Si te has topado últimamente con el extraño nombre “Gambito de dama” o “Queen’s Gambit” y te preguntas de qué se trata, este post es para ti. Se trata del éxito reciente de Netflix, una adaptación de la novela homónima de Walter Tevis (1983) que se centra en la historia de Beth Harmon, una huérfana jugadora de ajedrez que aspira a convertirse en campeona mundial a la vez que lidia con sus propios demonios, entre adicciones y su obsesión por el control.

La serie cuenta con un elenco genial liderado por Anya Taylor-Joy (Beth Harmon), acompañada de Harry Melling –sí, el molesto primo Dudley en Harry Potter (Harry Beltik), Thomas Brodie-Sangster, el tierno niño de Love Actually (Benny Watts), Jacob Fortune-Lloyd (D.L . Townes), Moses Ingram (Jolene), Marielle Heller (Alma Wheatly), Bill Camp (Mr. Shaibel) y Marcin Doroncinski (Vasily Borgov).

Si aún no has visto Queen’s Gambit te advertimos que este post contiene spoilers y créenos cuando te decimos que esta serie está llena de sorpresas, por lo que te recomendamos verla antes de seguir leyendo, no te arrepentirás. Para los que ya se dejaron cautivar por esta entrañable historia, podrán estar de acuerdo en que es una de esas series que crees que no serán importantes, pero terminan por tomarte completamente por sorpresa, manteniéndote cautivado y emocionándote con cada giro en la historia.

Beth Harmon: entre la obsesión por la perfección y la libertad de ser ella misma

“La creatividad y la psicosis van de la mano, en este caso la genialidad y la locura”.

Todo lo que tiene que ver con la vida de Beth tiene que ver con la obsesión por ser perfecta. Esto lo ha heredado de su madre, sobre la que vemos en algunos flashes que tenía un PhD en Matemáticas de la Universidad de Cornell, pero llevaba una vida profundamente desdichada, sentía que le fallaba constantemente a Beth y por ello decide acabar con su vida.

Una vez Beth entra en contacto con el mundo del ajedrez quiere mejorar cada vez más, obsesionándose al punto que Shaibel le da la primera lección de su vida: “aquí es cuando te retiras”, pero para Beth retirarse no era una opción, ni en el ajedrez ni en su vida. En paralelo, el primer contacto con las “vitaminas mágicas” que le provee el orfanato le permiten echar a volar su imaginación y jugar complicadas partidas en su mente, utilizando las sombras que entran por la ventana.

Beth cuando era pequeña jugando una partida de ajedrez con Mr. Shaibel en el sótano.
El señor Shaibel fue quien introdujo a Beth al mundo del ajedrez. Cortesía: Netflix.

Dentro del orfanato, Beth es una excelente jugadora de ajedrez, con una jugada muy particular que la representa, no solo en el tablero, sino en su vida: el gambito de dama. Explicado de manera muy sencilla, este movimiento de apertura implica sacrificar un peón al principio de la partida para lograr el dominio del tablero y obtener ventajas posteriores.

Es una jugada bastante frontal, casi como una declaración de guerra y que en épocas anteriores ningún caballero declinaba el gambito de dama porque podía significar una deshonra o cobardía.

Para la serie, el gambito de dama es una representación de la personalidad de Beth, a donde quiera que llega no vacila en enviar un mensaje de “estoy aquí con mi talento y voy a hacer todo lo posible porque te quede muy claro que soy una ganadora”. Esto tal vez es un aspecto positivo si lo usa para superar los obstáculos que se presentan en su vida, pero también la hace calculadora y fría si de afecto se trata.

¿Y es una coraza, cierto? Mostrarse como que todo está en orden, estamos en control de nuestras decisiones y seguras de lo que hacemos, pero en cuanto alguien cuestiona alguna parte de nuestro plan nos descoloca y nos hace ver las costuras, nos muestra vulnerables.

Benny Watts juega contra Beth.
Criticar el juego de Beth fue suficiente para que Benny la hiciera más vulnerable frente a él en la partida. Cortesía: Netflix.

Tal como ocurre cuando Benny Watts critica el juego de Beth contra Beltik, y termina, de hecho, perdiendo contra él en Nevada. “Estabas pensando en ganar”, le dice Alma, su madre adoptiva. Y es cierto, cuando quieres controlar en una posición vulnerable la estrellada es aún peor.

Vemos, pues, cómo el ajedrez se convierte en el refugio y en la metáfora de la vida de Beth: “El tablero es un mundo de 64 piezas. Me sentía segura ahí dentro, puedo controlarlo, puedo dominarlo, y es predecible. Si me lastimo, solo yo tengo la culpa”.

Adicciones para llenar un vacío emocional y la incapacidad de sentir afecto

Para Beth, su verdadero amor es el ajedrez, y cómo culparla, fue lo único que le brindó un refugio a su complicada niñez en el momento en que más lo necesitaba. Sin embargo, con el pasar del tiempo, la falta de afecto la hizo incapaz de expresar sus emociones.

Su misma madre la enseñó a ver el miedo a la soledad como una debilidad (“La persona más fuerte es la que no tiene miedo a estar sola”), pero realmente vemos que este vacío emocional lo llena con alcohol y drogas, y a muy temprana edad.

Cuando su madre adoptiva, Alma, llega a su vida, desarrollan una relación bonita, aunque algo compleja, ella también tiene que lidiar con el abandono de su esposo, con el luto de una pérdida de un bebé, con depresiones y con falta de confianza en sí misma. Ambas se necesitan, pero su máxima representación afectiva es compartir tragos en aviones y cenas y tomarse de la mano de vez en cuando.

Alma Whetley y Beth en un hotel de México D.F.
Beth y su madre adoptiva, Alma Wheatly, en el hotel de Ciudad de México. Cortesía: Netflix.

Y ni hablar de sus relaciones con los hombres. Beth ve la sexualidad como un proceso meramente transaccional, esto lo veremos cuando al terminar de tener relaciones con Beltik –quien sí está muy enamorado de ella–, Beth toma un libro de ajedrez de su mesa de noche y se fuma un cigarrillo, y cuando Beltik le pregunta si ahora debe quedarse ahí o irse a su cuarto, la campeona le responde: “Lo que tú quieras”.

Si bien en Queen’s Gambit tenemos vistos de romance y seducción, el amor es un concepto aún lejano porque Beth es una persona incapaz de amar y de dejarse amar, por supuesto por los traumas que ha pasado en su vida.

La verdadera igualdad de género está en el trabajo en equipo

Beltik le entrega un libro sobre ajedrez a Beth.
Beltik cree que no ha podido enseñarle nada a Beth, pero se equivoca, porque le ha enseñado más de lo que piensa. Y no solo sobre ajedrez. Cortesía: Netflix.

Si hay algo en lo que acierta Queen’s Gambit es no hacer de la historia de Beth una mujer contra todo un mundo de hombres. No, esta historia es diferente e incluso necesaria para nuestros tiempos. Sin entrar en discusiones ni definiciones sobre el feminismo, la lucha por la igualdad de género nunca ha sido para anteponer a la mujer por encima del hombre, ni que nos honren por el simple hecho de ser mujeres, sino por nuestro talento.

En eso atinan los creadores de la serie, Scott Frank y Allan Scott, en presentar a Beth tal como es: una persona que es un prodigio del ajedrez y que, como a todos en esta tierra, le toca aprender de quienes tienen más experiencia, sea quien sea. El mejor ejemplo que podemos ver sobre esto es la escena del episodio 3 (Peones doblados), donde Alma le lee el reportaje que sacó la revista Life:

“–Alma: “…A veces llega un niñito que nos deslumbra con su precocidad en el que debe ser el juego más difícil del mundo. Pero, ¿y si fuera una niña? ¿Una jovencita seria, de ojos castaños, pelirroja y un vestido azul?

“Al mundo de los torneos, dominado por hombres, llega una adolescente alegre e intensa, de la secundaria Fairfield de Lexington Kentucky. Es callada, educada y tiene sed de sangre”.

(…)

–Beth: Está bien, ya oí suficiente. Solo hablan de que soy una chica.

–Alma: Pues lo eres.

–Beth: No debería ser tan importante. Pusieron la mitad de lo que dije. No dijeron nada del señor Shaibel ni de cómo juego la defensa siciliana.

–Alma: Te convierte en una celebridad.

–Beth: Sí, por ser una chica”.

Es importante mencionar al señor Shaibel, porque sin su existencia, Beth quizás nunca hubiese sido la ajedrecista que es, quizás nunca lo haya aprendido a jugar. Y más adelante, los amigos que cultiva en los torneos, especialmente a Townes, Beltik y Benny, son los que se unen a ella en equipo –tal como lo hacen los rusos, como le dice Benny– y son los que la conducen a la victoria.

Sí, en ese entonces el ajedrez era un juego cuya población mayoritaria eran los hombres, pero también había mujeres haciéndose paso, aunque ninguna tan talentosa como Beth Harmon.

Beth firma autógrafos para unos admiradores.
Gambito de damas no es sobre mujeres vs. hombres, es un universo muy interesante donde Beth no es atacada por ser mujer, en cambio es admirada por sus seguidores, tanto hombres como mujeres por igual. Cortesía: Netflix.

Aun cuando los grandes maestros del ajedrez son clave en la vida de Beth, también lo son dos mujeres que se cruzaron en su vida de huérfana: Alma y Jolene. Ambas le enseñan que la vida es más que ajedrez y son las que la apoyan, digamos, logísticamente, a cultivar su carrera como campeona mundial.

Aunque pareciera que Beth está condenada a ser huérfana, hacia el final de la serie el muy sorpresivo regreso de Jolene le hace tener nuevamente a una persona que se le hace familiar y que está lista para apoyarla, pero también para cantarle las verdades de la vida, tal como sucede en esta joya de escena cuando Jolene ofrece ayudar a Beth con sus ahorros para que vaya a Moscú:

“–Beth: Eres como mi ángel de la guarda.

–Jolene: ¡Por el amor de Dios! Beth… Jódete. Shaibel no es el único que te siguió todos estos años. Sé que perdiste contra Benny Watts en Las Vegas y luego le ganaste en Ohio. Leí los periódicos. Incluso en una excursión, en vez de comprarme un helado, compré una maldita revista de ajedrez con tu carota fea en la portada. Por un tiempo, yo fui todo lo que tenías. Y por un tiempo, tú fuiste todo lo que tenía.

No éramos huérfanas. No si nos teníamos la una a la otra. ¿Me entiendes? No soy tu ángel de la guarda. No vine a salvarte. Apenas puedo salvarme a mí. Estoy aquí porque me necesitas aquí. Para eso es la familia. Eso somos”.

La ayuda de Jolene es en sí un gambito de dama, es una jugada arriesgada cuyo resultado solo podrás saber cuando veas el episodio final de la serie. Nuestro veredicto es que es una serie de altura que, si bien pasó algo desapercibida en su estreno, ahora está en boca de todos por la historia tan cautivadora que cuenta.

Jolene y Beth en el orfanato.
Jolene no solo es una gran amiga para Beth, es también su hermana. Cortesía: Netflix.

Algunos datos a tener en cuenta

La novela Queen’s Gambit de Walter Tevis tiene algo de autobiografía y algo terapéutico en la historia personal del autor. Según una entrevista para el New York Times en 1983, comentó:

“Comencé a jugar ajedrez con mi hermana y los niños de mi cuadra. Cuando estaba pequeño me diagnosticaron con fiebre reumática y me daban altas dosis de medicinas en el hospital.

“Escribir sobre ella me permitía drenar. Había algo de dolor—Sí soñé un poco cuando escribí sobre esa parte [la de las adicciones de Beth]. Pero artísticamente, no me permitía ser auto indulgente”.

Y sobre la historia de Beth Harmon… ¿Es real? No del todo, pero, de acuerdo con expertos del ajedrez, el personaje podría estar basado en Bobby Fischer, un gran maestro de ajedrez, campeón mundial en 1972 y 1975. Irónicamente, Fischer despreciaba jugar con mujeres porque las consideraba “poco inteligentes”. Si quieren saber más sobre su historia, este artículo les dirá todo.

Entonces, ¿sobre quién es Queen’s Gambit? Tevis explicó en la entrevista que realmente escribió su novela como “un tributo a las mujeres inteligentes”:

“Me gusta Beth por su valentía y su inteligencia. En el pasado, muchas mujeres tenían que ocultar su inteligencia, pero no hoy”.

La gran lección que podemos aprender de Queen’s Gambit es que no debemos ocultar lo que somos, perseguir nuestras pasiones, arriesgar para ganar y afrontar nuestro miedo a perder. Pero, sobre todo, lo más importante es saber que no estamos solos y que contamos con un equipo de personas a nuestro alrededor que nos enseñan y nos apoyan en nuestro camino.

Si te ofrecen sacrificar a tu peón, inténtalo, aunque puedas perder ventaja, quizás con conocimiento y apoyo puedas declararte vencedor.