Hombre afroamericano abriendo una ventana.
Vía Pixnio

El avance de la pandemia del coronavirus es innegable. Desde inicios de este año hasta la actualidad, el virus SARS-CoV-2 ha logrado llegar a más de 36,2 millones de personas y se ha llevado las vidas de otro millón.

Mientras tanto, la ciencia trabaja en diversas vacunas, medicamentos y tratamientos que puedan finalmente hacer frente a la enfermedad, conocida como COVID-19. Sin embargo, sabemos que hasta ahora ninguna de las alternativas ha sido totalmente aprobada o confirmada como efectiva. Por este motivo, la prevención sigue siendo nuestra mejor defensa contra el coronavirus.

Poco a poco, hemos llegado a conocer cada vez más medios para evitar el contagio del COVID-19. No obstante, como aún seguimos aprendiendo de la enfermedad, todavía hay detalles que se nos escapan. Por este motivo, es importante mantener nuestros conocimientos actualizados.

Como una muestra de esto, nos topamos con una reciente actualización de los consejos dados por los CDC (Centers for Disease Control and Pretention) de Estados Unidos. Ahora, al reconocer la posibilidad de que el SARS-CoV-2 se propague por el aire, se han visto en la necesidad de añadir nuevas medidas preventivas a su listado.

Transmisión aérea del COVID-19

Desde mayo de este año se sospechó que el COVID-19 también podía transmitirse por el aire. Pero no fue sino hasta junio, luego de una petición generalizada de más de 200 científicos, que finalmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció esta realidad.

Luego de esto, no pasó mucho tiempo para que los CDC hicieran cambios en su página web especializada de información sobre el coronavirus. En ella, su sección informativa sobre medios de contagio incluye la trasmisión a través aerosoles en el aire. Igualmente, sus consejos para mantener los espacios cerrados lo más seguros que se pueda, han añadido la directiva de ventilarlos contantemente.

Para estos momentos, ya la ciencia ha logrado diseñar el primer filtro de aire especializado capaz de eliminar el SARS-CoV-2. Sin embargo, claramente este será más común en espacios de trabajo y áreas de uso común que en los hogares de cada individuo. Debido a esto, otras alternativas tan simples como abrir nuestras ventanas pueden ser todo lo que necesitamos.

Abrir la ventana realmente puede hacer la diferencia

En un principio esta puede parecer una medida que no puede hacer mucho contra la transmisión del SARS-CoV-2. Sin embargo, si se une a los medios preventivos ya conocidos, como la aplicación del distanciamiento social o el uso de mascarillas, puede llegar a hacer una gran diferencia.

Para poder explicar con claridad el impacto que abrir las ventanas puede tener en nuestros hogares, el epidemiólogo Antoine Flahault ha hecho una analogía. En esta ha comentado que, tal como abrimos las ventanas para que salga el humo cuando alguien fuma, abrirlas periódicamente puede ayudar a que los aerosoles contagiosos del COVID-19 salgan arrastrados por las corrientes de aire.

¿Cómo sacar el mayor provecho de esta medida?

Según comenta Flahault, quien también es director del Instituto de Salud Global de la Universidad de Ginebra, lo ideal es tener una “recirculación total del aire en una habitación al menos seis veces por hora”. No obstante, claramente este es un ritmo que una casa promedio no puede cumplir –ya que el requerimiento está más cercano al estándar que usan los aviones dentro de sus cabinas–.

Debido a esto, Flahault resalta nuevamente la importancia de combinar la ventilación de los espacios con otras medidas preventivas. Específicamente, aconseja que:

“Limite el número de personas en la habitación, no permanezca en ella demasiado tiempo, mantenga el distanciamiento social, use una máscara en todo momento, lávese las manos con regularidad y trate de no hablar ni gritar demasiado”.

En caso de no poder lavarse las manos, el gel antibacterial podría ser una buena alternativa momentánea –pero nunca un sustituto–. Igualmente, también se sabe que la alta humedad en favorece la trasmisión del virus en espacios interiores, por lo que hay que hacer lo posible por mantenerla a raya.

Al estar conscientes de todos estos datos y tener los cuidados necesarios podremos protegernos y a los que nos rodean. Claramente, ninguna de estas medidas es una seguridad total, pero al menos ayudan a disminuir la probabilidad de contagiarnos.