El hecho de trabajar ocho horas diarias durante 5 días a la semana es algo que definitivamente debemos agradecer. Sin embargo, y a pesar de que es lo que se ha popularizado, el que se debería llevar el crédito no es Henry Ford, pues el origen de la jornada laboral se remonta a muchos años antes del famoso empresario. De hecho, el origen de esto es casi un siglo antes de que Ford implementara este modelo de trabajo en su empresa.

Para entender por qué se decidió establecer una jornada laboral debemos remontarnos a principios del siglo XVIII, cuando se produce la Revolución Industrial. En ese entonces, las personas trabajaban incansablemente, incluso durante 15 horas al día, y sin discriminación entre adultos o incluso niños.

Ya a principios del siglo XIX, una persona se dio cuenta de esto y habló al respecto en pro de los trabajadoras. Este fue Robert Owen, un socialista utópico británico que en 1817 formuló la idea de dividir el día en tres partes: ocho horas para el trabajo, ocho horas para el ocio y ocho horas para el descanso.

Retrato de Robert Owen
Retrato de Robert Owen

Owen era propietario de una fábrica en New Lanarck y en ella aplicó esta jornada laboral. En 1833 fundó la Sociedad para Promocionar la Regeneración Nacional, en la cual se defendía la idea de delimitar la jornada laboral y otros asuntos del trabajo, la cual fue popularizando este enfoque de trabajo.

Así, poco a poco más personas se sumaban a limitar el tiempo de sus trabajadores. En 1866 la Asociación Internacional de Trabajadores declaró: “La limitación legal de la jornada laboral es una condición preliminar sin la cual todos los intentos posteriores de mejora y emancipación de la clase trabajadora deben demostrar abortivo. El Congreso propone ocho horas como límite legal de la jornada laboral”.

Esta declaración llegó a oídos de Karl Marx, quien consideraba que esta reducción de horas de trabajo era de vital importancia para los trabajadores. Al respecto, escribió: “Al extender la jornada laboral, por tanto, la producción capitalista no solo produce un deterioro de la fuerza de trabajo humano al robarle su condiciones morales y físicas normales de desarrollo y actividad, también produce el agotamiento prematuro y la muerte de esta fuerza de trabajo misma”.

En el año 1869, en Estados Unidos se aprobó una ley para reducir la jornada laboral a ocho horas diarias luego de los acontecimientos del 1 de mayo del mismo año, cuando un grupo de sindicalistas que hacían un reclamo laboral en Chicago fueron ejecutados (hecho que también dio pie a que ese día se celebre el Día Internacional del Trabajador).

Sin embargo, no fue sino hasta el 3 de abril de 1919 en España cuando se creó la primera ley universal que establecía las ocho horas diarias como jornada laboral máxima, de forma que este país se convirtió en el primero en declarar tal norma aplicándola a todos los trabajadores, sin excepción.

Pero, ¿qué pasó con Henry Ford?

Henry Ford junto al Modelo T
Henry Ford junto al Modelo T

La confusión que vincula el origen de la jornada laboral a Henry Ford es, en realidad, un tema de popularidad (y sí, algo de marketing también).

En 1908 en Ford Motor Company el reto era comercializar el Modelo T, un carro que iría destinado a las masas por lo que, tal como lo habrás imaginado, era más barato. Aunque en comparación a los autos de la competencia este auto era inicialmente unos doscientos dólares más caro, lo que realmente lo diferenciaba del resto era que este simplificaba la conducción, por lo que no se necesitaba tener un chofer o ser un genio al volante para manejarlo.

En 1913, el trabajo en la empresa de ford era bastante eficiente y, además, tenía una tasa de rotación de trabajadores altísima, la cual era de 370%. En ese año, a pesar de las grandes ganancias de la compañía, esta no podía mantener a sus trabajadores, quienes ganaban $2,30 dólares al día por un turno de nueve horas laborales.

Por esto, en 1914 a Ford se le ocurre una idea: anunció que sus trabajadores ganarían hasta $5 al día (lo cual dependería de un sistema de participación) y trabajarían en turnos de ocho horas. Este incentivo hizo que los trabajadores se esforzaran más por participar en distintas actividades, lo que aumentó la productividad de la empresa, y debido a la gran receptividad que tenían estas medidas, hizo que otras compañías se sintieran presionadas y también aplicaran este modelo de trabajo.

Y el Modelo T también se benefició como consecuencia de esta medida. Debido al aumento de la productividad, la compañía obtenía más resultados en menos tiempo, lo que significaba que se producían más automóviles y, por lo tanto, se podían abaratar los costos de los mismos. Así, el famoso Modelo T, que se lanzó al mercado con un costo de $850, para 1915 se vendía a un módico precio de $360, casi $200 por debajo de la competencia.

En fin, a pesar de la confusión acerca del origen de la jornada laboral, la verdad es que su implementación trajo como consecuencia una mayor eficiencia en los trabajos en general, así que no queda más que agradecer por su existencia y recordar que las horas de descanso son tan o más importantes que las horas de arduo trabajo.