representación de las pastículas de coronavirus en tonos naranja y verde sobre fondo oscuro entre púrpura y negro.
Crédito: NIAID-RML vía AP.

La pandemia del COVID-19 es una preocupación que tiene al mundo paralizado desde inicios de este año. Con el paso del tiempo, la ciencia y la medicina han hecho avances, pero aún estamos lejos de tener un modo efectivo con el que contrarrestar el virus. Por esto, saber cómo protegernos de él sigue siendo nuestra mejor medida preventiva. Ahora la actualización  más reciente la referente a las probabilidades de contagiarnos con coronavirus a través de las microgotas de los aerosoles que liberamos al hablar o respirar.

Ya a mediados de este 2020 se confirmó que los aerosoles que permanecen en el aire pueden contener cargas virales. Debido a esto, se convirtieron en una fuente de contagio que hasta la Organización Mundial de la Salud tuvo que reconocer.

Sin embargo, ahora este estudio publicado por Scott H. Smith, G. Aernout Somsen, Cees van Rijn, Stefan Kooij, Lia van der Hoek, Reinout A. Bem junto a Daniel Bonn en Physics of Fluids, podría ayudarnos a entender con más detalle el funcionamiento de la transmisión por microgotas de aerosoles y qué tan probable es esta en realidad.

De las microgotas y la carga viral

Efectivamente, el un principio se pudo determinar que las microgotas de nuestros aerosoles pueden tener carga viral del coronavirus. Como resultado, micropartículas del SARS-CoV-2 pueden permanecer flotando en el ambiente por minutos o incluso horas.

Sin embargo, las nuevas investigaciones del equipo del Instituto Van der Waals-Zeeman de la Universidad de Ámsterdam lleva las cosas un poco más allá. Sus experimentos se llevaron a cabo para determinar las verdaderas cargas virales en las micropartículas lo suficientemente pequeñas como para quedarse suspendidas en el aire.

Allí fue cuando notaron que, incluso cuando las micropartículas provenían de una persona que había tosido o estornudado, las cargas virales eran mínimas. Como consecuencia, para poder contagiar a un individuo este tendría que estar expuesto a una gran cantidad de ellas por un periodo de tiempo prolongado.

El contagio del coronavirus por microgotas de los aerosoles es posible… pero poco probable

Estos descubrimientos fueron los que llevaron a los investigadores a considerar la verdadera probabilidad de contagio de coronavirus por las microgotas de los aerosoles. Acá fue cuando notaron también que las gotas más grandes, que se precipitan al piso, tenían cargas virales significativamente más altas y que, por ende, eran mucho más peligrosas.

Acá notaron también un patrón, sin importar si las partículas se liberaban al hablar, respirar, toser o incluso cantar, la proporción viral era la misma: las microgotas con cargas mínimas y las gotas comunes con cargas peligrosas.

“(…) nuestro estudio de transmisión del SARS-CoV-2 sugiere que la transmisión por aerosol es una ruta posible, pero quizás no muy eficiente, en particular con individuos no sintomáticos o levemente sintomáticos que exhiben cargas virales bajas”, concluyeron los investigadores.

En resumen, se vio que las gotas grandes de los aerosoles son mucho más peligrosas que las microgotas a la hora de transmitir el coronavirus. Además, aunque existe la posibilidad de que estas últimas también lo hagan, hay pocas probabilidades de que esto pase. Sobre todo si las personas se encuentran en ambientes bien ventilados que no permitan la condensación de grandes nubes de micropartículas.

Implicaciones

Los investigadores llegaron a concluir con sus estudios que efectivamente podría ser seguro volver pronto a hacer vida en espacios cerrados como edificios de oficinas, aeropuertos, estaciones de tren y demás, siempre y cuando estos cumplieran con ciertas condiciones.

Aunque la transmisión del coronavirus por microgotas de aerosoles es poco probable, siempre se puede disminuir incluso más los porcentajes si se cuenta con un espacio adecuadamente ventilado. Igualmente, acciones tan simples como abrir las ventanas en donde estemos podrían hacer la diferencia.

Igualmente, educar a las personas para que conozcan los espacios más seguros para sentarse cuando están en espacios interiores también sería una gran ayuda. Esto, sumado con las medidas usuales de uso de mascarillas, distanciamiento social e higiene de las manos debería ser suficiente para que, por lo menos, las microgotas del SARS-CoV-2 no sean algo de lo que tengamos que preocuparnos.

Referencias:

Aerosol persistence in relation to possible transmission of SARS-CoV-2: https://doi.org/10.1063/5.0027844