Bebé recostado llorando con los brazos arriba, usando una pijama verde lima sobre un fondo del mismo color.
Vía Pxfuel.

Ya sabemos que las experiencias traumáticas pueden dejar huellas físicas y psicológicas de por vida en los individuos que las sufren. Igualmente, se ha explorado con detalle la relación entre estas y los problemas metabólicos de los individuos en la adultez. Sin embargo, esta investigación del EMBO Journal ha llevado a otro nivel nuestro entendimiento de la capacidad del trauma infantil de modificar el metabolismo de un individuo y, posteriormente, el de sus sucesores.

Los nuevos datos no solo han comprobado que este fenómeno se produce naturalmente en los humanos, sino que han explicado de una vez por todas cuáles son los factores que influyen en él y permiten que se dé en primer lugar.

El trauma infantil, la sangre y los cambios metabólicos generacionales

Los investigadores trabajaron primero con un modelo de estudio en ratones que comparó la sangre de dos grupos de ratones machos. El primero fue sometido en su vida temprana a una circunstancia traumática, y el segundo tuvo una desarrollo regular.

En su adultez, como se esperaba, los ratones traumatizados manifestaron problemas metabólicos. Mientras que, por otro lado, los machos de control presentaban una salud estándar.

Igualmente, los hijos y nietos de los ratones traumatizados presentaron los mismos malestares metabólicos –aunque no habían sido expuestos a una situación traumática–. Por lo que, presentaban una salud deficiente en comparación con los hijos y nietos de los ratones control.

Para observar las diferencias entre uno y otro los investigadores tuvieron que acudir a la sangre –pues estas modificaciones metabólicas no se registran en la cadena de ADN principal–. Allí pudieron notar altas concentraciones de metabolitos de ácidos grasos poliinsaturados que generaban cambios en la metabolización de los lípidos de los machos traumatizados.

Al inyectar estos metabolitos en algunos machos control, tanto estos como su descendencia posterior presentaron problemas metabólicos. Ambos, nuevamente, sin que se expusieran directamente a una circunstancia traumática. Fue gracias a esto último que los investigadores pudieron confirmar definitivamente el papel de la sangre como transmisor de las consecuencias del trauma infantil en el metabolismo.

¿El trauma infantil también puede modificar el metabolismo en humanos?

Una vez comprobado que estos elementos ubicados en el plasma (la parte líquida) de la sangre, los investigadores decidieron determinar si esto ocurría del mismo modo en humanos. Para esto, analizaron la sangre de una cohorte de 25 niños pakistaníes de una Aldea Infantil SOS.

Todos ellos habían perdido a sus padres y luego habían sido separados de sus madres. Por lo que, a una corta edad habían sido claramente expuestos a situaciones traumáticas que podrían activar las mutaciones en la sangre vistas en el modelo animal.

Luego de analizar su sangre y su saliva, efectivamente se vieron los mismos componentes que causaban cambios en la metabolización de los lípidos. Luego de esto, pudieron afirmar con propiedad que, al igual que en su modelo con ratones, los humanos también tenemos modificaciones en la sangre que afectan nuestro metabolismo. Asimismo, corroboraron que estos se activan si sufrimos traumas en nuestra niñez.

Y… ¿cómo se pasa esto a las siguientes generaciones?

Efectivamente, las alteraciones en la sangre se han confirmado como las consecuencias duraderas del trauma infantil tanto en el modelo animal como en los niños examinados. Sin embargo, esto deja claro cómo estas mutaciones de la sangre pueden llegar incluso hasta los nietos del individuo traumatizado.

Para entenderlo, los investigadores llevaron a cabo otro experimento en el que analizaron nuevamente la sangre de los ratones traumatizados con los ratones control. En los primeros rápidamente se observaron altos niveles de peroxisomas (PPAR). Estos son un tipo de receptor que se encuentra en la superficie de las células sanguíneas. Su labor principal es la regulación de la expresión génica, pero también influye en la estructura del ADN en varios tejidos.

Una vez identificado este receptor, pudieron notar que este se encontraba en los espermatozoides de los ratones traumatizados. Mientras que no había presencia en el de los machos control.

Pero, incluso estos podían tener la posibilidad de “traspasar” los problemas metabólicos a su descendencia. ¿Cómo? Al inyectarles el plasma de la sangre de los roedores sometidos a traumas.

Fue esto lo que finalmente mostró a los investigadores el rol vital del receptor PPAR en el proceso. Ya que este es el que facilita transmisión de los problemas metabólicos de una generación a la siguiente.

Impacto profundo

Los estos hallazgos, los investigadores han profundizado como nunca antes el conocimiento que se tenía en relación al trauma infantil y su capacidad de modificar el metabolismo de la víctima traumatizada –así como el de su descendencia–. De hecho, revelaron por primera vez al mundo los mecanismos por los que esto es posible.

Justo ahora, al menos una cuarta parte de los niños en el mundo sufren por abuso, violencia o negligencia. Con esta investigación, se ratifica que todas estas experiencias no solo dejarán solo una huella profunda y duradera en el organismo de los infantes, sino que las consecuencias del trauma se podrían traspasar hasta sus nietos. Con esto, los investigadores resaltan la importancia de proteger a nuestros infantes y de promover un mundo en el que estos puedan verdaderamente crecer sanos, por el bien de su generación (y de las siguientes).

Referencia:

Involvement of circulating factors in the transmission of paternal experiences through the germline: https://doi.org/10.15252/embj.2020104579