Cuatro mujeres embarazadas y con ropa deportiva de pie alineadas una al lado de la otra con una perspectiva que ofrece un punto de fuga hacia el horizonte. Aca mujer abraza su barrica con su manos de una forma distinta, pero todas protectoras.
Vía: Bellysimo Maternity Wear.

Todas las mujeres buscan tener un embarazo sano y, para ello, se cuidan lo más posible de no hacer nada que afecte a su futuro bebé. Igualmente, favorecen los entornos, alimentos ya actividades sanas que, por otro lado, fomenten el desarrollo del feto. Ahora, una de estas últimas costumbres se ha reforzado al comprobar que los niveles altos de vitamina D durante el embarazo se relacionan con un mayor IQ en los niños durante su crecimiento.

Los resultados que comprueban esta asociación de publicaron recientemente en el Journal of Nutrition. Para obtenerlos, el equipo de investigadores contó con los registros del estudio Condiciones que afectan el desarrollo y el aprendizaje neurocognitivos en la primera infancia (CANDLE). Esta cohorte de Tennessee albergó los datos de madres que desde 2006 tuvieron monitoreados tanto su embarazo como los primeros años de sus bebés. Gracias a estos, una creencia general ha encontrado bases científicas sobre las que sostenerse.

Niveles elevados de vitamina D durante el embarazo se traducen en un mayor IQ infantil

La autoría principal de la investigación, y la también encargada de su dirección, Melissa Melough, comentó que los mayores resultados se veían en los niños del estudio cuando estos se encontraban entre los 4 y los 6 años. En este grupo etario, los niños que nacieron de embarazos con altos niveles de vitamina D, mostraban un IQ mayor al del promedio. Asimismo, también superaron en general el IQ de sus contrapartes que tuvieron déficits de la vitamina durante su gestación.

Sin embargo, la también investigadora científica del de Salud, Comportamiento y Desarrollo Infantiles del Instituto de Investigación Infantil de Seattle, aclaró que estos resultados, aunque comprueban una relación, no indican aún causalidad. Por lo que, aunque se sabe que ambas características convergen, no se puede hablar de una relación causa-efecto entre ellas.

No funciona igual para todas las madres

Sin embargo, la falta de una comprobación de los efectos positivos de la vitamina D no implica que no hubo otras grandes revelaciones. Para este caso, vino de las madres que tuvieron un embarazo bajo en vitamina D y cuya descendencia tuvo un IQ más bajo al promedio.

En la muestra heterogénea étnicamente hablando, una vez se hizo la división entre los embarazas de alta o baja vitamina D, se pudo ver que el color de piel de las madres parecía ser un factor determinante para la división. Incluso, se determinó que las mujeres de tez negra tienen a tener los mayores problemas de deficiencia de la vitamina.

“El pigmento de melanina protege la piel contra el daño solar, pero al bloquear los rayos UV, la melanina también reduce la producción de vitamina D en la piel. Debido a esto, no nos sorprendió ver altas tasas de deficiencia de vitamina D entre las mujeres embarazadas de raza negra en nuestro estudio”, explicó Melough..

Según comenta la investigadora, aproximadamente 80% de las mujeres negras embarazadas en los estados unidos sufre de deficiencia de vitamina D. Por su parte, dentro de la muestra total investigada, al menos el 45% de las madres tenían este problema; siendo las mujeres de raza negra las que presentaron los valores de vitamina D más bajos.

Cuando la vitamina D es ineficiente, no afecta el IQ desarrollado durante el embarazo

Un punto que vale la pena resaltar es que, así como un alto nivel de vitamina D durante el embarazo dio como resultado niños con IQs más altos, aquellos que tuvieron deficiencias se asociaron con infantes con un desarrollo cognitivo menor. Melough ha declarado que desea poner atención a este hecho para que se haga de conocimiento popular. Todo esto ya que se comprueba de nuevo que aquello que hace la madre, afecta el hizo. Como resultado, si esta no se cuida apropiadamente, el desarrollo neurológico del infante sufrirá.

Suplementos al rescate

Como una forma de superar este problema, la doctora recomienda la ingesta de suplementos. En general, se espera que nuestra ingesta o absorción diaria de vitamina D sea de 600 UI (Unidades Internacionales). Pero, en países como Estados Unidos, la media de consumo roza las 200 UI.

Ahora, si a esta costumbre se le suma una tendencia natural al déficit de vitamina D, notamos que una buena dieta y exposición al Sol ya no son suficientes. En estos casos, el uso de suplementos podría ser la única alternativa para mantener sanas las dos vidas que se están cuidando en ese momento –la propia y la del bebé–.

Con esta información, Melough espera haber podido sentar nuevas bases para el desarrollo de libros de nutrición especializados para las futuras madres. Al final, en estos, se ofrecerían todas las recetas y tips para llevar una vida alta en vitamina D.

Referencia:

Maternal Plasma 25-Hydroxyvitamin D during Gestation Is Positively Associated with Neurocognitive Development in Offspring at Age 4–6 Years: https://doi.org/10.1093/jn/nxaa309