Hombre sentado de espaldas solo en el medio de un café, al fondo otro hombre sentado solo y de espaldas, en otra mesa del café.
Vía PxHere.

El coronavirus ya ha contagiado a más de 37 millones de personas en el mundo. Su paso no se detiene y, a pesar de los grandes esfuerzos de la ciencia, aún no se ha conseguido una cura efectiva contra el COVID-19.

Debido a esto, aún es vital que manejemos los mejores métodos de prevención contra el virus y contención de contagios. Para poder hacerlo, es imperante que contemos con el conocimiento más reciente sobre el SARS-CoV-2, cómo se comporta y de lo que es capaz.

Pensando en esto, el ingeniero Suresh Dhaniyala llevó a cabo un escrito que compartió con el mundo a través de una publicación divulgativa en el medio The Conversation. En esta, dio a conocer sus descubrimientos y las implicaciones que estos tienen en la prevención futura de contagios por COVID-19.

“Es importante comprender lo que he descubierto a medida que más personas regresan a las universidades, oficinas y restaurantes y más reuniones se realizan en interiores a medida que bajan las temperaturas”, escribió.

Acá te contaremos los puntos más resaltantes de su investigación, así como lo que esto puede significar para el mundo en medio de esta pandemia.

El lugar en el que te sientes, influye en tu riesgo de contagio

Dhaniyala, quien también es profesor distinguido de ingeniería mecánica y aeronáutica de la Universidad de Clarkson, llevó a cabo un corto experimento en un aula de clases. Con esta totalmente vacía, inyectaron en el aire micropartículas como las del SARS-CoV-2, conocidas como aerosoles.

Luego, dejaron pasar el tiempo e hicieron seguimiento al desplazamiento de estas por la habitación. Eligieron un salón particularmente bien ventilado, con un sistema optimizado de circulación de aire y con unos 30 por 26 pies de amplitud. Todo esto para observar qué tanto es el riesgo de dispersión del virus incluso cuando se cumplen todas las regulaciones de seguridad actualmente instauradas.

Después de unos 10 o 15 minutos, las partículas del virus habían alcanzado el fondo del salón a unos 30 pies (6,1 metros) de su punto de origen. Sin embargo, su concentración era 10 veces menor que aquella registrada en las primeras filas frente al podio, desde donde se habían liberado las partículas.

De este modo, en un primer vistazo, pudieron determinar que los puestos del fondo tendrían un riesgo de contagio mucho menor que aquellos ubicados al frente del salón. Esto asumiendo que el transmisor del virus sea el ponente.

“Eso sugiere que con una ventilación adecuada, el mayor riesgo de contraer COVID-19 podría limitarse a una pequeña cantidad de personas cerca del hablante infectado”.

El riesgo de contagio aumenta mientras más tiempo pasamos en una habitación

Sin embargo, su estudio no se quedó hasta allí. Los investigadores continuaron observando el comportamiento de los aerosoles en la sala.

Incluso con el mecanismo de ventilación funcionando a la perfección, a medida que el tiempo pasaba, la concentración de aerosoles en el aire se hacía mayor (incluso en la parte trasera del salón). Por lo que, en una sesión de clases de una hora, por ejemplo, pronto toda el aula podría tener estos pequeños aerosoles rondando en cantidades riesgosas.

“(…), a medida que aumenta el tiempo que se pasa en interiores con un vocero infectado, el riesgo se extiende a toda la habitación, incluso si la ventilación es buena”.

La importancia de ventilar las habitaciones

Poco antes de la investigación de Dhaniyala, los CDC reconocieron la importancia de ventilar los espacios interiores y lo añadieron a las instrucciones oficiales de su página web. Meses antes, la Organización Mundial de la Salud también se vio forzada a admitir el peligro que significaban estos peligrosos aerosoles.

Su tamaño menor a 5 micrómetros permite que estos puedan escapar incluso a la protección de los tapabocas. Una vez en libertad, pueden llegar a permanecer suspendidos en el aire hasta 12 horas.

Por lo que, para evitar que se concentren en espacios donde tengan una alta probabilidad de contagiar a alguien, es vital que estos se ventilen constantemente.

“De todos los controles de ingeniería, la ventilación es probablemente la herramienta más eficaz para minimizar la propagación de infecciones”, afirmó Dhaniyala.

¿Dónde no deberíamos sentarnos?

Basado en la información obtenida en su estudio y en las recomendaciones de los CDC, Dhaniyala señala dos espacios particulares. Según él, estos pueden ser peligrosos puntos de contagio. Ya se sabe que las filas frontales se encuentran en alto riesgo de contagio, pero recluirnos en una esquina tampoco es la opción. De hecho, debido a que la circulación de aire en ellas es menor, es mucho más probable que los aerosoles del SARS-CoV-2 se acumulen allí.

Asimismo, estar cerca de los extractores de aire y sistemas de ventilación también puede ser contraproducente. A ser estos justamente los espacios dedicados a movilizar el aire de la habitación, la posibilidad de que esté rodeado de peligrosas micropartículas es alta.

¿Qué hacer para volver los espacios más seguros?

Además de asegurarnos de contar con un sistema apropiado de ventilación, y de abrir las ventanas para colaborar con la circulación del aire, también es importante que se utilicen herramientas extra como las pantallas protectoras entre estudiantes. Asimismo, los filtros de aire también pueden ser un gran apoyo para mantener lo más limpio posible el aire de las habitaciones.