Es común que, a lo largo de nuestras vidas, contraigamos alguna enfermedad infecciosa, y en estos casos, nuestro médico seguramente nos recetará algún antibiótico para curarnos rápidamente. Sin embargo, esto que parece tan común hoy en día no lo era hasta 1928, año en el que Alexander Fleming descubrió la penicilina, el primer antibiótico.

Fleming nació en Lochfield, Escocia, el 6 de agosto de 1881 en el seno de una familia rural de Gran Bretaña. Su padre falleció cuando él tenía solo 7 años, por lo que el cuidado de la hacienda y de su familia quedó en manos de su madre y su hermano mayor. Esto causó que los primeros años de escuela de Fleming fueran algo rudimentarios.

A sus 13 años se mudó a Londres con uno de sus hermanastros para estudiar en la Polytechnic Institute de Regent Street y posteriormente trabajar en la oficina de envíos durante cuatro años.

En 1900 obtuvo una beca para estudiar en la la Facultad de Medicina de St. Mary en la Universidad de Londres, en 1906 entró al equipo de bacteriología de sir Almroth Wright, y dos años después, obtuvo su título de medicina obteniendo la medalla de oro de la Universidad.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, Fleming participó como capitán en el Cuerpo Médico del Ejército en Francia, de donde no volvería sino hasta 1918. Diez años después, fue elegido catedrático, en 1948, pasó a ser profesor emérito de bacteriología de la Universidad de Londres y en 1951 fue nombrado rector de la Universidad de Edimburgo.

Sus grandes descubrimientos

Alexander Fleming es llevado en hombros luego de su nombramiento como Rector de la Universidad de Edimburgo
Sir Alexander Fleming es llevado en hombros tras su nombramiento como Rector de la Universidad de Edimburgo.
Fuente: National Geographic.

Fleming dedicó su vida a la investigación, la academia y la bacteriología. Con su arduo trabajo, logró hacer dos descubrimientos que cambiarían el rumbo de la medicina en el mundo, y uno de ellos ha sido fundamental para la salud en la historia.

Uno de sus descubrimientos fue la utilidad de la lisozima, una enzima bactericida que impide infecciones. Sucedió en 1922, cuando hizo su teoría de que la secreción nasal podía disolver determinados tipos de bacterias, lo cual pudo comprobar al añadirle una enzima activa, la lisozima.

Esta enzima está presente en los tejidos corporales de algunos seres vivos, aunque es de actividad restringida con respecto a organismos patógenos causantes de las enfermedades. Sin embargo, este descubrimiento fue relevante para la medicina debido a que comprobaba la existencia de sustancias letales para las bacterias, pero que eran inofensivas para las células del organismo.

El 28 de septiembre de 1928, Fleming hizo el mayor descubrimiento de su carrera: la penicilina, lo cual, curiosamente, sucedió de manera inesperada. Durante un estudio sobre las mutaciones de determinadas colonias de estafilococos, descubrió que, accidentalmente, se había desarrollado moho en una placa de cultivo de estafilococos, el cual tenía un círculo alrededor libre de bacterias, pues los estafilococos se habían hecho transparentes. En este sentido, Fleming interpretó que los mismos surgieron como efecto de una sustancia antibacteriana segregada por dicho hongo.

Así, Fleming decidió aislar este hongo, que posteriormente se llamaría Penicillium notatum, y pudo sacarle provecho a sus bondades antibacterianas. Elaboró varios experimentos para comprobar su efectividad y, ocho meses después, publicó sus descubrimientos para el mundo científico.

Sin embargo, no fue sino quince años después de la publicación de Fleming que se comenzó a tomar en cuenta universalmente, lo cual viene dado por la inestabilidad de la penicilina en una época en la que las técnicas existentes no permitían su correcta purificación. Este problema se resolvió gracias a los estudios de Howard Florey y Ernst B. Chain en 1939, y también el estallido de la Segunda Guerra Mundial motivó a que se utilizara esta sustancia para tratar a los heridos en batalla.

En 1942, Fleming fue elegido miembro de la Royal Society, recibiendo el título de Sir dos años más tarde. En 1945, logró compartir el Premio Nobel junto a Florey y Chain debido a su arduo trabajo y sus aportes al mundo.

Luego de una vida dedicada a la investigación, este célebre bacteriólogo falleció en Londres el 11 de marzo de 1955 debido a un ataque al corazón. Sus restos están enterrados en la cripta de la catedral de San Pablo, en la misma ciudad que lo vio convertirse en el padre de la penicilina.