Kossi, uno de los 10 perros entrenados por Wise Nose, ya trabaja activamente en el aeropuerto de Helsinki. / Crédito: Antti Aimo-Koivisto/Lehtikuva. Vía: AP.

La lucha contra el COVID-19 no solo se da en los hospitales. Además de nuestros profesionales de primera línea que se encargan de lidiar con el coronavirus cara a cara, otras profesiones también presentan otros niveles de exposición que se deben vigilar para evitar que la pandemia se siga esparciendo.

Un punto crucial para la consecución de esta meta se da en los aeropuertos. En un principio, durante los primeros meses de la pandemia muchos de estos se mantuvieron cerrados por seguridad. No obstante, ahora varios están abriendo sus puertas de nuevo mientras a la par desarrollan medidas para asegurar la salud tanto de sus pasajeros como de su personal.

En general, se han aplicado controles como mediciones de temperatura, frotis nasales y análisis de la saliva de los pasajeros. No obstante, mediciones como la primera son altamente imprecisas, mientras que otras como las últimas son más exactas, pero demoran hasta días en estar listas.

Ante esta encrucijada, la naturaleza parece estarnos dando otra vez la solución. En esta oportunidad, la nariz del denominado mejor amigo del hombre podría ser todo lo que realmente se necesita para detectar el COVID-19.

La iniciativa del aeropuerto de Helsinki

Crédito: Lehtikuva. Vía: Reuters.

Todo este movimiento se ha iniciado en Finlandia con el reciente anuncio del aeropuerto de Helsinki en el que le hizo saber al mundo que comenzaría a utilizar canes como parte de su programa de detección de casos de COVID-19.

Según lo declarado por los investigadores de la Universidad de Helsinki, el uso de perros no solo podría traer resultados más veloces, sino también reducir los costos y aumentar la efectividad general de los procesos de detección del coronavirus.

Los ensayos pilotos de esta iniciativa ya se están llevando a cabo en el aeropuerto con la colaboración de la aerolínea Finavia. Asimismo, la empresa Wise Nose, especializada en el entrenamiento de perros detectores de aromas, a través de su nueva filial Nose Academy, ha prestado sus servicios para acondicionar a los canes.

En total, se esperaba contar con 16 perros detectores. Sin embargo, solo 10 se mostraron capaces de trabajar en ambientes ajetreados y ruidosos. Igualmente, por ahora solo 4 han completado su entrenamiento. Son específicamente estos los que ya han comenzado a laborar en el aeropuerto de la Vantaa.

“Mientras dos perros están trabajando, los otros dos están en un descanso. El servicio está destinado principalmente a pasajeros que llegan de fuera del país”, explicó con más detalle Susanna Paavilainen, de Wise Nose.

Se espera que estas pruebas pilotos duren al menos 4 meses, según lo reportado por The Guardian. Si durante este tiempo los resultados son favorables, se pensará en la posibilidad de expandir el programa y entrenar a más canes para esta finalidad.

Pioneros en el área

“[En el aeropuerto de Helsinki] Estamos entre los pioneros. Hasta donde sabemos, ningún otro aeropuerto ha intentado utilizar la detección de olor canino a una escala tan grande contra el COVID-19. Estamos satisfechos con la iniciativa de la ciudad de Vantaa. Este podría ser un paso adicional en el camino para vencer al COVID-19”.

Esto fue lo que comentó Ulla Lettijeff, directora del aeropuerto. Con esto, hizo una clara referencia al gran paso que está tomando la instalación al comenzar a aplicar este método.

Ya que, a pesar de los buenos resultados que este ha dado en la teoría y algunas pruebas de laboratorio, aún no hay seguridad de que este método vaya a ser el más efectivo contra el coronavirus. Después de todo, al igual que muchas otras iniciativas que se tienen contra el SARS-CoV-2, aún nos encontramos en la fase de ensayo y error.

¿Cómo funciona este particular sistema?

Crédito: Finavia.

Es claro que cuando hablamos de incorporar a los perros a los procesos de pruebas para el COVID-19, en nuestra mente pueden surgir dudas sobre el procedimiento y la seguridad sanitaria de este. Sin embargo, no hay de qué preocuparse, ya que las entidades involucradas se dieron a la tarea de desarrollar un sistema que protegiera tanto a los pasajeros, como a los entrenadores y hasta a los propios canes.

Luego de bajar de su vuelo y haber recogido su equipaje, se les pedirá a los pasajeros que limpien el sudor de su cuello con una toallita. Esta luego se colocará en una taza contenedora y se pasa a una cabina separada. En ella estarán el can detector y el entrenador. Se le colocará en frente al animal la taza con el pañuelo, así como otros contenedores con olores diversos.

El can solo necesitará oler la muestra por 10 segundos para dar su veredicto. En total, el proceso de toma de la muestra, transporte de esta y obtención de resultados tomará poco menos de un minuto.

Si la persona está contagiada con COVID-19, el perro podría detectar el olor en la toallita y dar una señal física de su descubrimiento. Como resultado, la persona primero sería apartada de la multitud, luego se le ofrecería una prueba de COVID-19 gratuita y posteriormente se la escoltaría a un punto de información de salud de la ciudad de Vantaa que se encuentra dentro del propio aeropuerto.

El entrenamiento

Para que los perros rastreadores puedan llevar esta tarea a cabo, claramente primero deben aprender a reconocer el olor del virus. Esto específicamente fue lo que realizaron en conjunto Wise Nose y el equipo de la Universidad de Helsinki.

A pesar de los impresionantes resultados, el proceso de entrenamiento fue totalmente estándar. Cuando los perros detectaban una muestra positiva escuchaban un sonido específico que indicaba que habían acertado y eran recompensados con un premio. En caso de que no detectaran nada, simplemente se pasaba a la siguiente muestra. Al final, este fue todo el proceso de condicionamiento que requirieron los canes.

Kossi, de Wise Nose, en acción. / Crédito: Finavia.

Sin embargo, cabe destacar que no todos los perros reaccionan de igual forma a este. Virpi Perala, representante de la red de hospitales y clínicas veterinarias, Evidensia, comentó que: “Todos los perros pueden ser entrenados para oler el coronavirus, pero son individuos y no todos pueden trabajar en un aeropuerto”.

Igualmente, a pesar de que cada can del estudio ya tenía experiencia detectando olores, no todos aprendieron a la misma velocidad. De entre el primer lote de 4 perros entrenados para trabajar en el aeropuerto de Helsinki, una mezcla de galgo de 8 años llamada Kossi, se destacó ya que solo le tomó 7 minutos aprender a identificar el olor.

“No todos los perros pueden hacerlo [tan rápido] ya que operan de diferentes formas. Kössi tiene mucha experiencia en la identificación de muestras biológicas”, dijo Perala.

Misma precisión, resultados más rápidos

Crédito: Finavia.

Uno de los puntos que más ha hecho destacar la participación de los canes en toda esta situación es su capacidad de ofrecer resultados de alta calidad en mucho menos tiempo que las pruebas más elaboradas. Diversos estudios, entre los cuales se encuentra el realizado por la Universidad de Helsinki, ubicaron la precisión de la detección de los canes entre un 94% y un 100%.

Igualmente, ya hemos visto que la duración del proceso se acorta significativamente, lo que da un rango de acción más amplio a las autoridades para contener los casos detectados. Por si fuera poco, se ha demostrado que lo perros son capaces de detectar la enfermedad incluso antes de que esta muestre sus primeros síntomas –algo que las pruebas actuales aún no pueden hacer–.

Finalmente, los canes también muestran una barra mucho más baja a la hora de hablar de la calidad del muestreo. Para que ellos puedan dar una respuesta precisa, solo requieren una muestra que tenga entre 10 y 100 moléculas. Por su parte, las pruebas de laboratorio piden hasta más de 18 millones de moléculas –una diferencia del cielo a la tierra–.

¿Es seguro para los perros?

Sí. En estudios previos ha sido posible determinar que los perros no son tan propensos a contagiarse con el virus como otros animales como los gatos o las nutrias. Igualmente, incluso si llegan a contraer el SARS-CoV-2 no se ha demostrado que esta se manifieste con síntomas dañinos en sus organismos, ni que estos sean capaces de transmitir el virus una vez ingresa a sus sistemas. Por lo que, para el coronavirus el saltar a un perro es llegar a un callejón sin salida. Lo que significa una cadena de contagio menos de la que preocuparse.

¿Qué hace a los perros capaces de “oler” el SARS-CoV-2?

A pesar de que ha quedado claro que la nariz de los canes es lo suficientemente poderosa para detectar el virus, no se sabe con exactitud qué parte del aroma es lo que delata la presencia del COVID-19.

Sin embargo, con antecedentes de perros siendo capaces de detectar enfermedades como el cáncer o la malaria solo a base de su olfato, no hay tantos motivos para dudar de su capacidad de reconocer esta nueva enfermedad –aunque esto no impide que los científicos sigan sorprendidos ante la posibilidad–.

Como muestra de esto tenemos lo declarado por la veterinaria Anna Hielm-Björkman, de la Universidad de Helsinki, a la emisora nacional Yle, en donde ha dicho que: “Esta investigación ha superado nuestras expectativas”.

El “aroma” del coronavirus

Como ya lo mencionamos, es seguro que los canes “huelen” algo distinto en el sudor y la orina de las personas que tienen COVID-19. No obstante, no se ha podido determinar exactamente qué.

Es más que claro que la nariz humana no es capaz de percibirlo. Pero, si la ciencia pudiera aislar el compuesto, se podrían entrenar a los perros con más precisión para aumentar el número de estos y desarrollar un nuevo mecanismo de control del COVID-19.

Proyecciones para el futuro

Crédito: AFP/Lehtikuva. Vía: Getty Images.

Para noviembre, el aeropuerto de Helsinki espera poder tener trabajando activamente a sus 10 canes rastreadores. Por cada turno deberá haber 4 perros trabajando, 2 activos y otros 2 en reposo. Los tiempos y turnos que tomarán aún están por decidirse y dependerán de las capacidades que los canes muestren durante estas pruebas piloto.

Igualmente, se plantea la posibilidad de que, si todo sale como se espera, se empiece un proceso de suplantación paulatino de los espacios de detección del COVID-19 en el aeropuerto. Al final, podrían estar simplemente los perros y sus entrenadores llevando a cabo el trabajo de detección, minimizando el número de personas que deberían exponerse a un posible contagio.

Si todo sale bien, también se podría pensar en la posibilidad de aumentar el número de canes para que se conviertan en una red de detección en todo el país. Perala, de la red Evidensia, comentó que se necesitarían entre 700 y 1.000 canes para esta meta y que “podríamos mantener nuestro país abierto si tuviéramos suficientes perros”.

Como otro punto de interés, los servicios de los canes también podrían llevarse a lugares de alto riesgo como hospitales y asilos de ancianos. De este modo sería mucho más rápido poder detectar posibles brotes y también se podrían evitar cuarentenas innecesarias. Todo gracias a la nariz del mejor amigo del hombre. Nuevamente, la madre naturaleza ha sabido estar un paso delante de nosotros (y esta vez ha jugado a nuestro favor).