Aunque antes tenían una connotación negativa para la mayoría, los tatuajes se han hecho tan populares que ahora es difícil encontrar a alguien que no los tenga. Los prejuicios se han reducido, sobre todo a la hora de dar trabajo, sin embargo, esto no quiere decir que sea un hábito totalmente inofensivo.

Para hablar de ello, alejémonos de los mitos y remitámonos a las evidencias. Por ejemplo, un nuevo estudio publicado en Journal of Applied Physiology ha encontrado que la piel tatuada genera menos sudor que la piel sin tinta, y además este es más salado.

Pero aún así, ¿son suficientes estos resultados para dar por sentado que tatuar la piel disminuye su capacidad para sudar, y por consiguiente, de refrescar nuestro cuerpo?

Un posible daño en las glándulas sudoríparas

man wearing weight lifting belt
La sudoración es un mecanismo de refrigeración corporal que ocurre a través de las glándulas sudoríparas.

Antes que nada, observemos los resultados de un estudio previo publicado en 2017, cuando Maurie Luetkemeier de Alma College se interesó por determinar si los tatuajes interfieren con la función básica de nuestras glándulas sudoríparas.

Para este trabajo, usó una herramienta llamada Macroduct Sweat Collection System, que consiste en una pequeña corriente eléctrica dirigida a inducir sudoración. Esta se utiliza para hacer pruebas de sudor en recién nacidos y determinar o descartar de manera temprana afecciones como la fibrosis quística.

Los resultados indicaban que la piel tatuada parecía producir alrededor de la mitad de la cantidad de sudor que la piel sin tatuar. Además, el sudor generado en la región tatuada era significativamente más salado de lo normal.

Este estudio riguroso sugirió que los tatuajes sí podrían alterar de alguna forma la función de las glándulas sudoríparas. Pero Luetkemeier prefirió ser más modesta al reconocer que el proceso de estimulación utilizado en su estudio era artificial y difiere mucho del proceso normal.

Un segundo estudio con resultados contradictorios

En 2019, un equipo de expertos australianos decidió estudiar más a fondo este tema para comprobar si los resultados obtenidos por Luetkemeier se asemejaban a la realidad. Para ello, perfeccionaron ciertos puntos flojos de su estudio y reunieron a 22 sujetos para hacer ejercicio.

Los investigadores midieron las tasas de sudoración individuales en diferentes ubicaciones de la piel de cada participantes. Después de 20 minutos de actividad, no encontraron diferencias en el volumen de sudor producido entre la piel tatuada y la no tatuada.

“El estudio anterior mostró que hacerse un tatuaje reducía la tasa de sudoración localizada y aumentaba la concentración de sodio en el sudor”, dijo el investigador australiano Ben Desbrow el año pasado.

“Sin embargo, la respuesta del sudor se desencadenó mediante una técnica de estimulación artificial en lugar de en condiciones de ejercicio. Nuestros datos sugieren que los tatuajes en la piel no alteran la cantidad o la concentración de sodio del sudor producido en respuesta al ejercicio”.

Pero Luetkemeier y sus colegas también refutaron estos resultados alegando que este estudio en particular no había considerado la temperatura interna o de la piel. Y como la sudoración es un mecanismo de refrigeración corporal, sin estos datos es difícil saber si realmente los tatuajes influyeron en el proceso.

Tatuajes afectan la función de las glándulas sudoríparas

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Los tatuajes parecen reducir la cantidad de sudor que generan las glándulas sudoríparas.

Para romper el empate, los investigadores involucrados en un nuevo estudio usaron un método diferente al de los anteriores. Reclutaron a 10 individuos tatuados que usaron un traje con forro diseñado para perfundir agua tibia por todo su cuerpo, y midieron su temperatura interna, la temperatura de la piel y el flujo sanguíneo.

No encontraron diferencias entre el inicio de la sudoración entre la piel tatuada y la piel clara, lo que sugiere que, al menos la señal neuronal que da lugar a la sudoración, no se altera por la presencia de tatuajes.

Sin embargo, sí notaron que la piel tatuada producía menos sudor que la piel no tatuada. De hecho, el sudor producido por la piel tatuada era más salado de lo normal, como sugirió el primer estudio.

“En combinación con estudios previos, que también sugirieron un daño funcional potencial del conducto de la glándula sudorípara ecrina, parece haber consecuencias a largo plazo del proceso de tatuaje que no se habían considerado previamente”.

Sus resultados fueron bastante interesantes, pero aún no acaban con el misterio. Y es que, en este caso, la piel tatuada produjo solo 15 por ciento menos de sudor que la piel sin tinta, una porción significativamente menor a la planteada por el estudio de 2017. Aunque estas diferencias podrían atribuirse a las métodos utilizados.

Así que parece ser que los tatuajes no son tan inofensivos como muchos alegaban, pero aún no está claro a qué nivel resultan nocivos para quienes se los hacen. El tema es de especial interés, sobre todo en estos tiempos en que los tatuajes se hacen cada vez más extensos.

Referencia:

Skin tattooing impairs sweating during passive whole-body heating. https://journals.physiology.org/doi/abs/10.1152/japplphysiol.00427.2019?