Con el paso del tiempo los tratamientos contra el cáncer han ido evolucionando. Debido a esto, son cada vez mayores los conocimientos que tenemos sobre la enfermedad y cómo hacerle frente.

No obstante, esto no implica que sepamos ya todo sobre ella y cómo interactúa con nuestro organismo. Esto lo recordamos siempre cuando descubrimientos como el recién publicado en Nature Communications nos ofrecen una nueva perspectiva sobre la forma en la que se debe abordar esta enfermedad y la naturaleza de sus tratamientos.

En esta oportunidad, los investigadores del Lawson Health Research Institute y la Western University unieron fuerzas para responder a una interrogante que hasta ahora no se había estudiado: ¿la flora intestinal puede influir en la reacción del organismo a tratamientos orales contra el cáncer?

El cáncer de próstata y los tratamientos tradicionales

Para el caso particular de este estudio, la investigación se llevó a cabo alrededor de pacientes con cáncer de próstata. Por lo general, este tipo de cáncer se contraataca al suprimir la presencia de unas hormonas conocidas como andrógenos. Estas son las responsables directas del crecimiento tumoral en la próstata, por lo que al inhibirlas se detiene el crecimiento y dispersión del cáncer.

Sin embargo, a pesar de que la inhibición de estas es la forma más efectiva de encarar el cáncer de próstata, los tratamientos tradicionales aún no son totalmente efectivos. Por este motivo en algunos casos no surten efecto en el organismo del paciente y es momento de de que este pase a otros tratamientos.

Uno de los más conocidos como reemplazo es el que utiliza el fármaco acetato de abiraterona. Este se administra de forma oral y ha demostrado ser altamente efectivo como inhibidor del crecimiento tumoral, aunque a la ciencia no le queda claro aún por qué. Ha sido de cara a este último tratamiento que los investigadores han decidido ir un poco más allá y descubrir si la flora intestinal por la que este se pasea puede tener que ver con su efectividad.

El acetato de abiraterona y la microbiota intestinal

Específicamente, el interés de los científicos era determinar si las interacciones entre la microbiota intestinal y el acetato de abiraterona tenían que ver con los resultados obtenidos durante el tratamiento anticancerígeno. Para poder hacer esto, los investigadores hicieron seguimiento y analizaron las muestras de heces de 68 pacientes con cáncer de próstata no metastásico que se estaban tratando en el Lawson Health Research Institute.

Luego de hacer esto, los investigadores notaron cambios inmediatos en la microbiota intestinal de los pacientes una vez se les administraba el acetato de abiraterona. Esta clara respuesta del organismo revela que la acción del medicamento empieza desde que su descomposición inicia dentro del sistema digestivo.

Probióticos anticancerígenos

Los investigadores evaluaron diferentes elementos dentro del organismo para poder medir el nivel de interacción entre la microbiota intestinal y el fármaco de administración oral. Uno de los primeros elementos que descubrieron es que su presencia en el organismo también disminuía los niveles andrógenos en este.

Sin embargo, el mayor descubrimiento que se hizo fue identificar una bacteria que proliferaba con la entrada del acetato de abiraterona al cuerpo. La bacteria en cuestión es conocida como Akkermansia muciniphila y se la conoce por sus propiedades anticancerígenas.

Igualmente, los investigadores también han clasificado a la Akkermansia muciniphila como un “probiótico de próxima generación”. Todo esto ya que su proliferación en el organismo ha mostrado significar una mejor respuesta a la inmunoterapia por cáncer.

En parte, esto se debe a que junto con la bacteria, también aumentan los niveles de la vitamina K2. Al igual que el microorganismo antes mencionado, esta vitamina es reconocida por sus propiedades beneficiosas a la hora de hacer frente a las células cancerígenas.

La flora intestinal en los tratamientos del futuro

Como podemos ver, la reacción del organismo se convierte en una gran cadena de elementos que se desprenden de la llegada del acetato de abiraterona al sistema digestivo. Desde allí, se desencadenan procesos que inhiben a las células cancerosas y que favorecen a los diversos elementos anticancerígenos que actúan en nuestro cuerpo. Gracias a esto, en un futuro se podría pensar en incluir las reacciones de la microbiota intestinal en las proyecciones del desarrollo de medicamentos contra el cáncer.

Por ahora, los investigadores consideran que tienen un gran campo de estudio a su disposición. En primer lugar, pueden continuar viendo qué tan influyente es la composición de nuestra flora intestinal en el resultado de los tratamientos contra el cáncer. Desde allí, se pueden desarrollar estrategias que la modifiquen para colocarla en las condiciones más óptimas para obtener los mejores resultados en un determinado tratamiento.

Igualmente, existe la posibilidad de convertirlas en una fuente de información. Esta permitiría a los doctores conocer qué tipo de tratamiento sería más favorecedor para un paciente, todo basado en su microbiota y las posibles respuestas de esta.

En referencia a esto, el doctor Jeremy Burton, primer autor del estudio, concluye:

“Si bien se necesita más investigación, es posible que algún día podamos analizar el microbioma de un paciente para determinar el mejor curso de tratamiento o incluso influir en el microbioma para mejorar los resultados.

Esto podría conducir a una nueva frontera en la medicina personalizada”.

Referencia:

Abiraterone acetate preferentially enriches for the gut commensal Akkermansia muciniphila in castrate-resistant prostate cancer patients: https://doi.org/10.1038/s41467-020-18649-5