La inteligencia artificial (IA) está en auge de crecimiento, pero la carencia de un cuerpo físico limita su verdadero potencial. Es tal su influencia en nuestras vidas que la mayoría de las actividades que realizamos a diario la involucran.

Para muestra, el simple hecho de tomar una fotografía con un smartphone, y que posteriormente las caras capturadas sean identificadas por la función Google Fotos, en el caso de usar Android, es un ejemplo claro de ello; hasta un hecho más grande como la operación de vehículos autónomos.

Inclusive, en septiembre de 2020, el mundo del periodismo se vio sorprendido con la publicación de un artículo redactado completamente por una inteligencia artificial, la IA GPT-3, cuyo propósito es demostrar que no representan una amenaza para los seres humanos.

Como podemos ver, es indudable que cada día son más las tareas ejecutadas por agentes inteligentes, sistemas creados para ayudarnos y facilitar nuestras tareas. La ciencia lleva años impulsando este ambicioso objetivo: lograr que los sistemas inteligentes se asemejen a los seres humanos.

Sin embargo, es algo que aún no se ha podido lograr. ¿Por qué?, es una gran interrogante, a la que los expertos responden que el problema radica en la carencia de un cuerpo físico y en la falta de interacción humana.

La teoría de la mente y el aprendizaje físico pueden ser la respuesta que busca la IA

Mark Lee en un artículo publicado para The Conversation plantea que una IA no puede comportarse como ser humano, porque simplemente no puede comprender nuestras emociones, no siente ni piensa como nosotros, lo cual representa una gran limitante para la inteligencia artificial.

Al respecto se ha argumentado que la teoría de la mente podría ayudar con este dilema, pues, si la IA pudiera percibir la forma en que las personas vemos el mundo, vivir experiencias similares, mantener conversaciones que involucren un razonamiento subjetivo, podrían producir empatía y hacer más fácil la comprensión.

Del mismo modo, se hace referencia al aprendizaje físico al decir que “toda esta interacción social sólo tiene sentido para las partes involucradas si tienen un sentido de sí mismos”, es decir, que si tienen un cuerpo con la misma estructura del ser humano podrían entender su sentido de orientación, el espacio que ocupan y desarrollar habilidades propias de las personas.

Estas teorías han causado que la robótica busque la forma de emplearlas en robots dotados de IA, los cuales serán tratados como bebes. Sí, así como leen, emplearán técnicas de educación basadas en nuestro sistema de crecimiento para que los bots al interactuar con agentes humanos modelen su comportamiento.

Con esto nos queda claro que el avance de la inteligencia artificial no se detiene, que de cumplirse los objetivos de la robótica en el desarrollo de estos nuevos robots, en un futuro más que compañía podríamos tener a alguien con quién charlar e intercambiar opiniones.