El Zika es una enfermedad que comenzó a aquejar al mundo durante el 2015. Se transmite a través del mosquito Aedes Aegypti y, hasta la actualidad, no tiene realmente ninguna vacuna o cura que sea efectiva contra ella.

Desde su aparición en el 2015, hasta su declaración como amenaza internacional por parte de la Organización Mundial de la Salud en el 2016, el Zika tuvo la oportunidad de expandirse por gran parte de occidente.

Hasta el 2018, la epidemia del Zika seguía en aumento y sus números se hacían cada vez mayores. En total, se llegaron a contabilizar más de 800 casos de esta enfermedad. Sin embargo, ahora una nueva investigación llevada a cabo por la Universidad de Notre Dame revela que estos apenas corresponden al 1% de los contagios que se dieron en todo el mundo.

Más de 100 millones de infecciones desapercibidas

Aedes Aegypti / Crédito: Universidad de Notre Dame.

Según la investigación de Sean M. Moore, Rachel J. Oidtman, K. James Soda, Amir S. Siraj, Robert C. Reiner Jr., Christopher M. Barker y T. Alex Perkins, que fue publicada recientemente en PLOS Neglected Tropical Diseases, el 99% de los afectados en Latinoamérica por Zika durante el 2015 y el 2018 no fueron propiamente diagnosticados.

Para poder llegar a estas conclusiones, los investigadores recopilaron información de 15 países distintos en América del Sur, América Central y el Caribe. En total, lograron obtener datos de un total poblacional de 507,1 millones de personas. De entre estos, según sus proyecciones, al menos 132,3 millones tuvieron infecciones por Zika entre el 2015 y el 2018.

Al comparar estos números con los datos por la OMS (800 mil contagiados totales) es posible ver una enorme brecha formarse. Pero, ¿por qué se crea tal diferencia?

Casos leves y asintomáticos

En general, si el Zika hace presencia en el organismo, es posible toparnos con síntomas como fiebre, ojos rojos y cansancio, entre otros. Solo en casos graves o extremos se presentan complicaciones como el síndrome de Guillain-Barré (parálisis).

En el resto de las ocasiones la manifestación de los síntomas es leve, por lo que las personas no suelen buscar asistencia médica. Asimismo, del 20% al 50% de las infecciones de Zika son asintomáticas. Debido a esto, su registro se hace imposible a menos que se cuente con un sistema generalizado de detección y seguimiento de casos a través de sus posibles cadenas de contagio. Por lo general, los países no cuentan con esto, lo que se traduce en un subregistro de los casos.

¿Qué podemos aprender del Zika para combatir el COVID-19?

Los resultados de la epidemia del Zika desde el 2015 hasta el 2018 demostraron lo importante que es fortalecer los sistemas de registro y detección de casos. Según parece, una vez un individuo ha tenido Zika, se vuelve inmune a la enfermedad por el resto de su vida. Por este motivo, conocer los verdaderos números de contagio podría ayudar a las naciones a saber qué territorios han desarrollado una inmunidad colectiva y cuáles están sujetos a posibles rebrotes.

Para el caso del COVID-19, aún no queda claro qué tanto dura la inmunidad postenfermedad. Pero, en recientes experimentos se ha deducido que esta apenas puede durar unos pocos meses. Con un tiempo así, pensar en la inmunidad colectiva como con el Zika no es posible.

Sin embargo, las cadenas de registro y control de casos que deberían utilizarse con el Zika también podrían y deberían ser aplicadas con el SARS-CoV-2. De este modo, se podría tener una idea mucho más clara de su alcance, consecuencias y posibilidades de reincidencia. Ya que, por ejemplo, permitiría saber si solo se están manifestando los síntomas en varios pequeños focos de una gran zona infectada o si estos realmente son brotes aislados que pueden controlarse con medidas focalizadas.

Referencia:

Leveraging multiple data types to estimate the size of the Zika epidemic in the Americas: https://doi.org/10.1371/journal.pntd.0008640