Sabemos que la sociedad aún tiene sus reservas cuando se trata de diversidad sexual. Ya sea por razones de crianza o religiosas, muchos no terminan de aceptar que cada persona está en su derecho de enamorarse de quien quiera. A lo largo de la historia se ha intentado cambiar esta perspectiva y proteger a estas personas con distintos proyectos, aunque algunos no hayan sido tan acertados. Este es el caso de la ley ‘Don’t ask, don’t tell’, una que afectó a los militares LGBT en Estados Unidos por casi 20 años.

Para entender lo que sucedió, debemos entrar en contexto. Y no, no hablamos solo de los Estados Unidos en los años 90, sino que esto se remonta mucho más allá.

En general, cualquier persona que no fuera heterosexual tenía prohibido pertenecer al ejército de los Estados Unidos. Esto comenzó a pasar luego de la guerra de independencia, cuando se castigaba la “sodomía” (vista en aquel entonces como sexo oral o anal) con la expulsión de la persona implicada. El primer caso registrado fue el de Frederick Gotthold Enslin, quien fue expulsado con deshonor en el año 1778.

El delito de sodomía siguió siendo parte importante dentro de las leyes del ejército del país, pero no fue sino hasta 1942 cuando se prohibió por completo que los homosexuales ingresaran al ejército estadounidense. Así, se aplicaron revisiones rigurosas de cada soldado que era reclutado o que quisiera entrar por cuenta propia. En este sentido, hubo casos en los que muchos homosexuales mintieron para formar parte del ejército, así como muchos otros que fingieron serlo para evitar que los reclutaran durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1957 se presentó el informe Crittenden, el cual estaba dedicado a estudiar la orientación sexual y cómo esta afecta a la armada. En conclusión, el informe no encontró razones para excluir a las personas homosexuales del ejército, pero no recomendó hacer cambios en las leyes de entonces debido a la “moralidad social”.

En la década de los 80, esta norma comenzó a cambiar. La sociedad se estaba moviendo hacia un pensamiento más inclusivo, y muchos políticos empezaron a abogar por cambiar las leyes del ejército.

La gota que derramó el vaso

Fotografía de Allen Schindler
Allen Schindler

En el año 1992, un evento desafortunado ocurrió en la Marina de los Estados Unidos. Allen Schindler había sido asesinado en un baño público en Sasebo, Nagasaki, Japón, a manos de sus compañeros Terry M. Helvey y Carlos Vins. ¿La razón? Era homosexual.

Mientras trabajaba en la marina, Schindler se quejó en varias oportunidades del acoso que recibía por parte de sus compañeros, quienes constantemente se metían con él de forma violenta. Esto había llevado a Schindler al borde, así que empezó con el proceso de dejar la marina. Sus superiores le dijeron que debía quedarse en el barco hasta que terminara el proceso, y así lo hizo, a pesar de que temía por su seguridad.

El 27 de octubre de 1992, Helvey, acompañado de su cómplice, Vins, siguió a Schindler hasta un baño público y lo golpeó brutalmente hasta la muerte. Tal fue la violencia que el cuerpo quedó irreconocible, al punto que el médico forense comparó el cuerpo de Schindler con el atropello mortal de un caballo, o un accidente de tráfico a alta velocidad. Sus familiares pudieron reconocer su cuerpo solo por un tatuaje que tenía en un brazo, pues su rostro quedó totalmente desfigurado.

Ese mismo año se celebrarían las elecciones presidenciales, y uno de los candidatos que había estado de acuerdo en eliminar las leyes contra los homosexuales en la armada era Bill Clinton, quien se convirtió en el presidente de los Estados Unidos. En vista del revuelo que causó la muerte de Schindler, que terminó siendo una más en una larga lista de abusos hacia los homosexuales, decretó la ley ‘Don’t ask, don’t tell’.

Una ley para nada satisfactoria

Fotografía de Barry Winchell
Barry Winchell

En lugar de dar un paso al frente, parecía que Clinton estaba dando uno atrás. El decreto de la ley había significado que el demócrata no cumpliera con su promesa de eliminar por completo las sanciones contra los homosexuales, sino que, en vista de la fuerte oposición a este mandato, tuvo que llegar a un consenso intermedio con la aplicación de esta nueva ley.

‘Don’t ask, don’t tell’ fue una ley que afectó a los militares LGBT en lugar de ayudarlos. La misma consistía en lo que dice su propio nombre, ‘no preguntes, no digas’, es decir que los homosexuales podían ingresar a la armada de los Estados Unidos, pero no podían decir cuál era su orientación sexual y no se le tenía permitido a ninguno de sus superiores o compañeros preguntarle al respecto.

Además de esto, los reclutas LGBT no tenían permitido hacer ningún tipo de acto que pudiera revelar su orientación sexual durante su servicio, como tener relaciones sexuales o tener parejas del mismo sexo. En caso de incumplir esta normativa, serían licenciados.

Por supuesto, esta ley no hacía prácticamente ninguna diferencia con respecto a lo que sucedía antes. Los homosexuales seguían siendo sancionados por su orientación sexual, así que no hubo ningún cambio significativo. Por supuesto, las protestas se hicieron notar, pero realmente no hubo ningún cambio luego de eso.

Y así como Schindler, otros militares fueron víctimas del odio de otros soldados. Tal fue el caso de Barry Winchell, quien fue asesinado en 1999 por su compañero Calvin Glover debido a que estaba saliendo con una mujer transgénero llamada Calpernia Addams.

El asesinato de Winchell llevó a Clinton a revisar las políticas de ‘Don’t ask, don’t tell’, con lo cual se introdujo una nueva cláusula a la misma: ‘don’t harass’, o ‘no acoses’. Tal como sucedió con la ley en sí misma, esto no generó un cambio muy trascendental dentro de la armada estadounidense.

Derogación de la ley

Obama en la derogación de la ley 'Don't ask, don't tell'
Obama en la derogación de la ley ‘Don’t ask, don’t tell’

Las críticas y las protestas continuaron hasta el año 2009, cuando Barack Obama tomó la presidencia de los Estados Unidos. En octubre de ese año, Obama aseguró que acabaría con esta ley durante su discurso para la Human Rights Campaign. Un año después, en octubre de 2010, una encuesta oficial del Pentágono reveló que dos tercios de los militares estadounidenses estaban de acuerdo con que las personas LGBT prestaran servicio militar.

Hubo dos intentos de derogar la ley, el primero el 21 de septiembre y el segundo el 9 de diciembre. Pero como la tercera es la vencida, finalmente el 18 de diciembre de 2010 ​ el Senado de Estados Unidos revocó la ley por 65 votos contra 31.

Solo dos días antes de esto, la Cámara de Representantes del país había levantado las sanciones a los homosexuales luego de una votación con 250 a favor y 175 en contra. Estos declararon lo siguiente:

“A partir de ahora, no tendremos que pedir a miles de personas que vivan una mentira para servir al país que tanto aman. […] El sacrificio, el valor y la integridad ya no vendrán determinados por la identidad sexual, como no vienen determinados por la raza o el género”.

Así, poco a poco nos hemos acercado a una sociedad más tolerante con el prójimo, permitiendo que en áreas como la militar también haya diversidad. Si bien aún hay mucho camino por recorrer, también vale la pena resaltar los grandes logros para poder apreciar el avance que hemos tenido como sociedad.