Loro Ábaco / Crédito: Kamella Boullé, Biblioteca Macaulay.

La pérdida de biodiversidad es un problema que preocupa con cada vez más fuerza a biólogos y científicos alrededor del mundo. Sin embargo, en general, parecemos tener la percepción de que esta inició con los albores de este mundo globalizado en el que vivimos en la actualidad.

Ahora, nuevas investigaciones nos señalan que esto no necesariamente ha sido así. De hecho, la pérdida de biodiversidad en el mundo es un proceso que ha ocurrido durante miles de años. Lastimosamente, incluso entonces, nuestros ancestros parecen haber jugado un papel decisivo en el fomento de este problema.

Los datos recaudados por los investigadores David W. Steadman y Janet Franklin en las islas Bahamas durante una década han sido la revelación que el mundo necesitaba. Gracias a sus descubrimientos, se supo que al menos 90 especies distintas de aves fueron afectadas (y algunas incluso totalmente exterminadas) después de la llegada de los primeros pobladores de la isla.

Lo que nos pueden decir los fósiles

“Entre las 90 especies residentes de aves terrestres conocidas a partir de los fósiles de las Bahamas, 62 especies (69%) tienen distribuciones diferentes en la actualidad que en el pasado reciente, que van desde las extirpaciones de una sola isla hasta la extinción global”, escribieron Steadman y Franklin en su estudio.

Para poder llegar a esta conclusión, los investigadores revisaron y analizaron más de 7.600 fósiles durante 10 años de trabajo continuado. Gracias a esto, fueron capaces de determinar las especies de aves que estaban en las islas, cómo posiblemente estaban distribuidas y en qué momento dejaron de poblar algún territorio.

Eso llevó a los investigadores a descubrir algunos casos de aves que, aunque no están extintas, se vieron relegadas a solo una o dos islas de las Bahamas en lugar de poder estar en todas ellas, todo por la acción humana.

Se estima que el hombre pisó por primera vez las Bahamas hace mil años. Justo desde ese punto, especies particulares de las islas como el colorido loro Ábaco dejaron de estar en las islas centrales para relegarse en las dos de los extremos. Según la investigación del par de científicos, a pesar de que estuvieron presentes elementos como tormentas en aumento y un nivel del mar en constante aumento, solo la presencia humana puede explicar un cambio tan radical en la distribución de estas criaturas.

Igualmente, casos como el de una especie de lechuza común y un águila gigante tuvieron incluso menos suerte. Posiblemente debido a la competencia por presas y a la disminución de la presencia de muchas de ellas en las islas, estas dos especies dejaron de existir hace menos de mil años. Según algunos de los fósiles, algunas de las especies afectadas estuvieron en las islas diez mil años, antes la llegada del hombre.

¿Por qué la presencia humana llegó a ser tan perjudicial?

En el caso de las aves cazadoras, como ya mencionamos, los mayores problemas pudieron darse por la competencia por las presas y la disminución paulatina de posibles fuentes de alimento (ya que las aves se mudaban a otras islas o simplemente enfrentaban la extinción).

Por su parte, las aves que consumen frutos e insectos suelen tener carne más suave y ser un poco más rellena. Debido a esto, en un territorio como las Bahamas, donde las criaturas no tenían muchos espacios para esconderse o aislarse de los humanos, muchas pudieron ser presa fácil de los primeros pobladores.

Como si eso fuera poco, el avance de los poblados humanos también implicó un proceso de deforestación que continúa hasta ahora. Con este, los hábitats naturales disponibles para las aves también comenzaron a escasear y su subsistencia en la isla se hizo mucho más complicada.

Este problema sigue existiendo en la actualidad, ya que el crecimiento y desarrollo de las comunidades de las Bahamas continúa. Ante esto, los autores comentan:

“De acuerdo con las tendencias globales, la población humana del archipiélago [de las Bahamas] está creciendo, y con eso viene más deforestación y la introducción continua de plantas y animales no nativos. Todos estos factores están interrelacionados, son sinérgicos y, en última instancia, perjudiciales para las especies nativas”.

La necesidad de proteger lo que queda

Steadman y Franklin dejan claro que es necesario tomar acciones para proteger las poblaciones de aves que aún se mantienen en las Bahamas. Ya que, aunque han sobrevivido, actualmente aún se encuentran en riesgo de sufrir el mismo destino que sus ancestros.

“Las fragmentadas y existentes comunidades de aves de las Bahamas han resistido 1.000 años de impacto humano y, por lo tanto, representan especies con cierta capacidad de recuperación. Sin embargo, enfrentan un futuro incierto porque los factores que han alimentado las extirpaciones y extinciones a lo largo del tiempo siguen activos”.

Los investigadores también comentan que el proteger la biodiversidad se ha convertido en una tarea de autopreservación. Con la pérdida de diversidad y espacios naturales, la posibilidad de transmisión de virus zoonóticos –como el virus SARS-CoV-2 que tiene al mundo sumido en una pandemia– se podrían hacer mucho más frecuentes. Por este motivo, proteger a las especies en peligro de extinción a la larga se convierte en una movida a favor de nuestra propia especie.

El pronóstico

“El futuro, por supuesto, es imposible de predecir, pero inapropiado de ignorar. Nos resulta difícil ser optimistas acerca del futuro a largo plazo de las comunidades de aves de las Bahamas. Las amenazas a estas pequeñas islas incluyen huracanes e impactos humanos más directos de todo tipo. Agravados por el calentamiento del océano y el aumento del nivel del mar, [además] la frecuencia y severidad de los huracanes están aumentando con el tiempo”, concluyeron Steadman y Franklin.

Los investigadores comentan que, “para terminar con una nota positiva” los esfuerzos que se hacen en la actualidad ya están ayudando. Las reservas de vida silvestre de las Bahamas ya colaboran con la preservación de las especies en las islas. No obstante, este es un problema que lleva siglos construyéndose y que quizás demore siglos en repararse.

Referencia:

Bird populations and species lost to Late Quaternary environmental change and human impact in the Bahamas: https://doi.org/10.1073/pnas.2013368117