A la derecha, representación de un cráneo humano en cuyo interior se distingue un cerebro, a la izquierda, burbujas con signos de interrogación en su interior en variados tamaños y posiciones, todo sobre un fondo negro.
Vía Pikrepo.

Nuestro entendimiento de nuestra mente y de los problemas que la aquejan es cada vez más amplio. Sin embargo, no hay dudas de que aún hay mucho por descubrir en este campo. En un intento por aumentar un poco más nuestro conocimiento en esta área, este reciente estudio ha observado los efectos de la hiperactividad cerebral en un área específica en el desarrollo de variados trastornos relacionados con estrés.

El estudio se publicó en Nature Communications y se enfocó específicamente en la manifestación de cuadros de ansiedad, depresión y consecuentes problemas cardíacos. Asimismo, el área del cerebro a la dedicaron su atención fue la llamada corteza cingulada anterior subgenual (sgACC, según sus siglas en inglés).

Según revelan sus investigaciones, esta no solo puede ser el centro de control para estas complicaciones, sino que también podría resguardar información valiosa para mejorar los tratamientos de ambas. No obstante, la particularidad yace en que, aunque ambos cuadros se originarían en una misma área, los tratamientos a desarrollar no podrían ser iguales. ¿Por qué? Acá te lo contamos.

Depresión y ansiedad en el cerebro

Como sabemos, la depresión se trata de un trastorno anímico que puede ocasionar prevalencia de emociones negativas o incapacidad para disfrutar o sentir placer (anhedonia). Por su parte, la ansiedad crónica que ya se considera un trastorno clínico se caracteriza por someter a la persona a un estado constante de alteración, preocupación y hasta miedo.

En anteriores ocasiones, ya otros investigadores habían retratado cómo se ven la depresión y la ansiedad en nuestro cerebro. Ahora, esta nueva investigación retoma un poco esta idea pero la lleva un poco más allá.

Gracias a la investigación, que mapeó el origen de los trastornos hasta una sola área (sgACC), ahora se sabe con seguridad que ambos trastornos afectan una misma zona de la mente. Sin embargo, no contentos con eso, y sabiendo que la ansiedad y la depresión no son iguales, a pesar de poder estar juntas en la mente, los investigadores llevaron su estudio al siguiente nivel.

El equipo que se movilizó tras este esfuerzo estuvo conformado por Laith Alexander, Christian M. Wood, Philip L. R. Gaskin, Stephen J. Sawiak, Tim D. Fryer, Young T. Hong, Lauren McIver y Hannah F. Clarke. Todos bajo el liderazgo de Angela C. Roberts, la autora principal de la investigación.

Hiperactividad cerebral – sobre ansiedad, depresión y… ¿problemas cardíacos?

Una vez se puso la diferenciación de la depresión y la ansiedad en el cerebro como prioridad, los investigadores pudieron estudiar la hiperactividad cerebral en sgACC y cómo esta interactuaba con el resto del organismo. Luego de esto, su experimento en un modelo animal basado en monos titíes los llevó a que, al sobreestimular la sección sgACC los comportamientos de miedo, preocupación y tristeza de los primates aumentaron. Igualmente, su capacidad de “regulación emocional” para asimilar nueva información y adaptarse a nuevos ambientes también se hizo menor.

Ahora, un detalle curioso de la investigación llevada a cabo por el equipo de la Universidad de Cambridge es que esta demostró que todas estas consecuencias del aumento de sgACC no son iguales para todos los casos. Por ejemplo, los síntomas depresivos como la anhedonia mostraron responder bien a los antidepresivos comunes. No obstante, los sistemas de regulación de emociones negativas no se vieron tan afectados. Como resultado, la ansiedad –promotora innata del miedo, la tristeza y la negatividad en general – tampoco mostró mucha receptividad ante el tratamiento.

Por su parte, una constante que sí se ha mantenido en ambas patologías es la presencia de síntomas fisiológicos similares. Esto también se reveló a través del análisis de las respuestas físicas de los titíes que manifestaron ansiedad o depresión por la hiperactividad cerebral inducida en sgACC.

Depresión, ansiedad y su impacto en la salud cardíaca

Entre las respuestas fisiológicas más comunes estuvieron síntomas como el aumento de la frecuencia cardíaca (taquicardia) y de los niveles de cortisol (la hormona del estrés). Igualmente la capacidad de respuesta de los titíes a las amenazas externas se vio cambiada, desarrollando estos comportamientos más esquivos y teniendo una dificultad mayor para establecer lazos de confianza con cuidadores u objetos nuevos.

“Descubrimos que la hiperactividad en sgACC promueve la respuesta del cuerpo de ‘luchar o huir’ en lugar de ‘descansar y digerir’, al activar el sistema cardiovascular y elevar las respuestas a las amenazas”, dijo el Dr. Alexander, uno de los colaboradores del estudio.

La hiperactividad cerebral nos muestra una nueva realidad

Representación de la hiperactividad cerebral en la amígdala y el hipotálamo.
Crédito: La sobreactivación de la corteza cingulada subgenual de los primates mejora las respuestas cardiovasculares, conductuales y neuronales a la amenaza. Nature Communications, 2020. / Foto: Laith Alexander.

Gracias a los estudios realizados sobre la hiperactividad cerebral de sgACC, se vio que otras áreas como la amígdala y el hipotálamo también se sobreestimularon y mostraron mayor actividad. Por su parte, otras zonas como la corteza prefrontal lateral –asociada a la regulación de las emociones– mostraron menos actividad que de costumbre. Como consecuencia, se vieron dos procesos cerebrales ocurriendo al mismo tiempo con la activación de unas zonas y la supresión de otras.

“Esto es clave, porque las distintas redes cerebrales podrían explicar la sensibilidad diferencial de los síntomas relacionados con la amenaza y la recompensa al tratamiento”, dijo Roberts, directora del estudio y profesora del Departamento de Fisiología, Desarrollo y Neurociencia de la Universidad de Cambridge.

En la actualidad, la ketamina es una de las soluciones más utilizadas para este tipo de trastornos. Sin embargo, este nuevo conocimiento hace ver que el antidepresivo solo parece ser verdaderamente efectivo con la regulación de áreas como la corteza prefrontal lateral, ayudando a eliminar, por ejemplo, problemas como la anhedonia.

No obstante, otros problemas como la producción de hormonas promotoras de emociones negativas –causantes de estrés y sentimientos negativos personas depresivas y ansiosas– no parecen encontrar una solución en la ketamina. Por lo que, para el futuro, será necesario que se desarrollen fármacos y tratamientos específicos. Unos que permitan atacar los diferentes síntomas de forma individual (dependiendo de las conexiones cerebrales que se estén viendo afectadas).

Referencia:

Over-activation of primate subgenual cingulate cortex enhances the cardiovascular, behavioral and neural responses to threat: https://doi.org/10.1038/s41467-020-19167-0