personas con mascarillas contra el coronavirus en tren de Japón

La pandemia de COVID-19 ha puesto al mundo de cabeza. Incluso las grandes potencias se han visto afectadas por la transmisión acelerada de la enfermedad, y los bloqueos drásticos han sido la única forma de frenarla. Pero la estrategia implementada por Japón para abordar el brote de coronavirus nunca llegó a esos extremos, y aún así pudieron controlar el brote.

Como es de esperar, el éxito de Japón llamón la atención de los medios, y de los investigadores, que llegaron a una respuesta lógica en un nuevo estudio. Según su artículo en la revista Scientific Reports, solo el estado de emergencia y la solicitudes de cooperación bastaron para reducir el contacto social, y por consiguiente, la transmisión de la COVID-19.

Estado de emergencia y cooperación, la estrategia de Japón contra el coronavirus

Recapitulemos un poco: Japón declaró su estado de emergencia el 7 de abril, y con ello planteó una serie de pasos que constituyeron su estrategia por luchar contra el coronavirus. Entre ellos, cerrar negocios, trabajar desde casa y restricciones de viaje, pero nunca tan drásticas como un bloqueo obligatorio ya que su ley lo prohíbe.

A diferencia de otros países, Japón no pudo implementar un bloqueo nacional obligatorio, ni siquiera por su proximidad al epicentro inicial del virus, China. Entonces, sin sanciones, ¿cómo es que logró reducir su tasa de contagios? Tal parece que la disciplina y cooperación de su población fueron la clave del éxito.

Menos contacto físico tras declarar estado de emergencia

Los investigadores del Instituto de Ciencias Industriales de la Universidad de Tokio extrajeron y examinaron los datos de más de 200,000 usuarios de teléfonos móviles. La base incluyó datos registrados entre enero y abril, y representaban alrededor del 2 por ciento de la población.

Con esta información, calcularon el movimiento humano y las tasas de contacto físico a una escala de celda de cuadrícula de 100 metros, tanto antes como después del estado de emergencia.

Los resultados revelaron que una semana después del estado de emergencia, la movilidad humana en el país asiático se redujo en un 50 por ciento; esto también condujo a una caída de los contactos sociales del 70 por ciento.

Menos salidas, menos contactos y menos coronavirus

ciudad de japón vacía por la estrategia de distanciamiento social para contener la propagación del coronavirus
La estrategia de las autoridades de Japón para abordar el coronavirus se basó en solicitudes y no es sanciones.

Un análisis más detallado se enfocó en las principales estaciones de tren alrededor del centro de Tokio, incluida la estación Shinjuku, la más concurrida de todo el mundo. Para el 14 de abril, la ciudad tuvo entre un 76 y 87 por ciento menos visitas en comparación con enero, cuando a crisis aún no había estallado.

Los investigadores también examinaron la proximidad espacial de las personas, y curiosamente, también se redujo tras el estado de emergencia. Sus cálculos arrojaron una disminución del contacto físico casi al nivel del 80 por ciento reportado por las autoridades.

En pocas palabras, la llegada del coronavirus y consecuente implementación de medidas en Japón limitó significativamente la movilización de las personas. Las personas salían menos, y si lo hacían, se quedaban más cerca de casa. Además, estas tendencias bajistas parecían corresponder con las solicitudes gubernamentales de trabajar de forma remota y el cierre de las escuelas.

El estudio también confirmó lo advertido por trabajos previos realizados en Occidente. Las personas con mayores ingresos tienen mayor capacidad de reducir el contacto social, y por ende, de reducir la propagación del patógeno.

Así que, en definitiva, Japón nos demuestra que, siempre que haya disciplina y cooperación, no será necesario implementar estrategias drásticas para emergencias como la del coronavirus. Asia nos deja un ejemplo que deberíamos seguir.

Referencia:

Non-compulsory measures sufficiently reduced human mobility in Tokyo during the COVID-19 epidemic. https://www.nature.com/articles/s41598-020-75033-5