Caja (izquierda) y frasco (derecha) contenedores del fármaco dexametasona, lado a lado sobre superficie metálica como una mesa y fondo unicolor gris.

En la actualidad, la pandemia del COVID-19 ha alcanzado a contagiar a más de 41,4 millones de individuos. Mientras que, por su parte, su cifra de fallecidos ya supera los 1,13 millones. Ahora, una nueva investigación nos habla de la dexametasona –uno de los fármacos efectivos contra el virus– y de cómo deberíamos considerar cambiar el tratamiento sobre la base de sus recientes descubrimientos.

Paralelamente, las farmacéuticas se acercan cada vez más a una posible vacuna. Sin embargo, en el ínterin estamos casi desprotegidos contra el coronavirus. Pero afortunadamente, algunos medicamentos ya conocidos como la dexametasona han dado un paso al frente y se han destacado como grandes aliados en la lucha contra el COVID-19.

Enfocándose en ella, los investigadores Ivan G. Shabalin, Mateusz P. Czub, Karolina A. Majorek, Dariusz Brzezinski, Marek Grabowski, David R. Cooper, Mateusz Panasiuk, Maksymilian Chruszcze y Wladek Minora de Estados Unidos y Polonia se han unido para ahondar en sus beneficios y riesgos.

Gracias a esto, han podido determinar que, bajo ciertas condiciones, este fármaco puede no ser tan efectivo como se esperaría. Mientras que, en paralelo, también identificaron los factores a los que habría que prestar atención para contrarrestar dicho inconveniente.

La albúmina sérica, la dexametasona y el COVID-19

Específicamente, el descubrimiento publicado en la revista International Union of Crystallography (IUCr) ha versado sobre la proteína conocida como albúmina sérica. Esta se encuentra en la sangre y se encarga de recopilar y transportar la dexametasona por el organismo.

Los niveles normales de esta proteína entonces indican una alta receptividad al tratamiento. Por otra parte, las lecturas bajas de este elemento, que se asocian con cuadros diabéticos y altos volúmenes de azúcar en la sangre, también se asociaron con menos receptividad a la dexametasona.

Como consecuencia, las lecturas altas de albúmina sérica se asociaron con los casos exitosos de recuperaciones de casos severos COVID-19. Mientras que, allí donde había pocas de estas proteínas, las condiciones de los casos, ya graves, se complicaron aún más.

Para comprobar esto, los investigadores recurrieron a los datos de 373 pacientes de un hospital de la ciudad de Wuhan, en la provincia de Hubei (China). Gracias a esto, lograron ver que los reportes de supervivencia respaldaban su hipótesis, mientras que los casos de fallecimientos también apuntaban a una falta de la proteína albúmina sérica en el organismo.

¿Hay alternativas para la dexametasona?

Efectivamente, otros medicamentos como el Remdesivir se han estado presentando como otras ayudas para los casos menos graves de COVID-19. Sin embargo, últimamente ha habido polémicas alrededor de este hecho.

Además, por si fuera poco, el Remdesivir igual solo se presentaba como una ayuda que podía acortar un poco la duración de la enfermedad. Por otra parte, la dexametasona se ha mostrado más útil a este respecto al ser un antialérgico y antiinflamatorio un corticosteroide capaz de aplacar la respuesta inmunológica exagerada del organismo.

Debido a esto, aunque no se trata de un medicamento aprobado igualmente en todo el mundo como herramienta contra el coronavirus, sigue siendo básicamente la única alternativa –aunque sea informal– que ofrece tan buenos resultados al combatir el SARS-CoV-2 (virus causante del COVID-19).

No obstante, la nueva relación de la dexametasona particular con la albúmina sérica podría obligarnos a replantearnos su tratamiento y a cambiar algunos detalles de este.

Cambiar el tratamiento de dexametasona para el COVID-19

Como un primer punto, los investigadores han resaltado que, aunque la albúmina sérica recoge y moviliza la dexametasona por el organismo, su acción no es siempre positiva. Esto debido a que también es capaz de movilizar otros antiinflamatorios que terminan alejados de su zona de acción.

En consecuencia, si se utiliza una mezcla de medicamentos, mientras la dexametasona hace su trabajo, otros podrían causar efectos secundarios en el organismo. Sumado a esto, podrían darse casos en los que la albúmina sérica también remueve de forma indeseada el fármaco. En cualquiera de estos escenarios la respuesta es la misma: el cuadro viral del paciente no mejora.

Para los investigadores es necesario entonces pensar en cambiar el tratamiento con dexametasona. Pero, consideran que para esto primero es necesario hacer investigaciones más claras sobre, por ejemplo, el ajuste de dosis en individuos con mayor resistencia al fármaco.

“Proponemos que se realicen más investigaciones para evaluar el ajuste del régimen de dosificación de dexametasona como estrategia para pacientes con COVID-19 grave y con hipoalbuminemia, diabetes o coadministración de grandes dosis de fármacos que se unen a DS7 (dexametasona)”, escriben.

Igualmente, aclaran que dichos ajustes deben hacerse con sumo cuidado, puesto que optar por dosis excesivamente altas también puede terminar siendo perjudicial para el organismo.

Finalmente, los científicos concluyen que, aunque hasta que haya una vacuna el virus no será erradicado por completo. Pero que, mientras se libra esta batalla, medicamentos como la dexametasona pueden ser nuestras mejores aliadas como defensa y ofensiva contra el virus. De allí la importancia de entenderla bien y la forma en la que se relaciona con nuestro organismo.

Referencias:

Molecular determinants of vascular transport of dexamethasone in COVID-19 therapy: https://doi.org/10.1107/S2052252520012944