Edición de un bombillo en cuyo tope se ha unido la imagen de un cerebro, sobre fondo negro.
Vía Pxfuel.

Constantemente en nuestro día a día tomamos dediciones. Desde seleccionar un sabor de helado hasta elegir el lugar en el que vamos a vivir, desencadenan en nuestra mente procesos valorativos que nos ayudan a decantarnos por la opción más beneficiosa. Todos sabemos esto, pero realmente no tenemos una idea muy clara de cómo. Para aclararlo, la reciente investigación de la revista Nature nos da un paseo por la actividad de las neuronas y cómo estas pueden influenciar directamente nuestra toma de decisiones.

Para estos momentos, hemos podido aprender cómo el cerebro se organiza para tomar decisiones. Igualmente, sabemos que factores biológicos como el hambre y otros elementos ambientales como la temperatura pueden afectar nuestro proceso de decisión. Sin embargo, es ahora con esta nueva investigación que podemos tener una mirada interna más detallada a la forma en la que estos procesos se desarrollan.

El estudio estuvo a cargo de Camillo Padoa-Schioppa y sus colegas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis. Para poder llevarlo a cabo, los investigadores se basaron en variados experimentos en monos, durante los cuales midieron la actividad neuronal de estos.

La actividad de nuestras neuronas condiciona nuestra toma de decisiones

Investigaciones recientes han revelado cómo nuestro cerebelo juega un rol vital en la toma de decisiones. Sin embargo, en estos momentos, el área cerebral que sigue siendo considerado el principal para estos procesos es la corteza orbitofrontal.

Para el 2006, Padoa-Schioppa y su colega John Assad introdujeron un primer estudio en Nature que reflejaba a la corteza orbitofrontal como el centro de valoración subjetiva de los estímulos. Con esto, se dio la primera pista de que la actividad de las neuronas en ella podía tener un rol determinante en la toma de decisiones. Sin embargo, no se había encontrado la forma de relacionar ambos elementos de forma directa.

Ahora, más de una década más tarde, Padoa-Schioppa finalmente ha encontrado la comprobación que buscaba. Gracias a ella, se ha podido determinar que el nivel de actividad neuronal (alto o bajo, rápido o retardado) que active un estímulo en la corteza orbitofrontal puede usarse como un indicador acertado a la selección que hará el individuo.

Cambiando patrones

Para comprobar su hipótesis, los investigadores manejaron dos experimentos en primates. El primero de ellos implicó presentar a los monos con más de once diferentes bebidas entre las que elegir. Entre ellas se contaron algunas como la limonada, el jugo de uva, el de cereza, el de durazno, el de manzana, el de arándano y el de sandia, así como también ponche de frutas o de kiwi, té de menta y agua con sal.

Cada uno de los primates mostró una preferencia clara por alguna de las bebidas cuando le daban a elegir. Junto a dicha preferencia, los escáneres neuronales a los que estaban conectados registraron más actividad de las neuronas en la corteza orbitofrontal cuando el animal observaba la bebida que iba a seleccionar.

Para probar esto con más detalle, luego los investigadores estimularon con electrodos indoloros las neuronas que representaban una opción más que otra. Luego de esto, a pesar de que la preferencia anterior del mono ya estaba marcada, cada primate terminó por seleccionar la alternativa que se activó con más fuerza en su cerebro. Por lo que, se comprobó cómo la actividad de las neuronas en esta área es un indicador y modificador vital del proceso de toma de decisiones.

Decidir sin interrupciones

El segundo experimento se desarrolló con la intención de comprobar específicamente la importancia de que la actividad se dé en la corteza orbitofrontal. Para esto, cambiaron el esquema de decisión y se les presentó a los monos una bebida por vez, antes de que pudieran decidir cuál preferían.

En este caso, una vez terminó la presentación de las bebidas, los investigadores estimularon indoloramente con más electrodos la corteza orbitofrontal. Como consecuencia, el proceso de valoración de algunas de las bebidas se vio interrumpido. Luego de esto, los monos seleccionaron sin falta las bebidas cuyo proceso deliberativo no había tenido interrupciones. Con esto, se demostró que las alteraciones en el funcionamiento de esta área cerebral pueden también modificar la decisión final de los individuos.

Implicaciones del nuevo conocimiento para la ciencia

Ya en otras oportunidades se ha hablado de que nuestras limitaciones cognitivas pueden hacernos propensos a tomar malas decisiones. Sin embargo, con este nuevo estudio se podría entender con mucha más claridad el por qué detrás de esta situación.

Asimismo, afecciones como la adicción, la depresión, la esquizofrenia y algunos trastornos alimentarios también podrían encontrar una explicación más detallada gracias al nuevo conocimiento. De este modo, se podrían desarrollar tratamientos mucho más acertados y eficientes. Es decir, unos que tengan en cuenta el accionar de las neuronas y su efecto sobre nuestra toma de decisiones.

Referencia:

Values encoded in orbitofrontal cortex are causally related to economic choices: https://doi.org/10.1038/s41586-020-2880-x