En una nota previa hablamos del remdesivir, un medicamento que surgió inicialmente en un intento infructuoso por encontrar una forma de tratar la hepatitis C. Lo bueno es que todo en la vida consigue su rumbo, y aunque no funcionó para esta, el remdesivir demostró eficacia contra el virus del Ébola, el SARS-CoV-2, y otros.

Asimismo, en la actualidad existen tratamientos eficaces contra la hepatitis C, aunque esta sigue considerándose una enfermedad de cuidado, estrechamente relacionada con el cáncer de hígado.

Aprovechando la noticia reciente de que los descubridores del virus que causa la hepatitis C ganaron el premio Nobel de Medicina, repasaremos aspectos importantes como los síntomas, causas y tratamiento.

¿Qué es la hepatitis C?

La hepatitis C es una infección en el hígado causada por el virus de la hepatitis C, también conocido como VHC. Según la Organización Mundial de la Salud, la enfermedad se distribuye en todo el mundo, pero es más común en aquellas zonas en las que las prácticas de control de infecciones no han sido eficaces.

Síntomas de la hepatitis C

Por lo general, la infección inicia de forma asintomática, lo que puede retardar su diagnóstico. Algunas personas infectadas (se estima que el 30 por ciento) elimina el virus de manera espontánea en un plazo de seis meses, sin recibir tratamiento

Sin embargo, en ausencia de alguna terapia, cerca del 70 por ciento de las personas contagiadas desarrolla una infección crónica que las pone en un riesgo de entre 15 y 30 por ciento de desarrollar cirrosis hepática dentro de los próximos 20 años.

Pues bien, cuando el virus no se elimina espontáneamente, los pacientes desarrollan de forma silenciosa durante muchos años lo que se conoce como hepatitis C crónica. Es entonces cuando el daño ha sido tan agudo que empiezan a aparecer los siguientes síntomas: hemorragias, propensión a hematomas, falta de apetito y pérdida de peso, fatiga, coloración amarillenta en los ojos y la piel (conocida como ictericia), picazón en la piel, orina oscura, acumulación de líquido en el abdomen, piernas hinchadas, arañas vasculares, y confusión, somnolencia y dificultad para hablar.

¿Cómo se contrae la hepatitis C?

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La hepatitis C se contrae por contacto con sangre contaminada con el virus que la causa.

La hepatitis C se transmite por el contacto con sangre contaminada con el virus que la causa, específicamente cuando esta entra al torrente sanguíneo de una persona no infectada. De modo que ciertas actividades que involucran el contacto con sangre de otras personas sin la debida precaución puede conducir a su contagio.

Aquí podemos mencionar el hábito de compartir jeringas para el consumo de drogas inyectables. Pero también la reutilización o esterilización inadecuada de material médico en entornos sanitarios, las transfusiones de sangre y la aplicación de productos sanguíneos sin previo análisis.

La hepatitis C también se transmite a través de prácticas sexuales que impliquen exposición a la sangre de alguien contagiado. En este sentido, las relaciones sexuales entre hombres homosexuales, donde los hombres infectados con VIH son un blanco fácil.

Asimismo, una madre contagiada con VHC puede transmitir el virus a su bebé, aunque esta vía es poco frecuente. Sin embargo, el contagio no se produce por el consumo de leche materna.

Cabe destacara que la enfermedad no puede contraerse a través de alimentos, agua, ni por contacto físico cercano ocasional como los abrazos, los besos o el simple hecho de compartir comidas o bebidas con una persona infectada.

¿Qué tratamientos existen para la hepatitis C?

Hasta hace poco, el tratamiento para la hepatitis C era bastante complejo ya que implicaba inyecciones semanas y medicamentos orales, y las personas no siempre podían cumplirlo. A ello sumamos que muchos pacientes infectados no podían tomar las medicinas debido a otros problemas de salud, o a que sufrían efectos secundarios graves.

Pero gracias a los descubridores del virus, y los estudios posteriores a su hallazgo, han surgido avances significativos que han convertido una enfermedad grave y a menudo mortal en una que puede curarse entre dos y seis meses siguiendo tratamientos más cómodos.

La utilización de antivirales de acción directa para el tratamiento de la infección crónica por el VHC han permitido aumentar las tasas de recuperación total y reducir los efectos secundarios. Entre estos fármacos, podemos mencionar telaprevir y boceprevir, que empezaron a comercializarse en 2011 tras ser aprobados para usarse en combinación con interferón pegilado y ribavirina.

Aunque podemos distinguir diferentes familias de medicamentos útiles para la enfermedad que actúan impidiendo la replicación del virus. Estos son: inhibidores de la proteasa, inhibidores de la polimerasa e inhibidores de la proteína NS5A, que se administran dependiendo de la fase del ciclo vital en que se encuentren.

Cabe destacar que aplicar solo uno de estos antivirales no es suficiente para impedir la reproducción del VHC. El tratamiento deben involucrar como mínimo dos fármacos de diferente familia. Por fortuna, los medicamentos actuales vienen en una sola pastilla que incluye dos o tres de ellos.

Referencias:

Hepatitis C. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hepatitis-c

Hepatitis C. https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/hepatitis-c/symptoms-causes/syc-20354278