Octopus bimaculoides, pulpo cuyos brazos pueden saborear
Octopus bimaculoides. Foto: Thomas Kleindinst.

Los brazos de los pulpos están cubiertos con cientos órganos que les permiten saborear a sus presas antes de comerlas. De este modo, pueden cerciorarse de que cazaron un alimento saludable y no uno tóxico.

Los investigadores de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, presentaron sus hallazgos sobre el tema en la revista Cell. En su artículo explican que estas ventosas tienen muchas células capaces de detectar sabores tal como lo hacen las papilas gustativas en los humanos.

Ochos brazos inteligentes y catadores

Cuando vemos animales comer, rara vez pensamos en si serán capaces de saborear y disfrutar su comida como lo hacen los humanos. Pero en algunos casos, parece que esto sí es posible, y como ejemplo tenemos los pulpos.

Los pulpos son moluscos sumamente inteligentes con un sistema nervioso tan descentralizado que sus brazos pueden tomar decisiones propias. Pero el nuevo estudio ha revelado que estos también están dotados de ventosas que funcionan como la lengua y sus papilas gustativas de los humanos. Estas les permiten probar sus presas antes de consumirlas.

Cabe destacar que estos animales cuentan con un órgano mucho más parecido conocido como rádula, pero a diferencia de la lengua humana, no es capaz de saborear. Se ubica en su boca y se encarga de cortar y raspar a sus presas, por lo que es comparable con los dientes.

Los pulpos pueden saborear su comida con sus brazos antes de tragarla

pulpo cazando una presa en un estanque
Pulpo cazando una presa con sus brazos, que también le permiten saborearla antes de consumirla. Crédito: Peter Kilian

Los brazos de los pulpos están forrados con ventosas que incluyen una variedad de células que intervienen en el procesamiento neuronal de las señales del tacto y del gusto. Dicho de una forma más simple, estos órganos les permiten determinar si una presa es apta para comer o si es mejor descartarla.

Se trata de una capacidad bastante útil considerando que los pulpos son cazadores hábiles, pero no demasiado selectivos. Simplemente meten sus extremidades en las grietas en las que quepan en busca de presas que se hayan escondido al detectarlas. Pero bien sabemos los humanos que no todo lo que brilla es oro, y no todo lo que luce apetecible lo es.

Receptores del gusto sensibles a sustancias tóxicas en el agua

Los investigadores examinaron estas células succionadoras en los pulpos de dos manchas de California (Octopus bimaculoides) a nivel molecular. En el proceso confirmaron que algunas de ellas responden al tacto, pero se sorprendieron al notar que también reaccionaban al sabor de ciertas sustancias en el agua.

Después usaron una técnica llamada electrofisiología que permite medir la actividad eléctrica de las células. El objetivo en este paso era determinar qué tan sensibles eran los receptores del gusto y del tacto de las ventosas en los brazos a diferentes tipos de sabores y olores.

Así descubrieron que los receptores en las ventosas reaccionaban a sustancias químicas solubles en agua, como la cloroquina amarga. Pero más importante aún, respondían a sustancias química no solubles en el agua, como las emitidas por presas pueden llegar a ser tóxicas si las consumen.

El hallazgo se suma a la evidencia de que los ocho apéndices que componen el cuerpo de los cefalópodos son realmente inteligentes. Tan inteligentes que podemos percibirlos como lenguas, manos y cerebros y no estar exagerando.

Referencia:

Molecular Basis of Chemotactile Sensation in Octopus. https://www.cell.com/cell/fulltext/S0092-8674(20)31149-1