Rostro de bebé pequeña mostrando sus emociones con la boca abierta y los ojos vidriosos.
Crédito: Alex Motrenko. / Vía Flickr.

La mente humana es una compleja máquina que aún buscamos entender por completo. Debido a esto, se realizan innumerables estudios para comprender cómo funciona y se maneja en todos los momentos de nuestra vida. Por este motivo, recientemente se ha realizado un estudio orientado a los cerebros de recién nacidos y cómo estos difieren de los adultos.

Inicialmente, no se esperaba encontrar una diferencia entre ellos, sino un patrón común. Sin embargo, a medida que las investigaciones del profesor asistente de psicología, Zeynep Saygin, y los psicólogos Jin Li y Heather A. Hansen avanzaban, la brecha entre los procesos cerebrales de unos y otros sujetos de estudio solo se hacía más extensa.

Cerebros “inmaduros”

El descubrimiento de los investigadores de la Universidad Estatal de Ohio los llevó a ver que los cerebros de recién nacidos no estaban “desarrollados” al mismo nivel que los de los adultos. Como resultado, ambos no procesaban las emociones y los estímulos relacionados a estos de la misma manera.

De hecho, se vio que hacían falta algunos meses de vida para que las asociaciones de un cerebro adulto comenzaran a aparecer en las mentes infantiles. Con esto, los académicos han abierto un campo de investigación que antes de desconocía.

Esto último debido a que, hasta la fecha, se asumía que dichas conexiones emocionales y sus caminos neuronales estaban presentes desde el momento del nacimiento. Por lo que, ahora, se puede estudiar el periodo existente entre los cerebros “inmaduros” y cómo estos comienzan a cambiar para tener la disposición de una mente adulta.

El cerebro de los recién nacidos no procesa emociones al mismo nivel

A través de los escaneos de resonancia magnética del proyecto Proyecto Human Connectome, los investigadores se hicieron con 80 muestras, divididas a partes iguales entre recién nacidos y adultos.

Gracias a esto pudieron ver que las “conexiones” de los circuitos neuronales de los cerebros de los recién nacidos no eran exactamente iguales a las de los adultos. Estos últimos tenían una clara priorización en los caminos neuronales entre la amígdala y las secciones del cerebro que procesan estímulos complejos. Mientras que, los cerebros de los neonatos eran más “equitativos” en su distribución.

Percepción de estímulos visuales

Por ejemplo, los cerebros adultos estaban altamente conectados entre la amígdala y la corteza occipitotemporal (encargada de procesar estímulos visuales complejos). Al unirse a la amígdala, se le puede dar una valoración emocional (positiva o negativa) a los elementos como rostros, cuerpos y objetos.

Pero, en el caso de los bebés, los caminos a este procesamiento no estaban tan marcados. Mientras que, otras conexiones que en el cerebro adulto tienden a debilitarse estaban más presentes en la mente infantil. En este caso, los cerebros de reción nacidos tenían entonces una conexión más fuerte que la adulta entre la amígdala y las regiones sensoriales primarias de la corteza visual (encargadas de captar y procesar ángulos, líneas, bordes y luces).

Percepción de estímulos auditivos

Por su lado, una situación similar sucede cuando vemos la valoración emocional existente entre los estímulos auditivos y los cerebros de recién nacidos en comparación con las mentes adultas. Los primeros, por su parte, tienen conexiones notorias con las regiones del cerebro más básicas, orientadas a detectar frecuencias. Mientras tanto, los segundos ya tienen circuitos neuronales enfocados en otros procesos más complejos como el reconocimiento de las voces y el procesamiento del habla.

Los cerebros de los recién nacidos están “conectados” diferente

Básicamente, lo que los investigadores descubrieron es que las conexiones de nuestros cerebros y las de los recién nacidos no son las mismas. De hecho, ellos presentan un sistema más igualitario, en el que estos ninguno de los dos circuitos de conexión emocional están particularmente exacerbados. Mientras que, del otro lado, en el cerebro adulto la maduración privilegió las áreas de procesamiento complejo y dejó que las de procesamiento básico se debilitaran.

Una nueva perspectiva

“En general, estos resultados muestran que la conectividad funcional entre la amígdala y la corteza occipitotemporal aún no se diferencia en los recién nacidos, lo que sugiere un papel de la maduración y la experiencia en la configuración de estas conexiones más adelante en la vida”, concluyen los autores en su estudio.

Debido a esto, ya se encuentran realizando nuevas investigaciones en la Universidad Estatal de Ohio. Esta vez esperan poder hacer un estudio longitudinal con niños desde su nacimiento hasta que cumplan 3 años de edad.

De este modo, esperan poder averiguar en que momento los cerebros de los recién nacidos hacen el cambio y “maduran” para convertirse en un cerebro adulto. Ya se ha visto la posibilidad de que esto ocurra meses después del alumbramiento. Sin embargo, es necesario que se hagan este tipo de investigaciones para poder comprobarlo definitivamente.

Gracias a la información que se obtenga acá, se podrán fortalecer los estudios que buscan entender cómo el desarrollo neuronal infantil influye en su salud emocional futura. Asimismo, permitiría determinar su complicaciones emocionales como la ansiedad o la depresión podrían atacarse desde temprano al comprender mejor las asociaciones positivas y negativas realizadas por el cerebro, así como cuándo verdaderamente estas pasan de un nivel superficial a un proceso cognitivo más complejo.

Referencia:

Adults vs. neonates: Differentiation of functional connectivity between the basolateral amygdala and occipitotemporal cortex: DOI: 10.1371/journal.pone.0237204