Rollos de papel higiénico colocados en el suelo de una calle, entre ellos, una figurita de una rana caricaturezca sentada sobre un inodoro con una postura que asemeja a la humana.
Vía Pxfuel.

Hoy este es sin duda uno de los símbolos de nuestra modernidad. Pocas veces se lo presenta de este modo; pero, si lo pensamos, en la actualidad es prácticamente imposible imaginarnos nuestro hogar sin estos rollos de suaves hojas de papel. Pero nuestra historia con el papel higiénico se remonta a mucho antes de que este tomara su forma final.

En épocas antiguas, como las de los griegos y romanos, las personas contaban con 4 variados médicos para “mantener su higiene”. La primera alternativa era simplemente limpiarse con la mano izquierda (mientras que se usaba la derecha para comer y saludar). Por su lado, la segunda y la tercera implicaban el uso de materiales vegetales como musgo u hojas de higuera.

Sin embargo, el método de la antigüedad que más llego a destacarse fue el uso del Tersorium. A pesar de lo que podría sugerir su nombre, esta esponja o esponja marina unida a un palo largo no era exactamente la herramienta más delicada con las que los ciudadanos podían limpiarse en los baños comunales.

Afortunadamente, desde entonces las cosas han cambiado notoriamente. Pero, el paso en el que lo hicieron fue mucho más lento de lo que esperaríamos.

El papel higiénico no tiene tanto tiempo entre nosotros como creemos

En naciones orientales como China, los primeros reportes del uso de un tipo de “papel higiénico” al menos similar al que tenemos en la actualidad se dio en 851 d. C dentro de los escritos del erudito Yan Zhitui. Igualmente, para 1391 la nación asiática había comenzado a producirlo de forma masiva. Por otro lado, en el occidente no comenzamos ni a pensar en algo parecido al papel higiénico hasta que llegamos al siglo XIX.

Las muchas “caras” del papel higiénico: un proceso evolutivo

Debido a la “llegada tardía” del papel higiénico a las sociedades occidentales, mientras tanto se gestaron otras posibles alternativas –unas mucho menos atractivas que otras–. Por ejemplo, para el siglo XVI los europeos adinerados podían llegar a utilizar cáñamo, encaje y lana para limpiarse luego de ir al baño.

En paralelo, dentro del conteniente americano, y específicamente en las áreas rurales, se utilizaba con regularidad la hoja de una mazorca de maíz. Una que, además, de algún modo podía compartirse comunalmente. Para este punto, la historia del papel higiénico como tal aún no había tenido oportunidad de empezar.

Las cosas cambiaron en Francia un poco a finales del siglo XIX cuando se inventó el primer bidé. Sin embargo, este no se arraigó con tanta fuerza en el resto del mundo occidental. Por lo que, para este momento, las hojas de los múltiples catálogos promocionales que se distribuían en las ciudades tendían a ser la alternativa más usada.

Comienza la historia del papel higiénico

Para el mismo siglo XIX, específicamente en 1857, Joseph C. Gayetty introdujo por primera vez al mercado de este hemisferio del mundo el concepto del “papel higiénico. En su momento, este se promocionó como ‘El papel medicinal del C.Gayetty para el inodoro’, ya que además se clamaba que actuaba como una forma de prevenir llagas y hemorroides.

Sin embargo, Gayetty nunca sacó una patente. Por lo que, décadas después (en 1891) Seth Wheeler terminó por ser la primera persona en occidente en registrar una patente de este estilo. Sin embargo, a pesar de que acá ya había adquirido su icónica forma de rollo, aún no había desarrollado uno de los puntos claves para su disfrute en la actualidad: la suavidad.

¡Fin del camino!

Finalmente, cuando entramos en el siglo XX y damos inicio a los años treinta, se presenta en Estados Unidos el papel higiénico Northern. Dentro de su publicidad, se promocionaba que este se encontraba “libre de astillas” por lo que era mucho más grato de utilizar y suave al contacto con nuestra piel.

Desde acá, lo demás fue historia para el papel higiénico y la humanidad. Este y su uso se popularizaron a medida que más empresas entendieron que la “suavidad” era el punto clave para aumentar su popularidad y las ventas en el mercado.

Como consecuencia, en la actualidad, el papel higiénico es una parte importante de nuestra vida y una comodidad que no estamos dispuestos a dejar. Como muestra de esto, solo tenemos que ver cómo es justamente el papel higiénico el que primero desaparece de los anaqueles en tiempos de crisis. La situación de pandemia del COVID-19 actual desencadenó de nuevo esta conducta a inicios de año. Sin embargo, no es la primera vez que esto pasa en la historia del papel higiénico –y lastimosamente es probable que tampoco sea la última–.

El eterno debate: ¿colocarlo hacia arriba o hacia abajo?

Como una pequeña curiosidad adicional que muestra lo particularmente presente que está el papel higiénico en nuestra historia, tenemos que hacer referencia al antiguo debate que existe sobre si este debe colgarse en el baño con sus hojas hacia arriba o hacia abajo.

Gracias a un tuit publicado en el 2015 por el redactor de temas de tecnología, Owen Williams, esta pelea debería haberse acabado.

En él, traía de regreso la patente mostrada por Seth Wheeler en 1891. Todo debido a que en el dibujo representativo, el papel está claramente colgando con su inicio hacia arriba. Por lo que, siendo este el boceto original, debería marcar un punto final a la lucha de posturas por la colocación del papel higiénico en el baño.

Curiosamente, a pesar de que el tuit se ha vuelto casi viral, la lucha entre las facciones por el papel higiénico sigue. Ya tal vez está demasiado arraigado en nosotros como para poder dejarlo ir tan fácilmente. Sea como sea, el papel higiénico al parecer ha llegado para quedarse en nuestras vidas –y en nuestras discusiones–.