¿Qué harías si tuvieras la continua y absoluta seguridad de que tu madre ha sido suplantada por un impostor? ¿Y si no fuera solo tu madre? ¿Y si sabes que tus hermanos, tu padre, tu pareja o tus familiares también han sido suplantados?

Este es el delirio paranoico constante que sufren aquellos que padecen el síndrome de Capgras. Debido a esta condición psicológica, las personas llegan a considerar que los individuos más cercados a ellos han sido secuestrados y suplantados por un “impostor”.

Como consecuencia, los individuos comienzan a mostrar rechazo, desconfianza y miedo alrededor de los que son sus seres queridos, por considerarlos extraños. En la actualidad, se han hecho avances para comprender un poco más este síndrome. Sin embargo, aún hay detalles sobre este que se mueven en la oscuridad. Por ahora, esto es todo lo que sabemos sobre él.

¿Qué es exactamente el síndrome de Capgras?

El síndrome de Capgras, también conocido como delirio de Capgras o síndrome del impostor, fue denominado así en honor a Jean Marie Joseph Capgras, el psiquiatra francés que identificó por primera vez esta patología en 1923. Cuando esta se manifiesta, las personas comienzan a desarrollar la idea fija de que uno o varios individuos cercanos en su vida han sido suplantados por un impostor. Ante esto, quienes sufren el síndrome pueden comenzar a rechazar al “impostor” y hasta a temerle, por sentir que solo se está haciendo pasar por uno de sus familiares o seres queridos.

Por lo que se ha visto, cualquiera puede desarrollar este síndrome. No obstante, parece ser más común en las mujeres que en los hombres. Igualmente, es mucho más raro verlo en niños, pero no es imposible.

Esta condición psicológica que da lugar a estas ideas irracionales no se limita solo a familiares. Básicamente, cualquier individuo cercano puede terminar siendo clasificado como “el impostor” dentro del delirio de la persona. Incluso, se han dado casos en los que los individuos consideran que una mascota, un objeto o un lugar también han sido reemplazados con una copia exacta –pero, para ellos, claramente falsa–.

Síntomas más frecuentes

A pesar de que no se han determinado muchos síntomas específicos para este síndrome, existen unos comportamientos comunes que indican su presencia con claridad. En primer lugar, el cambio en las creencias se puede dar de un día para otro.

Es decir que un día la persona simplemente puede despertar con la absoluta seguridad de que su pareja ha sido cambiada por un impostor. Desde ese mismo momento, el paciente que sufre la condición pierde la confianza en “el impostor” y los puede tratar con rechazo, indiferencia o simple miedo.

Debido a que la situación se trata de una ilusión, es decir una creencia fija que no responde a ninguna justificación real, es imposible sacar a las personas de su creencia a través de argumentos u otros medios. Asimismo, a pesar de que la persona se comporte exactamente igual que siempre. Los individuos comenzarán a identificar “diferencias” que, para ellos, delatan al impostor.

Diferenciando el síndrome de Capgras

Como lo hemos mencionado, el síndrome de Capgras no es tan conocido, sobre todo porque suele aparecer de la mano con otras condiciones neurodegenerativas. Por este motivo, puede que sea fácilmente confundido con otras patologías.

Por ejemplo, es común que se lo pueda mezclar con el síndrome de Fregoli. Sin embargo, ambos son esencialmente distintos. La creencia de Fregoli lleva a una persona a creer que un solo impostor se está disfrazando de diferentes personas para confundirlo. En otras palabras, la persona considera que todos a su alrededor son, en realidad, un mismo impostor en muchos disfraces distintos. Por su parte, el delirio de Capgras hace pensar a los individuos que cada persona cercana es un impostor, pero no el mismo en diferentes presentaciones.

Igualmente, se puede creer que la reacción de rechazo de las personas con el síndrome de Capgras se deba a una incapacidad de reconocer adecuadamente los rasgos faciales distintivos de una persona, como con la prosopagnosia. Sin embargo, al verdad es que quienes sufren del síndrome del impostor son perfectamente capaces de reconocer los rostros, voces y fisionomías de quienes los rodean. Lo que ocurre es que, sin poder explicar racionalmente por qué, tienen la seguridad de que estos en realidad no son “los verdaderos” sino unos impostores.

“L’illusion des sosies”

“L’illusion des sosies” o “ilusión de dobles” fue la forma en la que Capgras identificó el síndrome por primera vez inicios de los veintes. Todo comenzó cuando una de sus pacientes, una mujer de 50 años, comenzó a manifestar diferentes ideas delirantes.

Su primera creencia era que pertenecía en realidad a la realeza. Sin embargo, esta se opacaba en intensidad ante la segunda: la mujer estaba segura de que todos a su alrededor habían sido reemplazados por “dobles” que actuaban como su familia y conocidos. En su delirio, consideraba que existía una sociedad secreta que se encargaba de secuestrar a las personas y dejar impostores en su lugar.

Según los reportes de Capgras, los delirios iniciaron luego de la muerte de su primer hijo, que tenía apenas unos pocos meses de edad. Luego de un tiempo, la mujer dio a luz a gemelos, pero solo la niña sobrevivió en esta oportunidad. Después de esta segunda pérdida, la idea de la sociedad que secuestraba personas se hizo mucho más fuerte en su cabeza, segura de que sus hijos habían sido secuestrados y de que los que habían muerto eran dobles. Incluso, durante su reclusión, llegó a afirmar que seguramente habría un doble de ella misma en las calles.

¿Qué causa el síndrome de Capgras?

En general, este se presenta como una consecuencia de otras enfermedades neurodegenerativas como la demencia y el Alzheimer. No obstante, también puede aparecer relacionado con otras patologías como la esquizofrenia o el trastorno bipolar. Incluso, se pueden dar casos en los que se manifieste como un efecto secundario de un trauma, lesión o enfermedad cerebral.

Sin embargo, la verdad es que aún no existe una idea clara del origen verdadero de este síndrome y las causas que lo desencadenan. Como vemos, muchas veces se lo asocia con problemas cerebrales y malfuncionamientos neuronales. No obstante, también se considera que algunos factores cognitivos y de percepción también podrían estar involucrados.

Hasta ahora, la teoría más fuerte mezcla estas dos percepciones al hablar de una desconexión entre el sistema de reconocimiento visual y el sistema límbico. Este último se encarga del procesamiento emocional y, al no estar adecuadamente conectado al resto de los procesos cognitivos, puede causar esta sensación de “distanciamiento” que ocurre entre el paciente y el familiar cuando este comienza a ser considerado un impostor. De este modo, aunque la persona visualmente reconoce al familiar, no siente una conexión emocional con este.

Convivir con el síndrome de Capgras

Las consecuencias del síndrome de Capgras no son únicamente estresantes para quien las padece. De hecho, los familiares y cuidadores también pueden estar constantemente bajo una fuerte presión emocional. Esto último se manifiesta sobre todo sin son ellos a quienes la persona considera “impostores”.

En un principio no se trata de una condición fácil de manejar para los familiares, sobre todo entendiendo que no hay forma verdadera de revertirla, sino simplemente de sobrellevarla, igual que con otras consecuencias de la demencia. Por este motivo, acá compartimos algunos de los tips más efectivos a la hora de enfrentar una situación tan compleja como esta:

1) Empatiza

Aunque puede llegar a ser difícil de entender, la “realidad” que vive la persona ha de ser extremadamente aterradora al sentirse vulnerable a las acciones de “impostores” y sin saber del paradero de sus “verdaderos familiares”. Debes entender que la persona puede experimentar miedo, frustración e incluso ira por su situación. Pero recuerda, estas son consecuencias de la demencia, y no la forma en la que la persona verdaderamente se sentiría si estuviera totalmente sana.

2) No discutas

Esto puede ser incluso más difícil de llevar a cabo que lo primero. Al ser confrontados con rechazo o desconfianza, lo primero que podríamos querer hacer sería enfrentar también a la persona y hacerle ver su error. Sin embargo, discusiones como estas no sacarán al paciente de su creencia y, de hecho, podrían hasta reforzarla.

3) Ofrece seguridad

Aunque no reconozcas o apruebes la ilusión puedes hacer sentir más seguros a tus familiares al afirmarles que, sin importar quién crean que seas, igualmente eres la persona que va los ama y va cuidarlos y que no les hará daño. Asimismo, si no tienes muy seguro lo que necesitan o quieren, puedes preguntarles y, siempre que esté dentro de sus posibilidades, complacerlos. De este modo, se establece la posibilidad de un lazo de confianza, aún cuando la persona sigue en su burbuja de ilusión.

4) Cambia el enfoque

Si la situación se está saliendo de control, no estaría mal cambiar el foco de la conversación o las acciones. Podrías probar entretener al paciente con una actividad que les agrade, con música que los tranquilice o incluso con un paseo de ser posible. Es muy probable que el tema de tu identidad o la de otros cuidadores sea un tema delicado, así que nunca estará de más tener alternativas con las que sacar a tu familiar de este espiral de paranoia cuando caiga en él.

5) Reinventa

Ya es más que claro que negar la ilusión o confrontarla solo puede causar reacciones negativas en el paciente. Por este motivo, es bueno que también tengas métodos para intentar usarla a tu favor.

Por ejemplo, si la persona está muy segura de que eres el doble, has que “el impostor salga de la habitación”, y vete asegurándole que irás al buscar al verdadero tú y que ese será quien entre por la puerta en la siguiente ocasión. En caso de que esto no funciona, podrías pedir la asistencia de otro cuidador o familiar para que se encargue de la persona mientras su crisis pasa y se tranquiliza un poco. En cualquier caso, el solo hecho de que “el impostor se vaya” podrá ayudar al paciente a sentirse un poco más seguro y calmado.

¿Cuándo es necesaria la intervención médica?

El síndrome de Capgras no se presenta siempre con la misma intensidad. Por lo que, no en todas las ocasiones requiere directamente de asistencia médica. Por ejemplo, en un principio las terapias conductuales o ambientales pueden ser suficientes para mantener los delirios bajo control y que la persona pueda continuar de un modo u otro con su vida.

Sin embargo, si estos comienzan a salirse de control causando angustia excesiva en la persona o desencadenando situaciones peligrosas –para ellos o sus familiares– entonces es momento de hablar de una intervención médica que, muy probablemente, lleve también al uso de alguna medicación.

Elegir un tratamiento

Hasta la fecha, el síndrome de Capgras no cuenta con un solo tratamiento especialmente delimitado para él. En general, como este se manifiesta como una consecuencia de otros padecimientos, se aborda de forma indirecta al ofrecer tratamientos para la patología principal. Usualmente, estos tratamientos incluyen psicofármacos y la terapia cognitivo-conductual, dependiendo del caso.

            Alzheimer y demencia

Cuando el delirio de Capgras se manifiesta en personas con Alzheimer las opciones de tratamiento son tan escasas como aquellas destinadas a tratar la condición principal. Pero esto no indica que sea imposible de sobre llevar.

En general, en estos casos se utilizarían medicamentos como inhibidores de la colinesterasa. Estos son estimuladores de los neurotrasnmisores que actúan sobre la memoria y el juicio. Con ellos se pueden disminuir los síntomas conductuales y físicos del Alzheimer y también de la demencia.

            – Esquizofrenia

Por su parte, las alternativas de tratamientos para la esquizofrenia sí son un poco más amplias. Como consecuencia, los resultados en estos casos pueden ser mucho más notorios. Comúnmente, los antipsicóticos y la terapia son el camino más utilizado para lidiar con esta situación.

            Lesiones o traumatismos cerebrales

Por otra parte, cuando el problema se encuentra como traumatismos craneales o lesiones cerebrales, la ruta de acción suene incluir un proceso quirúrgico. Aunque este último es mucho más invasivo que los demás tratamientos, si todo sale bien, suele ofrecer muy buenos resultados una vez la causa de los fallos cognitivos ha sido retirada.

Otras alternativas

Como punto final a tomar en consideración, es necesario comprender la importancia de ofrecer al paciente un ambiente positivo y seguro en el que desenvolverse. Incluso con la inestabilidad que le causa su propio delirio, si está rodeada de aceptación, la persona poco a poco podría llegar a sentirse más segura y a relajarse en su entorno, bajando los peligrosos niveles de angustia a los que su ilusión la puede llevar.

En algunos casos, si la persona está internada, se utilizarán técnicas como la validación. Con esta, se aceptará el delirio y se lo tratará como correcto, de esta forma la persona no sentirá tanta ansiedad ni tanto pánico. Igualmente, las actividades de “orientación a la realidad” donde se le reafirman a las personas detalles como el lugar, día y hora en los que está, además de recordarles eventos importantes de su vida, ayudan a que estas estén más conectadas con su entorno y menos hundidas en su delirio.

Importante recordar

Por su naturaleza, el síndrome de Capgras puede ser una gran fuente de discordia familiar. Sin embargo, a pesar de que esta usualmente es la fuente de angustia del paciente, también es la llave para que este pueda sentirse mejor.

En general, los tratamientos implican también la cooperación de familiares y cuidadores para construir el ya mencionado ambiente seguro. Por este motivo, es imperante que los familiares involucrados comprendan la situación y el verdadero origen de las conductas del paciente.

En otras palabras, es necesario recordar que sus opiniones y sentimientos son producto de alteraciones neuronales y cambios cerebrales. Por lo que, realmente lo que expresa no es la forma en la que se siente normalmente cerca de su familia. Sabiendo esto, las familias tendrán que armarse de comprensión y paciencia mientras surcan junto con el paciente el particular camino del poco conocido síndrome de Capgras.