Una guerra nuclear es una amenaza muy temible que, por mucho tiempo, estuvo latente entre Estados Unidos y la URSS durante la Guerra Fría. Ambas naciones soportaron tensiones por muchos años, pero lo que no todos saben es que, debido a un error, casi se desata una guerra termonuclear que terminaría en un terrible desastre para la humanidad.

Las tensiones entre ambas potencias las llevaron a estar preparadas para que se desatara un conflicto en cualquier momento. En este sentido, ambas naciones prepararon su arsenal de armas con misiles nucleares del tipo Inter-Continental Ballistic Missile (ICBM), para lanzar por el aire con capacidad de llegar a otro continente, y del tipo Submarine-Launched Ballistic Missile (SLBM), que se lanza desde un submarino.

Estados Unidos, Canadá y Alaska crearon el Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial (NORAD, por sus siglas en inglés), una sede situada en la Montaña Cheyenne, en Colorado, dedicada a detectar e identificar aviones soviéticos con el objetivo de prepararse para defender y atacar al enemigo. El mismo contaba con una serie de radares de gran potencia capaces de localizar un misil a tres horas de distancia del continente.

Estaban tan avanzados tecnológicamente y contaban con tal protocolo, que dentro de los planes estaba la automatización de las respuestas a los ataques de este estilo, de forma que se pudieran evitar errores humanos. Afortunadamente, este paso aún estaba lejos de implementarse, pues de haber sido lo contrario, quizás la mitad de la humanidad hubiera desaparecido el 9 de noviembre de 1979.

¡Misiles aproximándose!

Computadoras de la NORAD

A las 9 de la mañana de ese día, una alerta encendió las alarmas en el NORAD: aproximadamente 300 misiles soviéticos se acercaban al continente a toda velocidad en lo que parecía ser un ataque sorpresa. Era el inicio de la guerra.

La alerta se vio reflejada en las computadoras del NORAD, en el Mando Nacional del Pentágono y en el Mando Alternativo Nacional. Se decía que era un ataque de categoría MAO-3, el cual iba destinado a destruir las armas nucleares del enemigo, así como las sedes de los poderes públicos. Este suponía el segundo tipo de atentado más peligroso en la clasificación de ataques nucleares.

Así, la respuesta más lógica en el momento era la de aplicar la estrategia de destrucción mutua asegurada, la cual es básicamente lanzar un ataque que acabe con el enemigo antes de que este, inevitablemente, te destruya a ti. En este sentido, los norteamericanos se prepararon para lo peor, así que despegaron ocho cazas estadounidenses y dos canadienses para interceptar los misiles soviéticos. También tenían listo el despegue de unos bombarderos cargados de bombas nucleares dirigidas a los objetivos soviéticos.

El pánico se acrecentó cuando la sala de control del NORAD detectó impactos de misiles en territorio norteamericano. Definitivamente parecía el inicio de la guerra, pero algo simplemente estaba faltando para poder poner todas las piezas y dar la orden.

Si había 300 misiles a punto de tocar el continente, ¿por qué no todos los mecanismos de detección estaban lanzando la alerta? Las computadoras indicaban un ataque inminente, pero los radares, que eran los capacitados para alertar al respecto, no mostraban ningún misil a la vista. Contraatacar era fundamental, pero se trataba de una decisión increíblemente importante, así que era imperativo verificar la veracidad de la información.

En este sentido, a pesar de que todo estaba preparado para iniciar la guerra, desde Washington se ordenó que no se iniciara ningún ataque aún hasta que se hiciera un chequeo de la alerta. Hoy en día podemos decir que esta verificación fue la que salvó la mitad de la humanidad, pues luego de hacer las revisiones pertinentes, se descubrió que no había ningún ataque de categoría MAO-3. De hecho, no sucedía ningún ataque en absoluto.

Una simple simulación

Sede de la North American Aerospace Defense Command (NORAD)
Sede de la North American Aerospace Defense Command (NORAD)

Después de verificar que no hubo ningún impacto y que las bases norteamericanas estaban intactas, se descubrió que lo que había encendido las alarmas había sido nada más y nada menos que una simulación. Alguien había introducido una cinta de entrenamiento en los ordenadores para utilizarla como base de datos para el análisis de amenazas posibles.

Toda la alerta era un juego de guerra que había sido grabado con anterioridad. Era un simple sistema en explotación que tenía como objetivo hacer una prueba para mejorar el adiestramiento de las tropas, de forma que estas estuvieran preparadas en caso de que ocurriera una situación real. En vista de esto, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos determinó que los sistemas de prueba fueran aislados del NORAD, renunciando a la idea de automatizar la respuesta a ataques soviéticos.

Entonces, si lo vemos desde otro punto de vista, el objetivo de la cinta de entrenamiento se cumplió exitosamente, pues esta fue, en efecto, una de las situaciones más realistas —y con la mejor resolución posible— por las que pudo atravesar la defensa norteamericana.