La programadora Margaret Hamilton sentada dentro de la una nave de las misiones Apolo.
Margaret Hamilton trabajando en el proyecto Apolo / Vía Wikimedia Commons.

La llegada del hombre a la Luna es un hito que ha pasado a la historia. A medida que pasa el tiempo podemos conocer más detalles sobre la afamada misión Apolo 11, y todas las personas que la hicieron posible. Entre ellas, es imperante contar a la programadora Margaret Hamilton, cuya propuesta no solo ayudó a hacer posible el alunizaje, sino que amplió el concepto de “ingeniería” que se tenía en la época.

Claramente, nombres como el de Neil Armstrong se asocian mucho más rápido con la misión que permitió al hombre poner los pies sobre nuestro satélite natural. Sin embargo, la participación de mentes como la de Hamilton fue la que permitió que ese momento histórico fuera posible en primer lugar.

Específicamente, fue gracias al programa informático desarrollado por Hamilton y su equipo del MIT que la misión Apolo 11 pudo escapar por poco de una catástrofe. Por esto, acá nos dedicaremos a conocer un poco más sobre la vida de esta influyente figura del mundo de la ciencia y a recordar cómo su participación ayudó a escribir nuestra historia.

Los orígenes de Margaret Hamilton: nacida para programar

Margaret Elaine Heafield nació el 17 de agosto de 1936 en una localidad de Indiana conocida como Paoli, en Estados Unidos. Desde joven comenzó a demostrar un gusto innato por las matemáticas y, gracias al apoyo de sus padres, Ruth Esther Heafield y Kenneth Heafield, Margaret tuvo la oportunidad de realizar sus estudios universitarios en esta área.

Una vez superada esta etapa, que se dio a finales de los sesenta, la programadora pionera experimentó años llenos de novedades. Para 1958, culminaría sus estudios de matemáticas en el Earlham College y, además, contraería matrimonio, adoptando finalmente el apellido Hamilton.

Luego, en 1959, su esposo comenzaría a estudiar leyes en Harvard. Debido a esta incursión académica de su marido, Hamilton tuvo que cambiar sus propios planes y terminó trabajando para el MIT en el Semi-Automatic Ground Environment (SAGE). Allí, aprendió finalmente lo que era el lenguaje de computación y acercó sus conocimientos en matemáticas al naciente mundo de la informática.

Para este momento, Hamilton ya había dado a luz a su única hija, Lauren Hamilton. Por unos cuantos años la programadora Margaret Hamilton continuó colaborando en el Laboratorio Lincoln con los programas de detección de aviones militares enemigos de SAGE. Sin embargo, su verdadera pasión y el trabajo que la tatuaría para siempre en nuestra memoria estaba a mayores alturas.

Escuchando el llamado: Margaret se une a la NASA

Margaret Hamilton de pie junto a todos los instructivos y códigos del programa utilizado en las misiones Apolo. La torre de libretas es ligeramente más alta que ella.
Margaret Hamilton de pie junto a todos los instructivos y códigos del programa utilizado en las misiones Apolo. Vía Wikimedia Commons.

A mediados de los años sesenta, el MIT nuevamente comenzó a reclutar nuevo personal para un nuevo proyecto. En esta oportunidad, estaban buscando individuos que pudieran ayudar con la programación del software de las misiones Apolo desarrolladas por la NASA.

En ese momento, según nos revela la propia Hamilton en una entrevista dada al medio The Guardian en el 2019, la alternativa llamó su atención tanto por lo novedoso como por lo desafiante:

“(…) Estaba planeando reanudar la escuela de posgrado cuando mi esposo vio un anuncio en el periódico. El Laboratorio de Instrumentación del MIT estaba buscando gente para desarrollar software para “enviar al hombre a la luna”. El laboratorio ya había recibido el contrato de la NASA para trabajar en el hardware. Me atrajeron tanto la idea en sí como el hecho de que nunca antes se había realizado. Fui la primera programadora en unirse y la primera mujer que ellos contrataron”.

Debido a esto, en 1964, los estudios de matemáticas abstractas en la Universidad de Brandeis que Hamilton había planeado realizar tuvieron que ponerse en espera. Para 1965, Hamilton se encontraba a la cabeza del Laboratorio de Instrumentación del MIT y al mando de un equipo de programadores encargados con la tarea de crear el software de las computadoras del Apolo 11: tanto de la que iría en el módulo de comando, Columbia, como de la que iría en el módulo lunar, Eagle. Ambas tenían un peso de unas 70 libras y una capacidad de almacenamiento máximo de 72 kilobytes.

El gran momento que casi no se da

Todos sabemos que la misión Apolo 11 estuvo a punto de fallar en su intento de alunizar. Asimismo, ya sea a través de documentales o películas nos hemos enterado de cómo las habilidades de Armstrong permitieron maniobrar la nave para ayudarla a aterrizar en un lugar seguro.

Sin embargo, esa está lejos de ser toda la historia. De hecho, un participante vital en este proceso fue nuevamente el software de la programadora Margaret Hamilton y su equipo del MIT. Gracias al anuncio oportuno del programa que detectó un error en la configuración de la nave, se supo que era necesario hacer ajustes internos y modificar la trayectoria original de aterrizaje.

Una vez se cumplieron todos esos pasos, finalmente los astronautas, Neil Armstrong y Buzz Aldrin, pudieron bajar a la Luna el 20 de julio de 1969, y marcar el hito en la historia de la humanidad. Acá es donde debemos destacar nuevamente que, de no ser por el software de Hamilton, esto tal vez no hubiera sido posible.

El software informático de las misiones Apolo

Hoja con códigos listados en columnas que muestra los cálculos realizados para el adecuado funcionamiento del software del Apolo 11.
Página número 45506-A del software informático de orientación de vuelo Apolo creado por Hamilton y su equipo del MIT. / Crédito: Museo Nacional del Aire y el Espacio Smithsoniano

Debido a la limitada memoria de las computadoras de la época, Hamilton ideó una forma distinta de proveer con instrucciones a su programa informático. Por lo general, se trabajaba con hojas perforadas que daban instrucciones a través de patrones a grandes interfaces. Hamilton dio un giro a esto al traer la propuesta de las “cuerdas”.

Las “cuerdas” propuestas por la programadora eran justamente tiras de cobre “tejidas” de forma que sus dobleces y nudos representaran unos y ceros. De este modo, logró introducir con el sistema binario muchas más instrucciones en la abarrotada memoria de las máquinas de entonces.

Fue justamente este sistema el que potenció el programa que dio la alerta en el Apolo 11. Acá, la propia Hamilton destacó nuevamente otra característica vital de su creación:

“Rápidamente quedó claro que el software no solo informaba a todos que había un problema relacionado con el hardware, sino que lo compensaba: reiniciando y restableciendo las tareas de mayor prioridad. Los mecanismos de detección y recuperación de errores habían acudido al rescate. Fue un alivio total cuando aterrizaron, tanto que los astronautas estaban a salvo como que el software funcionaba perfectamente”.

Desde entonces, comenzó a hacerse notoria la apreciación del software como un punto vital de las misiones espaciales. De hecho, según Hamilton, fue desde ese momento que se entendió que el éxito de estas estaba en la triada creada por el hardware, el software y la intervención humana.

La programadora Margaret Hamilton pasa a la historia

Hamiltong recibe la medalla de la Libertad de parte del expresidente Barack Obama.
Crédito: Andrew Harnik/AP.

Para el momento del alunizaje, Hamilton era una joven de 32 años. Por lo que, desde esa corta edad pasó a ser uno de los nombres femeninos que han marcado la historia de la NASA, colocándose junto a otras féminas memorables como la “computadora humana” Katherine Johnson.

Décadas más tarde, la NASA galardonaría a la programadora Margaret Hamilton con 37,200 dólares y el NASA Exceptional Space Act Award del 2003. Igualmente, poco más de diez años después, en el 2016, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, la condecoraría con la Medalla de la Libertad.

La “ingeniería de software” y el legado de Hamilton

Además de la marca que Hamilton ha dejado en el mundo de la exploración espacial, su huella realmente se extiende mucho más allá. La mujer fue pionera en el ámbito de la programación y fue responsable de la propagación del término “ingeniería del software” al lograr que se reconociera la importancia del desarrollo del código como equivalente a la de la creación del hardware.

Igualmente, Hamilton también fue pionera en general en el mundo de las ciencias. Ya que fue una de las pocas mujeres de la época que logró figurar en el ámbito y recibir el adecuado reconocimiento por ello. Gracias a ejemplos como el de ella, con el paso de los años las mujeres han aumentado su participación en el mundo de las ciencias. No obstante, aún queda un largo camino por recorrer para ver una participación equitativa de ambos sexos en estas áreas del conocimiento.

En su entrevista, como consejo final, Hamilton recomendó a las jóvenes científicas que no tuvieran miedo a preguntar, a decir que no entienden algo o que no lo saben, ya que considera que “no hay preguntas tontas”. Asimismo, les aconseja no siempre escuchar lo que los “expertos” dicen. Ya que solo de un pensamiento innovador y de una mente abierta es que verdaderamente surgen las ideas que pueden marcar la historia.