Imagen en verde y negro que representa un rostro humano delineado solo con líneas sobre un fondo con hileras unos y ceros.
Vía Pxfuel.

El campo de la inteligencia artificial (IA) ha dado grandes saltos en las últimas décadas y el mundo ha comenzado a prestar cada vez más atención a sus capacidades. Sin embargo, este nuevo interés ha venido sazonado con su propia cantidad de desconfianza y preocupación. Como muestra de esto, un estudio realizado por Melissa D. McCradden, Tasmie Sarker y P. Alison Paprica reflejó la percepción popular sobre la IA en áreas tan vitales y delicadas como la atención médica.

Específicamente el área de la salud, ha dado pasos agigantados y ha aprovechado la infinidad de usos de la IA para mejorar sus servicios. No obstante, su camino evolutivo apenas empieza. Por este motivo, las investigadoras vieron relevante el investigar cómo se percibían estos cambios para la población y qué tan posible es que su uso se acepte con normalidad en el futuro.

Para llevar esto a cabo, se preparó un modelo de investigación cualitativa que trabajó con seis grupos focales o focus groups en dos ciudades canadienses en Ontario: Sudbury y Mississauga. Los datos recopilados durante el 2019 fueron los que dieron pie a la reciente publicación de su estudio y a la nota divulgativa complementaria presentada por McCradden y Paprica en el medio The Conversation.

Opiniones generales sobre la IA en nuestra cotidianidad

Para iniciar las entrevistas en los seis grupos, los investigadores se decantaron por escuchar en primer lugar las opiniones de los asistentes sobre la inteligencia artificial en general. De este modo, se establecía una base desde la cual comparar si la percepción de la IA en la atención médica llegaba a ser más o menos favorable que la general.

Entre las respuestas recibidas, una dada por uno de los participantes de los grupos focales de Mississauga llamó la atención de Paprica y McCradden, por lo que no pudieron evitar destacarla:

“Puedes crear un Terminator, literalmente, algo que sea artificialmente inteligente, o la Matrix…[luego] sale mal, intenta apoderarse del mundo y los humanos tienen que luchar contra eso. O puede ir en el absoluto opuesto donde [presta] ayuda… androides… implantes… Como dije, es ilimitado por ambas vías”.

Con esto, se representa en general la visión de los participantes muestreados. A pesar de no tener conocimientos posibles en el área, todos fueron capaces de reconocer los beneficios que la IA podría traer a la sociedad. Sin embargo, también señalaron con ahínco todas las posibilidades negativas que podrían venir de la mano con la llegada de la inteligencia artificial a nuestra cotidianidad.

“Se presenta como amigable y útil, pero siempre está mirando y escuchando… Así que estoy entusiasmado con las posibilidades, pero preocupado por las implicaciones y por la privacidad personal”, comentó otro participante, esta vez del grupo focal de Sudbury.

En total, hubo 41 participantes cuidadosamente seleccionados para los grupos focales. Las muestras se dividieron casi uniformemente con 21 hombres y 20 mujeres. Por su parte, los rangos de edad si fueron mucho más dispersos, rondando desde los 25 hasta los 65 años. Asimismo, ninguno era experto en IA ni tenía grandes conocimientos iniciales en el área.

Percepción sobre la IA en la atención médica: una posibilidad menos amenazante

Una vez recolectada la percepción inicial sobre la IA, las investigadoras quisieron determinar si esta cambiaba al ligarla a la atención médica. Para esto, diseñaron no uno sino tres distintos modelos hipotéticos (con diferentes niveles de participación de la IA) en los que se reflejaba esta como parte de los sistemas de salud.

Para sorpresa de las investigadoras, la preocupación no fue tan común en ninguno de los escenarios planteados. De hecho, la mayoría de los participantes se mostraron de acuerdo con que el uso de la inteligencia artificial podría desatar cambios y mejoras altamente beneficiosas para la medicina y para el estudio científico.

En general, los entrevistados consideraron que sería un beneficio general el uso de datos de la salud junto con las capacidades de la IA. Asimismo, reconocieron que ella posee capacidades de análisis y manejo de macrodatos con las que los humanos solo podemos soñar. Por lo que, como consecuencia, su implementación en la medicina podría hacer los estudios, diagnósticos y tratamientos elementos mucho más acertados y eficaces.

Todo tiene su ‘pero’

“Descubrimos que los miembros del público apoyaron el uso de datos de salud en tres escenarios de investigación de IA de salud realistas, pero su aprobación tenía condiciones y límites”, comentaron Paprica y McCradden.

A pesar de las reacciones favorables iniciales, los participantes de los focus groups en general pusieron ‘peros’ para su aceptación de la inteligencia artificial. En otras palabras, aunque su percepción general de la IA en la atención médica es mayormente positiva, esto no implica que no tengan preocupaciones. Unas que, además, se deban abordar para que estén totalmente conformes con la implementación de la nueva tecnología.

Privacidad: un factor decisivo para la percepción favorable de la IA en la medicina

Uno de los principales elementos en los que los seis grupos focales coincidieron fue en el manejo de la privacidad. En general, les preocupa que los datos médicos obtenidos inicialmente luego puedan terminar utilizados para otros fines. Esto, además, sin que los dueños originales de esa información se enteren.

Por encima también se mencionaron las preocupaciones por la vigilancia continua a la que podríamos someternos a causa de la IA. Un elemento que, según varios participantes, es un problema que ya tenemos en la actualidad.

Finalmente, los participantes resaltaron que lo “importante que es tener la seguridad de que se protegerá la privacidad y la transparencia sobre cómo se utilizan los datos en la investigación de IA en salud”, comentó el dúo de autoras principales.

Sobre el desarrollo de la IA en la medicina y su posible autonomía

Por otro lado, un detalle que también preocupó a los participantes era la posibilidad de que nos volviéramos demasiado dependientes a la inteligencia artificial. Debido a esto, como consecuencia, podríamos terminar perdiendo habilidades al confiar los procesos a la automatización.

Acá todos concordaron en que su percepción sobre la IA en la atención médica sería favorable solo si se la mantiene como una herramienta. En pocas palabras, consideran que la manipulación de la inteligencia artificial y las conclusiones finales aún deberían yacer en manos de los humanos. De esta forma, la IA se transforma en una facilitadora del trabajo, pero no lo monopoliza ni obstaculiza el trabajo humano ni sus interrelaciones.

Aprender y crecer

“Los participantes de los grupos de enfoque –de los cuales ninguno era experto en IA– tenían algunas ideas importantes y sugerencias concretas sobre cómo hacer que la investigación de la IA en salud sea más responsable y aceptable para el público”, comentaron las autoras.

Efectivamente, los individuos seleccionados para este estudio no eran conocedores del área. Sin embargo, sus perspectivas llegaron a ser enriquecedoras a los ojos de las investigadoras ya que expresaron las preocupaciones y miedos del común denominador.

En pocas palabras, gracias a su estudio las científicas pudieron delimitar las áreas en las que la IA aplicada a la atención médica podría mejorar para aumentar su aceptación ante el público general.

 “Al comprender y abordar las preocupaciones del público, podemos establecer formas confiables y socialmente beneficiosas de usar datos de salud en la investigación de IA”, concluyen Paprica y McCradden.

Referencia:

Conditionally positive: a qualitative study of public perceptions about using health data for artificial intelligence research: http://dx.doi.org/10.1136/bmjopen-2020-039798