Con la pandemia de COVID-19, muchas personas han empezado a comprender cómo funciona el sistema inmunitario. Incluso se han enterado de que existen las células T, que se encargan de luchar contra los invasores.

Aunque la mayoría de las células T son asesinas, también existe una variedad conocida como células T reguladoras. Estas, en lugar de ir a la guerra contra los patógenos, tratan de mediar la pelea, para amortiguar la reacción inflamatoria que resulta de la respuesta del sistema inmunológico.

Recientemente, un equipo internacional de científicos trazó las redes de genes que ayudan a diferenciar las células T reguladoras de otras células T. En su artículo publicado en Nature Immunology destacan que este paso puede ayudar a diseñar terapias mejor encaminadas para enfermedades autoinmunes y el cáncer.

El papel de las células T reguladoras

Las células T se llaman así porque se producen en una glándula conocida como timo. Todas tienen receptores similares en sus superficies, y como mencionamos al principio, intervienen en la repuesta inmune contra virus, bacterias y algunas células cancerosas.

Pero las células T reguladoras son diferentes, y en lugar de echarle más leña al fuego, tratan de mediar la pelea suprimiendo otras células T para que la respuesta inmune no sea tan exagerada. Y con la llegada de COVID-19 nos hemos dado cuenta de que, cuando la reacción inflamatoria se excede, como en la tormenta de citoquinas, los resultados pueden ser fatales.

Pues bien, estudios previos han sugerido que estimular la producción de células T reguladoras podría ayudar a controlar los síntomas de enfermedades autoinmunes. Recordemos que en estas, el sistema inmune ataca a los tejidos del cuerpo pensando que estos son agentes invasores. Y mientras más violenta sea esta respuesta, más grave será el daño.

Lo curioso es que también puede ser útil bloquearlas. Existen sospechas de que reducir la disponibilidad de células T reguladoras puede ayudar al sistema inmunológico a combatir mejor el cáncer.

En busca de los genes involucrados con las células T reguladoras

Para aprender un poco más sobre el tema, los investigadores recurrieron a la edición de genes basada en CRISPR, a fin de modificar las células T reguladoras. Para ello, recurrieron a los factores de transcripción, genes maestros que se encargan de controlar la activación de muchos otros genes.

Revisaron 40 factores de transcripción que se cree que podrían realizar funciones específicas en las células reguladoras en comparación con otras células T, seleccionando 10 con un efecto más fuerte. Luego, se dedicaron a observar las decenas de miles de genes mediados por estos para ver cuáles estaban activados y cuáles estaban desactivados en las células que alteraron con CRISPR.

“Queríamos diseccionar genéticamente las células T reguladoras humanas para comprender mejor cómo están conectadas y cómo podemos manipularlas”, dijo Kathrin Schumann, co-primera y coautora del estudio.

El factor de transcripción más importante

El análisis, que involucró un total de 54.424 células T reguladoras individuales, permitió unir vastas redes de genes involucradas con la actividad de estas células, e identificar los genes más importantes involucrados.

Por ejemplo, el factor de transcripción HIVEP2, muy poco estudiado en el pasado, tiene un fuerte efecto sobre la función reguladora de las células T. En los estudios de seguimiento realizados en modelos de ratón, los investigadores observaron que eliminarlo reducía la capacidad de reguladora de las células.

“Este fue un éxito significativo”, dijo Sid Raju, coautor del artículo, y ahora es estudiante de posgrado en el Instituto Broad del MIT y Harvard. “Este gen nunca antes había estado implicado en la biología reguladora de las células T”.

“Una vez que comprendamos las funciones de cada gen, podemos editar con precisión las células para tratar enfermedades”, concluyó Schumann, refiriéndose a afecciones autoinmunes y el cáncer.

Parte del trabajo ya está en marcha. Los investigadores ya han estado probado terapias que aumentan las poblaciones de células T reguladoras en casos como la diabetes tipo 1 y en receptores de trasplantes de órganos. Pero estos tratamientos por lo general no alteran la función de las células inmunes, por lo que estos hallazgos podrían ayudar a perfeccionarlos.

Referencia:

Functional CRISPR dissection of gene networks controlling human regulatory T cell identity. https://www.nature.com/articles/s41590-020-0784-4