Representación gráfica de la forma del cerebro y sus cavidades hecha con líneas de luz azules y amarillas sobre fondo negro.
Crédito: KTSDESIGN/Science Photo Library.

Todos tenemos miedos. Evolutivamente, ha sido este el que le ha permitido a las especies sobrevivir al saber cuándo huir o cuando luchar para seguir a salvo. Como humanos, no estamos exentos de esta característica y, en realidad, seguimos dependiendo de ella para muchos ámbitos de nuestra vida –aunque claramente no del mismo modo en que lo habrían aplicado nuestros antepasados o en que lo usan los animales en la actualidad–.

Una particularidad que tienen las experiencias de miedo que resultan traumáticas es que estas dejan un aprendizaje en el cerebro. De este modo, si una persona se encuentra nuevamente con el mismo estímulo, entonces se disparará la respuesta de miedo como un mecanismo de protección.

Sin embargo, no siempre un mismo estímulo implicará verdaderamente peligro y el cerebro parece capaz de distinguir entre el miedo que se siente al momento y el que se siente al recordar la situación traumática. ¿Cómo hace esto? Eso es justamente lo que han buscado responder los investigadores del Centro de Ciencias Naturales de la Universidad de Nueva York.

¿Qué nos pasa cuando sentimos miedo?

Como lo mencionamos, el miedo es una respuesta natural y está principalmente mediada por el cerebro. En procesos que involucran el procesamiento del hipotálamo y la segregación de hormonas de la amígdala, nuestra mente logra procesar la situación a nuestro alrededor, analizar nuestros recuerdos y determinar si verdaderamente nos encontramos o no amenazados. Inmediatamente, esto nos permite saber si podemos o no relajarnos ante un evento.

(…) somos capaces de utilizar esos recuerdos de forma selectiva: para predecir y responder a un peligro posterior relacionado y, al mismo tiempo, reconocer cuándo no existen las amenazas. Esto es especialmente importante para el comportamiento de supervivencia en un entorno incierto, como una zona de conflicto o en momentos de malestar social”, dijo Eric Klann, autor principal del estudio.

La investigación, publicada en la revista Nature, estudió los canales a través de los cuales la mente analiza no solo el miedo momentáneo, sino cómo crea recuerdos de largo plazo que finalmente nos enseñan a qué temer y a qué no.

Los procesos neurológicos detrás del miedo

Ya sabemos que la amígdala tiene un papel importante en la regulación del miedo y otras emociones. Sin embargo, ahora la investigación de Klann y Prerana Shrestha, también autora principal, ha llegado para ampliar este panorama.

A través del estudio de los procesos neurológicos en ratones, pudieron identificar qué moléculas celulares interactúan verdaderamente con el almacenamiento a largo plazo. Básicamente, pudieron determinar que los cambios en el paisaje celular de las proteínas, y la sintetización de nuevas, son los que permiten la asimilación de características particulares de un evento y su almacenamiento a largo plazo.

Yendo más allá

Pero su investigación no se quedó allí. De hecho, Klann y Shrestha se enfocaron también en identificar a los protagonistas específicos que permitían convertir una nueva memoria en un recuerdo duradero.

Para esto, se enfocaron en estudiar el ensamblaje de dos complejos de proteínas cruciales. Luego, interrumpieron su funcionamiento en ratones, para averiguar si su capacidad de recordar su miedo a largo plazo se veía perjudicada.

Específicamente, perturbaron los procesos de complejos de proteínas: entre el primero estaba el eIF2 y entre el segundo el eIF4E. La primera forma parte de la adición del primer aminoácido en el proceso de transformación del paisaje celular. Por su parte, la segunda es vital para interactuar con el ARN de forma que este pueda traducirse en nuevas proteínas.

En medio de este proceso, la información del evento traumático está siendo transportada, transformada y almacenada. Por lo que, si se interrumpe, el animal no era capaz de aprender adecuadamente de la situación y su reacción de miedo llegaba retardada al ser expuesta a una situación de miedo que ya hubiera experimentado.

Para el futuro

“Esto tiene implicaciones significativas para los trastornos de la memoria como el PTSD [Post Traumatic Syndrome Disorder o Síndrome postraumático], donde los pacientes tienen dificultades para distinguir entre señales de seguridad y amenazas”, dijo Shrestha.

Desordenes como el PTSD se dan cuando una persona no es capaz de diferenciar adecuadamente entre los miedos aprendidos y ve peligro en situaciones que son realmente seguras. Este problema también podría deberse a un procesamiento inadecuado en la transformación del paisaje de proteínas del cerebro. Por lo que, aprender más sobre este tema en el futuro podría convertirse en una forma efectiva de lidiar con este tipo de problemas.

Referencia:

Amygdala inhibitory neurons as loci for translation in emotional memories: https://doi.org/10.1038/s41586-020-2793-8