Clair Patterson en su laboratorio
Clair Patterson, el geoquímico responsable de descubrir los efectos negativos de la contaminación por plomo.

Hoy sabemos que el plomo es un elemento que puede hacernos mucho daño al entrar en nuestro organismo, y no solo nos afecta a nosotros, sino también al medio ambiente.

Sin embargo, la verdad es que nos tardamos bastante en darnos cuenta de esto, y no fue precisamente porque no tuviéramos lo necesario para investigar al respecto. Por eso, hoy venimos a contarte cómo se utilizó por primera vez a una autoridad científica para ocultar un daño a la salud y de qué forma un geoquímico estadounidense le reveló al mundo los graves efectos de la contaminación por plomo.

Cientos de años atrás

Tuberías de plomo del Imperio romano
Tuberías de plomo del Imperio romano.

La verdad es que conocemos los efectos del plomo desde mucho antes de lo que te imaginas. De hecho, esto se remonta a la época del Imperio romano.

Los romanos utilizaban plomo para recubrir sus tuberías, sus baños y sus utensilios de cocina. Incluso se utilizaba un derivado del plomo, el acetato plúmbico, para endulzar sus vinos y comidas. Sin embargo, lo continuaron utilizando debido a su maleabilidad y, por supuesto, porque era barato.

Ellos sabían que el plomo podía causar lo que hoy en día llamamos saturnismo, plumbosis o plombemia. El envenenamiento por plomo genera síntomas que van desde dolor abdominal, hasta comportamientos desequilibrados y cambios neurológicos. Los niveles muy altos de plomo en el organismo son mortales.

Aún así, los romanos lo continuaron utilizando debido a que quienes lo manejaban eran personas de estratos muy bajos, por lo que poco le importaba su salud a las clases más altas. Lamentablemente esto continuó así por cientos de años más.

De hecho, existe una teoría de que Beethoven murió envenenado por plomo, pues el compositor bebía mucho vino que había sido endulzado con acetato plúmbico y, además, sus copas estaban recubiertas de este elemento químico. El tratamiento a su diagnosticada neumonía fue, de hecho, lo que dio el golpe final, pues su doctor, Andreas Wawruch, decidió atacar la enfermedad utilizando sales de plomo.

Como verán, este elemento químico fue ampliamente utilizado, pero no fue sino hasta 1920 cuando comenzó su apogeo. En esta época, el químico Thomas Midgley y el inventor de General Motors, Charles Kettering, comenzaron a utilizar el tetraetilo de plomo como aditivo antidetonante para la gasolina.

Comenzaron a producir este compuesto, calculando llegar a 60 millones de toneladas por año. Sin embargo, un inconveniente comenzó a detenerlos: los trabajadores que procesaban el material comenzaron a tener alucinaciones.

Es aquí cuando tuvieron que pedir ayuda.

Una autoridad científica

Fotografía de Robert A. Kehoe
Dr. Robert A. Kehoe.

Los fabricantes tuvieron que contactar a Robert A. Kehoe, toxicólogo estadounidense y líder en salud ocupacional, para que hablara acerca del plomo. El doctor entonces aseguró que el plomo se encontraba naturalmente en el ambiente, y que si bien existían riesgos para aquellos que lo manipularan constantemente, esto podría contrarrestarse con la regulación de dicho elemento por parte de las industrias.

Aseguró que no existía evidencia que asegurara que el plomo significaba una amenaza para la salud de las personas, y al ser una autoridad científica, no fue cuestionado.

O al menos fue así hasta que el geoquímico Clair Patterson lo contradijo.

Una investigación exhaustiva

Clair Patterson
Clair Patterson.

Patterson se había dispuesto a averiguar la edad de la Tierra, pero terminó haciendo un descubrimiento que no había previsto.

Inicialmente fue financiado por el Instituto Estadounidense del Petróleo para poder investigar acerca de cómo circula el plomo naturalmente en el ambiente, pues dicha información lo ayudaría a recopilar datos para su investigación. Sin embargo, y para sorpresa de muchos, luego de recoger muestras en aguas marinas profundas, apenas encontró rastro de este elemento químico.

Pongámoslo de esta manera: si el plomo estaba presente de forma natural en el ambiente, tal y como había asegurado Kehoe, ¿entonces por qué había menos concentración de este elemento químico en aguas profundas, pero en la superficie esta cantidad se multiplicaba cientos de veces?

Ahí fue cuando se dio cuenta. La cantidad de plomo en la superficie marina estaba contaminando los océanos de forma alarmante.

Así fue que, indagando más al respecto, descubrió que el origen de todo esto era la gasolina con plomo, por lo cual decidió publicar una investigación en la que explicaba detalladamente sus descubrimientos. La tituló ‘Concentrations of Common Lead in Some Atlantic and Mediterranean Waters and in Snow’, y fue publicada en la revista Nature.

Comienza la lucha

Edmund Muskie
Edmund Muskie.

Por supuesto, al principio nadie estuvo de acuerdo. ¿Cómo era posible, si ya se había comprobado que el plomo era prácticamente inofensivo?

Así, Patterson perdió el financiamiento de las industrias petroleras casi inmediatamente después de sus investigaciones. Sin embargo, el Gobierno de los Estados Unidos, la Comisión de Energía Atómica, el Servicio de Salud Pública y la Fundación Nacional para la Ciencia decidieron apoyarlo, con lo cual el geoquímico decidió ir a estudiar los niveles de plomo en el hielo de la Antártida.

Por supuesto, concluyó que los niveles naturales de plomo en el ambiente era cientos de veces más bajo de lo que era en 1960. Entonces se dio cuenta de que la cantidad de plomo que había en ese entonces era, prácticamente, veneno para nosotros.

Tanto se esforzó en convencer al mundo sobre su teoría que, al fin, alguien decidió escucharlo. Este fue Edmund Muskie, el presidente de la subcomisión del senado sobre la contaminación del aire y del agua, quien en 1966 comenzó a tomar cartas en el asunto.

Llevó a Kehoe y a Patterson a una audiencia para que ambos defendieran sus posturas. Kehoe, por supuesto, aseguró que los niveles de plomo en el ambiente no habían aumentado desde sus declaraciones en 1937 y que el tetraetilo de plomo no significaba una amenaza para nosotros.

Por su parte, Patterson presentó los resultados de su investigación, asegurando que, a pesar de que las cifras del doctor Kehoe sobre los niveles de plomo en el ambiente eran acertadas, las mismas no eran para nada naturales y que, en realidad, nos estábamos contaminando como nunca había sucedido anteriormente.

Una victoria para el medio ambiente

Fotografía de Clair Patterson

Patterson tuvo que luchar por mucho tiempo para que se admitieran los graves efectos ambientales de la contaminación por plomo, pero finalmente en 1970 logró que se aprobara la Ley de Aire Limpio estadounidense, la cual establecía los límites de contaminación en el aire en Estados Unidos.

Aproximadamente en 1973, comenzó a dejar de utilizarse el plomo en la gasolina, y el mismo desapareció por completo en 1987. La soldadura de plomo se eliminó de los recipientes de alimentos, de las pinturas y las tuberías de agua del país. En 1991, los científicos pudieron informar que el contenido de plomo de la nieve de Groenlandia se había reducido en un factor de 7,5 desde 1971.

Así, Patterson se convirtió en un héroe, pues no solo le dio fin a la utilización de un elemento que nos había envenenado por siglos, sino que también logró salvarnos a los humanos y también al medio ambiente.