Además del confinamiento en casa y todas las restricciones que hemos tenido que aceptar, una de las cosas más desagradables durante esta pandemia ha sido la prueba para detectar el coronavirus.

Suena como una exageración, pero algunas personas que se han sometido a la prueba dicen que sintieron que el hisopo perforaría su cerebro. Sí, suena como de película de zombies o algo así, pero aún así muchas personas han empezado a tener miedo del hisopo nasofaríngeo.

¿Pero es justificado? ¿En verdad la prueba de COVID-19 puede ser tan peligrosa? ¿Se trata de negligencia de quien la aplica? ¿Será preferible evitar hacérnosla? Ante tantas dudas, Carl Philpott, profesor de rinología y olfatología, Universidad de East Anglia, escribió un artículo en The Conversation desmitificando esta posibilidad.

Derrame de líquido cefalorraquídeo por la nariz

Parece que la historia empezó con un caso descrito en una revista médica de prestigio, JAMA Otolaryngol Head & Neck Surgery. Se trata de una mujer en Iowa, EE.UU., que tuvo que hacerse la prueba de COVID-19 antes de que los médicos procedieran con una operación de hernia.

El problema surgió cuando, después de la limpieza con el hisopo, empezó a salir líquido de su nariz, a lo que siguieron dolores de cabeza y vómitos. Cuando los médicos del hospital la atendieron, descubrieron que se trataba de líquido cefalorraquídeo, una sustancia que circula en el revestimiento del cerebro y la columna vertebral.

Un defecto que expone parte del cerebro por la nariz

Hasta ahora, la historia suena espeluznante, pero esto aún no sugiere ningún riesgo respecto a la prueba, ya que ciertos factores, como las condiciones de salud, pueden influir en eventos como este.

Philpott dice que la mujer tenía un defecto preexistente en la base del cráneo, ese hueso que tenemos en la parte superior de la nariz y que pasa hacia nuestra frente. Una parte del tejido cerebral de la mujer sobresalía hacia la cavidad nasal en lo que los médicos especialistas en oído, nariz y garganta consideran una condición poco común.

Se sabe que uno de cada 10.000 bebés nace con un defecto como este, pero los casos en adultos en realidad son poco conocidos, así como la frecuencia con la que se pueden encontrar entre ellos.

Philpott dice que, en este caso en particular, el defecto pudo haber sido consecuencia de una mayor presión dentro del cráneo (que rodea al cerebro) de la mujer era más alta de lo normal.

No hay riesgo en la prueba de COVID-19

En conclusión, en ausencia de una debilidad como esta, “es extremadamente improbable” que el hisopo nasofaríngeo cause alguna lesión en las personas. Por supuesto, quien haga la prueba debe estar capacitado para ello, ya que no es tan simple como meter un objeto alargado en un agujero.

“Un buen consejo al frotar la nariz es recordar que el interior de la nariz viaja hacia atrás, hacia la parte posterior de la cabeza y no hacia arriba”, explica Phipott. “Por lo tanto, cualquier frotis de la nariz debe implicar apuntar el hisopo hacia la parte posterior de la cabeza en la misma dirección en que apuntaría el hisopo hacia la amígdala cuando se frota la boca, que es parte de la misma prueba”.

Así que no hay que temerle a la prueba de COVID-19 cuando sea necesario aplicarla. Definitivamente es mucho mejor pasar por la experiencia desagradable y descartar o confirmar la infección, a esperar que empeore o que se propague a otras personas por la ignorancia.

Referencias:

No, you cannot pierce your brain with a swab test. https://theconversation.com/no-you-cannot-pierce-your-brain-with-a-swab-test-147364

Cerebrospinal Fluid Leak After Nasal Swab Testing for Coronavirus Disease 2019. https://jamanetwork.com/journals/jamaotolaryngology/fullarticle/2771362