Foto del torso se una mujer que sostiene en una mano una hamburguesa y con la otra se toca el estómago como si este le doliera.

¿Crees que un dolor de estómago podría llegar a hacerte odiar tu comida favorita? En primera instancia todos podríamos responder que no. Sin embargo, la ciencia nuevamente nos ha demostrado que aún no conocemos tanto a nuestro organismo como creemos.

En esta ocasión, un estudio llevado a cabo por Melissa S Haley, Stephen Bruno, Alfredo Fontanini y Arianna Maffei se ha enfocado en la forma en la que el cerebro procesa los gustos y si estos pueden cambiar o no al someterlos a estímulos fuertes.

La investigación, en este caso, se hizo en un modelo animal con ratones con los que se trabajó para descubrir si se podía llegar a convencerlos de rechazar el agua azucarada. En condiciones normales, los ratones la buscarían. Pero, con los estímulos adecuados, se comprobó que estos podían llegar incluso a repudiarla.

Un dolor de estómago puede llevarnos a odiar hasta nuestra comida favorita

Los resultados del estudio se publicaron recientemente en la revista científica eLife. En ella, los autores reseñan cómo el inducir un leve dolor de estómago en los ratones que consumían agua azucarada rápidamente hizo que estos comenzaran a rechazarla.

Una vez determinado esto, fue la misión de los investigadores delimitar el por qué detrás de este fenómeno. Para esto, pusieron especial atención en la amígdala basolateral (área del cerebro que regula una de las formas de aprendizaje) y a la corteza gustativa (encargada del procesamiento del gusto).

Por lo general, la actividad neuronal en la amígdala basolateral es alta cuando consumidos un alimento que nos gusta y “aprendemos” a preferirlo. Sin embargo, si sentimos un dolor de estómago después, nuestra mente lo relacionará con lo que comimos y el proceso se interrumpirá en la amígala. Como consecuencia, la actividad neuronal bajará y las respuestas positivas que se daban ante una comida determinada pueden ser reemplazadas por indiferencia o incluso por odio o rechazo.

Según explican los investigadores, todo lo anterior se da disparado por el cambio de reacción en la amígdala basolateral que, obtiene la información de la corteza gustativa y luego, basada en los otros estímulos, determina si debe “querer” o “rechazar” el sabor. En consecuencia, los ratones aprendieron a odiar la comida que se les daba (el agua azucarada) debido al dolor de estómago que les causaba consumirla.

¿Qué podemos aprender de esto?

Ya en otras investigaciones hemos aprendido cómo el tipo de alimentos que consumimos puede afectar capacidades neuronales, como nuestra habilidad de concentrarnos. Ahora, estos nuevos descubrimientos nos llevan a entender la forma en la que dos centros cerebrales no solo se conectan, sino que interactúan entre sí.

De esta forma, en una primera lectura nos permiten comprender mejor los procesos de aprendizaje por acondicionamiento de los animales. Luego, en una lectura más abstracta, a la larga, también nos permitiría comprender los más complejos procesos de aprendizaje del ser humano.

Viendo incluso más allá

Poniendo los hallazgos en perspectiva, lo planteado por los investigadores podría ofrecer grandes oportunidades para la medicina y la psicología.

Así como el dolor de estómago puede despertar una respuesta neuronal que nos puede llevar a odiar o ser indiferentes a la que fue nuestra comida favorita, podría ser posible estudiar otros estímulos que también ayuden a cambiar las respuestas neuronales de los individuos. De este modo, se podrían combatir complicaciones como la dependencia o la adicción a sustancias como las drogas o el alcohol.

Sin embargo, para que esto se dé, aún hacen falta muchas más investigaciones. Por ahora, este estudio sobre un modelo animal simplemente ha abierto las puertas a la posibilidad.

Referencia:

LTD at amygdalocortical synapses as a novel mechanism for hedonic learning: DOI:10.7554/eLife.55175