Si hay temas de conversación que sin duda pueden generar discusiones y enemistades son los relativos a la religión y la política. Muchos podrían incluir también los deportes, pero entre los fanáticos deportivos las trifulcas se olvidan más rápido, o quedan más como recuerdos gracioso.

La historia cambia cuando se trata de política, y más aún en los años de campañas electorales. De hecho, un estudio reciente en EE.UU. muestra que las divisiones políticas se han acentuado aún más: aproximadamente 40 por ciento de los votantes afirmó que no tiene un solo amigo cercano que simpatice con un candidato presidencial diferente al de su preferencia.

Esto es algo que vemos prácticamente desde que nacemos, pero puede que en estos tiempos de cercanía virtual se exacerben estas diferencias. Melanie Green, profesora asociada de comunicación en Universidad de Buffalo y la Universidad Estatal de Nueva York, indaga en los factores que están ampliando la brecha social entre los pensamientos distintos en un artículo en The Conversation.

Redes sociales exacerban las diferencias

Green destaca, en primer lugar, el papel de las redes sociales, que a pesar de acercanos a otros que se encuentran lejos y permitirnos conocer las nuevas tendencias de pensamiento, son un escenario común de discusiones.

La peor parte es que estas no consisten solamente en debatir puntos de vista diferentes, sino que con frecuencia rayan en burlas, golpes bajos y la ausencia total del respeto hacia otros, sin importar si piensan diferente.

Muchas personas simplemente olvidan que quienes comentan o comparten contenido en las plataformas sociales también son humanos. Olvidan que pueden cometer errores, que quizás no se han informado lo suficiente sobre determinado tema, que tienen derecho a pensar diferente.

Pero la culpa no siempre es concretamente de las personas. Green destaca factores como las limitaciones de caracteres en Twitter, por ejemplo, que ciertamente impiden que los usuarios expresen todas la complejidad de sus puntos de vista.

A ello sumamos la forma en que se redactan las noticias, muchas veces con intención de mantener a la gente indignada, de desprestigiar a otros e incentivar el gusto u odio por un tema o personaje en particular. Aunque lamentable, este tipo de contenido es mucho más propenso a compartirse en las redes sociales, y se plantea así precisamente para cumplir este cometido, que además genera más dinero.

“El contenido divisivo también puede originarse con trolls o campañas de desinformación diseñadas intencionalmente para aumentar la división social”, agrega Green.

Identidad, moralidad y su vínculo con las preferencias políticas

Vivimos en una época en la que se están derribando muchos estereotipos del pasado, pero muchos no se dan cuenta de que, mientras mueren algunos, nacen otros igual o más nocivos que los anteriores.

Entre los humanos, es fácil desarrollar apegos al descubrir que cierta tendencia de pensamiento, o ciertos personajes son similares a lo que percibimos como nuestra identidad. Y aunque esto puede sernos útil para sentirnos más integrados, también puede tener un efecto contrario en nuestras relaciones con otros, haciendo más fácil que los veamos de manera negativa cuando simplemente no coinciden con nosotros.

“Los seres humanos tienen la necesidad de pertenecer y ser parte de grupos , y esta mentalidad de “nosotros contra ellos” puede surgir incluso si las personas no tienen posiciones sólidas sobre cuestiones políticas”.

Esto es particularmente común cuando se acercan las elecciones y la gente habla con más frecuencia sobre los candidatos. Muchas personas simplemente se enfocan más en estas identidades y la adoptan como positiva, descartando cualquiera que no se le parezca.

Y cómo no, los políticos y personalidades destacadas juegan un papel clave en la exacerbación de los conflictos. Muchas campañas se basan en el desprestigio del contrincante, recurriendo a aspectos más personales y asociando ciertos pensamientos con una mayor o menor la moralidad.

“Cuando una persona cree que las políticas y los políticos apoyados por otra persona son inherentemente malos o inmorales, es difícil mantener una amistad”, dice Green. Así nos encontramos con afirmaciones como “no puedo ser amigo de alguien que apoye a Trump”, o “no puedo hacer amigo de un demócrata”.

Los extremos no son saludables

¿Significa esto que las preferencias políticas en verdad pueden influir en nuestra selección de amistades? Sin lugar a dudas. Sin embargo, muchos alguna vez se han visto en la necesidad flexibilizar su pensamiento y su aversión hacia las contrapartes, bien por afecto, o por el simple hecho de comprender que los extremos no son saludables.

Esto también lo reflejó la encuesta de Pew mencionada la principio, que reveló que 60 por ciento de los votantes estadounidenses registrados tienen amigos cercanos con opiniones políticas diferentes.

Seis de cada 10 estadounidenses mantienen sus amistades intactas a pesar de las tensiones electorales, lo que sugiere que sí es posible mantener la objetividad en estos tiempos. Aunque la política influye, el afecto y los valores compartidos podrían ser más que útiles para mantener la unidad.

Referencia:

Why friendships are falling apart over politics. https://theconversation.com/why-friendships-are-falling-apart-over-politics-146821