Vivir en estos tiempos tan revueltos hace que nos olvidemos de que el mundo puede poner sus diferencias a un lado, tal como ocurrió hace ya 30 años cuando Alemania puso fin a la horrible división entre el bloque socialista y el bloque capitalista que separó a millones de alemanes, no solo de sus familiares y seres queridos, sino también del paso del tiempo.

Con la caída del Muro de Berlín en 1989, Alemania se abrió paso hacia una nueva era en la que nuevamente volvería a ser una sola nación bajo la influencia de occidente. Atrás quedarían los días de la República Democrática Alemana y su cultura tradicionalista y austera –austeridad a la que los líderes políticos de la RDA eran inmunes–. No obstante, siendo amante y protectora de su historia, Alemania aún conserva algunos vestigios de la época que atraen a miles de turistas cada año.

Si bien hoy puedes visitar Berlín y hacer todo un circuito en el que puedes conocer cómo eran los días de la RDA, hay un símbolo que podrás encontrar en toda la ciudad: un pequeño hombrecito con sombrero que te indica cuándo cruzar y cuándo no en un paso peatonal, el Ampelmännchen.

Un hombrecillo que nació para ser historia

Una figura grande del Ampelmännchen con un charco en Berlín
El Ampemännchen puede verse en toda Berlín, no solo en sus semáforos, sino también como símbolo de la ciudad y de la “Ostalgie” o nostalgia por el este. Foto: Paola Marchena

Cuando se está en Berlín se puede observar en los semáforos de la ciudad a este pequeño hombre con sombrero, uno de los pocos símbolos de la Alemania socialista que persisten en el tiempo. Y aunque su origen data de la década de los 70, su popularidad no fue tal sino hasta después de la caída del Muro. ¿Cómo es que este pequeño hombrecito se convirtió en un poderoso símbolo de la reunificación alemana? Sigue leyendo para enterarte.

Hablar de cómo Alemania llegó a convertirse en dos naciones después de la Segunda Guerra Mundial es materia de todo un artículo aparte, pero sí hay que mencionar algunos puntos importantes. Después de la guerra, el territorio alemán estaba controlado por dos bloques: el socialista-oriental-soviético y el capitalista-occidental-países aliados. La República Democrática Alemana (RDA o DDR por sus siglas en alemán) era el lado oriental, mientras que la República Federal Alemana (RFA) pertenecía al lado occidental.

Tras numerosas tensiones políticas y económicas, cientos de ciudadanos comenzaron a huir al lado oeste y en respuesta el Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) comenzó a idear un plan para evitar la fuga y, al no poder evitar el éxodo, en 1961 levantó una frontera militar que cada año se hacía más alta, fuerte y peligrosa. El Muro de Berlín fue la columna que mantuvo de pie a la Unión Soviética hasta 1989, cuando ambas cortinas de hierro se derrumbaron.

Cientos de personas se aglomeran sobre el Muro de Berlín, 1989
La caída del Muro de Berlín marcó el fin de la Unión Soviética y el inicio de un proceso de reunificación que hoy cumple 30 años.

Entrados en este contexto, no es descabellado pensar que la vida en ambos lados era muy diferente, hasta los detalles más pequeños, como un semáforo. Terminando la década de los 60, el psicólogo Karl Peglau trabajaba en el Servicio de Transportes y Comunicaciones de la RDA, e investigando para modificar los semáforos de la república recogió que entre 1955 y 1960 las muertes causadas por accidentes de tráfico –al menos unas 10.000– se debían a la percepción confusa de los semáforos.

Teniendo esto en mente decidió probar un diseño que fuese fácil y claro de entender para todo tipo de personas, el mismo debía que tener alguna figura que indicara una acción. De esta manera probó con un hombrecito muy peculiar con sombrero que tenía dos variantes: uno de color verde que aparecía caminando, indicando que era tiempo de cruzar, y otro de color rojo parado con los brazos abiertos, como si detuviera a los peatones de cruzar la calle.

Por supuesto que esta idea de incluir figuras para aquellos que tuvieran impedimentos visuales como el daltonismo no era nada nuevo, de hecho, en el oeste también tenían su propio Ampelmännchen, solo que más sobrio y menos caricaturesco.

Versiones del Ampelmännchen del este (con sombrero) y del oeste (sin sombrero)
Versiones del Ampelmännchen del este (con sombrero) y del oeste (sin sombrero). Fuente: Should I Stay or Should I Go – Cognitive Conflict in Multi-Attribute Signals Probed with East and West German ‘Ampelmännchen’ Traffic Signs

Pero en la RDA esto era toda una novedad, y como ocurre en todo régimen socialista, todas las propuestas debían pasar por la aprobación del partido. Peglau presentó a su hombrecito con sombrero y por supuesto que recibiría algunas observaciones: aunque el sombrero les parecía un poco burgués, aceptaron su diseño, pero definitivamente tenía que caminar hacia la izquierda, no hacia la derecha como estaba originalmente.

Karl Peglau, el diseñador del Ampelmännchen, sostiene dos figuras del hombrecillo.
Karl Peglau, el diseñador del Ampelmännchen. Imagen: Picture-Alliance/dpa

De esta manera, el Ampelmännchen comenzó a inundar las calles de varias ciudades durante toda la era de la RDA. Cuando cayó el Muro y se inició el proceso de reunificación, por supuesto que todo lo que tuviese que ver con la RDA tenía que irse, incluso sus pequeños hombrecitos con sombrero. No obstante, un grupo nostálgico de los tiempos del este no se dio por vencido y creó la organización “¡Rescaten al Ampelmännchen!”, con la que pretendían traer al hombrecillo de vuelta como símbolo de la historia.

Luego de una campaña exitosa, el grupo logró su cometido y es gracias a ellos que hoy podemos ver una parte viva de la historia alemana, además de los cientos de monumentos que han sobrevivido el paso del tiempo, de guerras y diferentes repúblicas.

Ampelmännchen: de pequeño hombrecito socialista a símbolo capitalista

Una tienda de souvenirs en Berlín muestra una sección de productos Ampelmännchen
Hoy en día ese pequeño símbolo de un país socialista genera unos 8 millones de euros al año vendiendo productos con su figura. Imagen: TripAdvisor

Berlín es hoy una de las ciudades más visitadas del mundo, en ella puedes hacer todo tipo de circuitos turísticos, pero siempre la historia te acompañará a donde quiera que vayas. Para ver al Ampelmännchen no hace falta que entres a un museo como el de la RDA, sino que tan solo al caminar por sus calles podrás ver a este símbolo que forma parte del inventario de cuanta tienda de souvenirs existe.

Irónicamente, este hombrecillo vivió para ver cómo se convertía en un símbolo de una república socialista a ser una figura de culto que además genera millones de euros en ganancias cada año. El diseñador Markus Heckhausen compró la patente de diseño Peglau, el creador del Ampelmännchen, para capitalizarlo desde 1995.

Un Ampelmännchen hombre en rojo y una ampelmänn mujer.
El Ampelmännchen aparece en al menos dos tercios de los semáforos de Berlín. Existen iniciativas para incluir una versión femenina. Imagen: DW

Desde entonces, el pequeño hombre con sombrero no solo aparece en los semáforos de Berlín, sino también en diversos productos como zarcillos y collares para perros, según destaca The Guardian. La compañía, que comercializa más de 500 productos con la figura, hacía unos 8 millones de euros –para el 2011– y cuenta con cuatro tiendas en Berlín y dos más en Asia, específicamente en Seúl y en Tokio.

Una tienda de souvenirs Ampelmänn
Existen cuatro de estas tiendas en Berlín y dos en Asia, específicamente en Seúl y Tokio. Imagen: Berlin Logs

Es así como la invención de un diseñador que quería hacer la ciudad más accesible para todos creó uno de los símbolos más poderosos de la reunificación alemana que hoy cumple 30 años, siendo uno de los pocos elementos de la RDA que sobrevivieron a la caída del Muro de Berlín. Y lo más curioso es que, si bien nació en un lado más bien austero y anticapitalista, terminó haciendo vida en las calles de una sola nación occidental, pero puede que también como imán en tu nevera.