Par de manos en blanco y negro, la derecha está totalmente forrada en aluminio, como representación del sentimiento producido por el síndrome de la mano ajena
Vía Needpix.

¿Qué pasaría si repentinamente una de tus manos comenzara a actuar por cuenta propia? ¿A sujetarse de pomos de puerta sin aviso, a agarrar objetos aleatorios que no necesitas… a sujetar tu otra mano cuando intentas hacer algo con ella? Aunque parezca un escenario imposible, la verdad es que no lo es. A este problema se lo conoce como síndrome de la mano ajena (SMA) y, aunque raro, es un trastorno neurológico que puede llegar a afectarnos.

El SMA, también conocido como síndrome de la mano extrajera, alienígena o anárquica, como dijimos, es una patología poco frecuente. Sin embargo, ha llegado a repetirse lo suficiente como para ser estudiada por la ciencia –y también como para terminar representada en elementos propios de la cultura moderna, como las películas–.

Acá nos tomaremos un momento para ahondar en este síndrome, lo que es, lo que implica, qué lo causa y la forma en la que puede tratarse. Si sientes curiosidad por alguno de estos puntos, estás en el lugar correcto.

¿Qué es el síndrome de la mano ajena?

Fotografía de par de manos con las palmas hacia arriba, apuntando su reverso a un fogón encendido en el fondo de la imagen.
Via Pxfuel.

Básicamente, se trata de un trastorno neurológico que ocasiona movimientos involuntarios o incontrolables en una de las manos de quien lo padece. Lo que destaca a estos impulsos es que estos no tienen una finalidad clara y están “separados” de la voluntad del paciente. En otras palabras, el síndrome hace parecer que la extremidad afectada tuviera una “mente propia”.

Como si fuera poco, uno de los detalles que destacan a este síndrome es que hace parecer que una mano “antagonizara” a la otra. Por lo que, las acciones realizadas por una podrían ser detenidas o saboteadas por la otra, sin que la persona realmente esté intentando detenerse. Como un ejemplo, podemos pensar en un individuo que busca abotonar su camina con la mano izquierda, pero encuentra el trabajo interminable porque la derecha continúa desabotonando la prenda.

En general, este trastorno puede interrumpir la vida cotidiana del individuo ya que una de sus manos comienza a responder de forma mecánica a los estímulos ambientales, antes que a la propia voluntad de su dueño. Es por esto que los pacientes llegan a ver a la extremidad rebelde como un elemento extraño, que es controlado por fuerzas más allá de su persona.

Aún así, la “mano extranjera” no siempre se encuentra a su libre albedrío. De hecho, en la mayoría de los casos sus episodios de rebeldía se dan por momentos. La frecuencia de estos puede variar, pero tiende a aumentar en el tiempo y a incrementarse si la persona está sujeta a altos niveles de estrés o ansiedad.

En casos aún más extremos, el síndrome de la mano extranjera también puede llegar a manifestarse en una pierna. No obstante, esta eventualidad bastante rara, dentro de los ya escasos reportes de la patología.

El síndrome del Dr. Strangelove o la mano ajena en el cine

Ilustración de una mano señalando con el dedo índice sobre fondo de tonos blancos y beiges.
Vía Pikist.

Como lo dijimos antes, el trastorno neurológico conocido como síndrome de la mano ajena es un acontecimiento particular debido a su bajo nivel de incidencia. Sin embargo, ha logrado hacerse notar lo suficiente como para quedar inmortalizado en nuestra cultura pop.

De hecho, para 1908 Kurt Goldstein menciona y describe el síndrome por primera vez en la historia. Más de medio siglo después, el afamado director Stanley Kubrick trae al mundo ‘Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb’ (1964).

En este film vemos la vida de un protagonista acosado por su propia mano –siempre enguantada– que no solo parece actuar por voluntad propia, sino que en un momento incluso intento estrangularlo. Desde entonces, el “síndrome del Dr. Strangelove” también ha sido otro modo de denominar esta patología.

Sin embargo, el término de la mano ajena o extraña que conocemos hoy en día se lo debemos los doctores Brion y Jedynak, quienes en 1972 la nomenclaron por primera vez como “la main étrangère”. Igualmente, fueron ellos los que documentaron y reportaron casos de pacientes con este trastorno.

¿Mano ajena o anárquica?

Un detalle interesante que vale la pena mencionar sobre el síndrome de la mano extranjera o anárquica es que su denominación final dependerá de la percepción de cada paciente. En general, se le denomina extranjera, ajena o alienígena cuando la persona no reconoce la propiedad de la extremidad –es decir, que la ve como parte de un tercero y no como algo propio–. Por otra parte, si el individuo reconoce la mano como suya, pero igual no es capaz de controlar sus impulsos, entonces se la llama “anárquica”.

¿Qué causa el síndrome de la mano alienígena?

Mano femenina con la palma hacia arriba sobre fondo negro, representándo el síndrome de la mano ajena.
Vía Pxfuel.

Básicamente, el síndrome de la mano ajena o alienígena se manifiesta debido a un problema de “desconexión interhemisférica” del cerebro. Por lo general, este problema se produce luego de que una persona sufra problemas como accidentes cerebrovasculares  isquémicos o hemorrágicos.

En general, estas complicaciones podrían ser causadas por tumores de la línea media, por alguna enfermedad neurodegenerativa o por fallas de la arteria cerebral anterior. En cualquier caso, como resultado, partes del cerebro como el cuerpo calloso, el tálamo, el área motora suplementaria, el cortex frontomedial, el frontal y/o el parietal posterior.

El trastorno puede presentarse en variadas formas

Silueta de mano a contraluz con rayos de sol colándose entre sus dedos.
Vía PxHere.

Además de las diferentes nomenclaturas que el síndrome de la mano ajena puede llegar a tener, existen tres subcategorías en las que se dividen las distintas presentaciones que puede tener esta patología.

Para empezar, nos encontramos con la más común de todas, que es conocida como ‘frontal’. Esta se da en la mano dominante de los individuos y hace que la extremidad toque, sujete e interactúe libremente con elementos del entorno sin que la persona pueda evitarlo. Por lo general, se da cuando el problema neuronal está en el córtex prefrontal, el giro cingular o en el área motora suplementaria.

Seguidamente, el SMA también puede denominarse ‘calloso’ cuando se da en el miembro no dominante de la persona. Por lo general manifiesta problemas como conflictos intermanuales (que una extremidad interfiera con las acciones de la otra) y apraxia. Es un poco menos común que la anterior y suele nacer de afecciones en el cuerpo calloso (que conecta los hemisferios del cerebro) o en el tercio anterior del rostrum.

Para finalizar, nos encontramos con el subtipo ‘posterior’. Este es el menos común de la triada y suele nacer de daños en el tálamo, en el lóbulo parietal u occipital o en las áreas posterolaterales. Además de la incapacidad de responder a estímulos por la parte izquierda del cerebro, también suele general complicaciones en el campo visual izquierdo de ambos ojos.

¿Se puede tratar?

Mano masculina con la palma hacia arriba extendida hacia una luz proveniente del horizonte, haciendo alución a la "voluntad propia" de las extremidades manifestado en el síndrome de la mano extranjera.
Vía Pixabay.

Sí. A pesar de que no existe un consenso oficial sobre el modo en el que debería abordarse esta enfermedad, por lo general responde positivamente a programas especializados de rehabilitación. Igualmente, tratamientos basados en terapia conductual unidas a recetas farmacológicas también han dado buenos resultados.

Algunos enfoques, como por ejemplo los de las tácticas de visualización y reconocimiento espacial, pueden ayudar al paciente a entrar en control de la situación y su realidad al aprender a reconocer aquello que lo rodea y a proyectar lo que desea que ocurra (Ej. Que la mano rebelde se detenga). Asimismo, otras técnicas de afrontamiento de situaciones también pueden ayudar al individuo a conseguir el mismo resultado.

En todo caso, durante estos tratamientos lo que se busca siempre es conseguir la alternativa que mejor se ajusta a cada paciente. Una vez logrado esto, se puede ver cómo incluirla en su cotidianidad, de forma que ayude a mejorar su calidad de vida general.