y, en lugar de encerrarlo en la cárcel, Fagan fue enviado a un hospital psiquiátrico en Liverpool como paciente, no como criminal.

El juez del caso describió la capacidad de Fagan para escabullirse en el palacio como una habilidad “verdaderamente formidable”. Luego de la sentencia, el pintor le hizo llegar una carta a la Reina diciendo que había sido “maravillosamente comprensiva” y disculpándose por lo ocurrido. Tres meses después, salió libre del hospital psiquiátrico.

Sin embargo, este no fue su último altercado con la ley. De hecho, en 1997 Fagan fue enviado a prisión durante cuatro años por conspirar para suministrar heroína junto a su esposa y uno de sus hijos.

Hoy en día, Michael Fagan se está recuperando de un ataque al corazón y de coronavirus en Islington, al norte de Londres, junto a su pareja de hace 17 años. Basándonos en esta historia, y en cómo la suerte ha estado de su lado, podemos estar seguros de que logrará recuperarse satisfactoriamente.